OPINIÓN

Jorge Enrique Vélez

Tu cédula es el arma más poderosa para salvar la democracia

No podemos permitir que se repita la historia del 8 de marzo, cuando la abstención superó el 50 %. Si logramos que esa mayoría silenciosa salga de sus casas, derrotaremos los ríos de dinero y la presión armada del oficialismo.
15 de abril de 2026, 12:13 p. m.

Como denuncié previamente en el programa Nos cogió la noche, de Cosmovisión, el análisis de los resultados electorales tras el 8 de marzo confirma las advertencias de la MOE. En los 137 municipios señalados por riesgos de falta de transparencia, se evidenció un patrón alarmante: el Pacto Histórico fue el principal beneficiado, obteniendo allí el 52 % de su votación total al Congreso (más de 2 millones de votos) y liderando el escrutinio en 59 de ellos.

Esto no es coincidencia. Es el resultado de una inversión de 31 billones de pesos destinados a organizaciones populares e indígenas en esas mismas zonas. A este factor económico se suma la presión armada; en estos territorios coinciden la estrategia de paz total con la presencia de disidencias de las Farc, el ELN y bandas criminales.

Hoy, estos grupos cuentan con más efectivos que antes del proceso de paz anterior. Bajo el disfraz de diálogos de paz, se ha gestado una alianza que pone en riesgo nuestra democracia y entrega el control territorial a organizaciones narcocriminales.

En mayo se llevará a cabo la primera vuelta presidencial, en la que las encuestas posicionan a Iván Cepeda como el candidato del oficialismo. Cepeda, artífice de la estrategia para consolidar el poder junto a los aliados de la paz total, cuenta con una base de votos ya probada en los 137 municipios cuestionados durante las elecciones al Congreso.

El plan para asegurar su victoria es claro: expandir dicha influencia a más regiones utilizando recursos públicos derivados de los decretos de emergencia económica. Esta táctica incluye el aumento salarial a las fuerzas militares para captar el voto de sus familias, el uso masivo de contratos de prestación de servicios y la distribución de subsidios en todo el país.

El objetivo final es garantizar la continuidad del proyecto de Gustavo Petro a través de un sucesor con un perfil considerablemente más radical.

No podemos permitirnos ser tontos útiles y dejar que se repitan las irregularidades de marzo; la transparencia electoral debe ser nuestra prioridad. Ante este panorama, existen dos rutas de acción lideradas por la oposición:

Paloma Valencia: Solicitó formalmente el acompañamiento y la supervisión de la ONU, la Corte Interamericana de Derechos Humanos y el Departamento de Estado del gobierno de Donald Trump. Su objetivo es garantizar elecciones libres ante la presión de grupos armados que, bajo la estrategia de la paz total, buscan favorecer la candidatura de Iván Cepeda, tal como ocurrió en los comicios al Congreso.

Abelardo de la Espriella: Denunció ser víctima de persecución política, “sicariato digital” y perfilamiento mediante el uso indebido de instituciones estatales. El candidato elevará estas denuncias ante organismos internacionales, la Unión Europea y el Gobierno estadounidense, exigiendo garantías de seguridad para los líderes de oposición.

La alternativa más importante que tenemos como ciudadanos es el voto masivo. Debemos salir a las urnas para derrotar al candidato del Gobierno y a los aliados de la “falsa paz total”. Es momento de despertar a ese 50 % de colombianos que históricamente no votan; debemos convencer a familias, amigos y compañeros de que nuestra democracia está en riesgo de desaparecer.

Los resultados de este gobierno son devastadores: la seguridad está destruida. En los últimos cuatro años, los grupos ilegales sumaron 27.000 nuevos combatientes (un promedio de 5.000 por año), aumentando la violencia en el 60 % de los municipios y llevando la producción de cocaína a niveles históricos.

A esto se suma una economía frágil con una deuda pública que ya alcanza el 71 % del PIB. No podemos permitir que se repita el fraude de marzo.

La cédula de ciudadanía es nuestra única herramienta para cambiar el rumbo de la historia, es el único instrumento pacífico, legal y poderoso que tenemos para cambiar el rumbo de Colombia. No existe estrategia más efectiva que salir masivamente a votar este 31 de mayo en primera vuelta y el 21 de junio en la segunda. El éxito o el fracaso de nuestra democracia dependen exclusivamente de nosotros.

No podemos permitir que se repita la historia del 8 de marzo, cuando la abstención superó el 50 %. Si logramos que esa mayoría silenciosa salga de sus casas, derrotaremos los ríos de dinero y la presión armada del oficialismo. El verdadero peligro es que nosotros mismos, los opositores, nos convirtamos en enemigos de la democracia por culpa de la división.

Iván Cepeda y Gustavo Petro han logrado fracturarnos, poniéndonos a pelear entre seguidores de las campañas con mayor opción. No importa si tu preferencia es Paloma Valencia o Abelardo de lLa Espriella, ambos representan un cambio real.

Necesitamos un pacto de no agresión: si dejamos de atacarnos, permitiremos que ambas campañas crezcan y, por qué no, que se enfrenten entre ellas en segunda vuelta. Derrotar a Cepeda el 31 de mayo es derrotar una dictadura que solo busca imponernos una constituyente.