OPINIÓN

Brigadier general (r) Pablo Federico Przychodny Jaramillo

El candidato heredero

Realmente me sorprendió, y sé que a muchos colombianos también.
14 de abril de 2026, 2:34 p. m.

Nuestro país está entrando a la recta final de las campañas para elegir al presidente de los colombianos, para el periodo 2026-2030; el péndulo electoral se balancea entre los extremos políticos, dejando en su recorrido a casi una decena de candidatos que hoy hacen su mejor esfuerzo para incrementar un capital electoral con el cual puedan tener alguna fuerza de negociación después de la primera vuelta y acomodarse en algún lugar rentable. De los tantos que ofrece la amplia burocracia estatal que ha crecido en este gobierno. Mientras llega ese momento, las fichas en el Senado y en la Cámara, quemadas o no, se mueven rápidamente en forma de alianzas y de adhesiones públicas, para tratar de “pegarle al premio mayor” con el candidato que gane en la segunda vuelta.

Realmente me sorprendió, sé que a muchos colombianos también, que el candidato de la izquierda, escogido en la consulta interna, fuera el senador Iván Cepeda Castro, imponiéndose a personajes de más reconocimiento público como Daniel Quintero y Carolina Corcho. Siempre pensé que el candidato heredero sería Roy Barreras; incluso alcancé a contemplar en esa aspiración a la senadora María José Pizarro. El hoy heredero del petrismo, realmente, no había sido un actor político fuerte, pues siempre ha jugado parapetado detrás de su investidura de defensor de derechos humanos, usualmente a favor de quienes, de una u otra manera, han enfrentado al Estado. En su trabajo legislativo de 16 años, ha presentado pocas iniciativas como autor y, así como en sus libros, otras en calidad de coautor. Aunque se le debe reconocer su aparente buena intención en sus esfuerzos en el tema de la paz, su mayor logro político ha sido el haber arrinconado judicialmente al señor Álvaro Uribe Vélez, con el que ha confrontado durante décadas, desde el púlpito del Congreso, y tal vez es eso lo que le dio la resonancia necesaria para lograr algo más del 64 % de los votos en la consulta de la izquierda.

Es de destacar que, pese a que Iván Cepeda Castro ocupó por muchos años una curul justo detrás de la de Gustavo Petro (senador), la relación entre ellos no es la mejor y muchos pensamos que no existe ningún nivel de efecto en ella, así el candidato haya declarado públicamente su amistad de casi 40 años con el presidente y hoy sea el elegido de la colectividad para continuar con el proyecto político del cambio. La verdad es que el resultado de la consulta no dejó satisfechos a muchos miembros de la colectividad, pero se han ‘tragado los sapos’ para mostrar la unidad ideológica de un partido que hace enormes esfuerzos por no desintegrarse, en momentos en los que atraviesa una crisis interna como la ocurrida en la Colombia Humana y en el Polo Democrático en su momento, dado los muchos y graves errores cometidos por el gobierno. De no quedar electo Iván Cepeda, el Pacto Histórico sufrirá una implosión, producto de esos desacuerdos que hoy callan y aguantan. Las fotos de Cepeda con Petro juntos son realmente escasas y no me acuerdo de haberlos visto compartiendo en una tarima o en otro evento fuera del recinto del Congreso.

Entre Iván Cepeda y Gustavo Petro hay diferencias enormes que hacen que el presidente mire con mucha cautela el rumbo que podría tomar el llamado progresismo, nombre dado a la figura política con la cual disfrazan la intención de transformar la democracia colombiana. Las distancias comienzan por la formación ideológica, pues Petro es un marxista asimilado, reclutado por su simpatía con el movimiento M-19 desde su adolescencia, mientras que Cepeda es comunista radical, formado en su hogar desde sus primeros años, con sus padres, Manuel Cepeda Vargas y Yira Castro, miembros activos del Partido Comunista, y reforzado durante su niñez con los tiempos vividos durante su exilio en Checoslovaquia y en Cuba, además de la formación profesional recibida en Bulgaria durante la dictadura comunista de Todor Zhivkov.

En algunos escenarios, se sostiene que el pensamiento de Cepeda es estalinista y en verdad podría serlo, pues su método también guarda diferencias enormes con el mandatario de los colombianos. Petro es un hombre impulsivo, a veces explosivo, de ideas dispersas y conceptos difusos, que no obedece a un libreto, pero que sabe qué decir, cómo decirlo, que usa la controversia como mecanismo para mantener el interés de su audiencia, de allí su lineal popularidad. Por su parte, Cepeda es metódico, reservado y calculador; en la práctica no tiene muchos seguidores propios y el porcentaje que muestran las encuestas son simpatías prestadas del petrismo que siguen el camino que les ha mostrado el presidente. Cepeda sigue un rígido libreto para sus no muy elaborados discursos; busca no cometer errores y no salirse del texto que está concebido en el “proyecto del cambio”, por ello es renuente al debate público, pues ese escenario lo extrae de su zona de seguridad. Cepeda tiene sus propias ideas y su forma particular de ver al país; por lo que hay que prestar más atención a lo que calla que a lo que dice.

Lo común entre Gustavo Petro y su candidato heredero, así sea en apariencia, es la línea discursiva que maneja Cepeda, la cual es la misma que siguió el hoy mandatario para llegar a la presidencia. El candidato heredero se aferra a un discurso basado en las denuncias de corrupción y de paramilitarismo, en la idea de un país empobrecido, desigual, con una enorme deuda histórica con el pueblo y en la promesa de cambio. La estrategia de nombrar a la senadora Aida Quilcué como fórmula vicepresidencial, tal como en su momento lo hizo Petro con Francia Márquez, sigue la misma intención de asegurar los votos de las comunidades del Cauca y del Huila, además de tender un puente con los cabecillas de las estructuras armadas que controlan las zonas rurales, quienes también votan y obligan a votar.

El proceso de “cambio” lleva cuatro años y se ha sostenido pese a todos los desaciertos cometidos, pero que hoy son justificados, hasta aceptados por sus seguidores, con el argumento de que existe un bloqueo institucional y con ello no han dejado gobernar a Petro. Ese mismo argumento es el que le da fuerza a Iván Cepeda en la plaza pública para anunciar la necesidad de convocar a una asamblea nacional constituyente, con la cual desmontar todas las estructuras judiciales y constitucionales que dan peso a unas garantías democráticas, fundadas en la separación de poderes. La propuesta del candidato heredero de eliminar el control y la vigilancia mutua, la protección de los derechos individuales y la integridad del Estado de derecho, sin lugar a dudas, es un peligro inminente para la patria.

Mis preocupaciones ante este escenario político, para las elecciones de este año, son mayores que las que tuve en las pasadas. El fenómeno aglutinante del populismo aplicado por Petro, que tiene obnubilada a una parte importante de la nación, algo así como el 39 % de los electores, que no dimensionan los efectos a mediano y largo plazo de la forma en que su gobierno ha manejado las finanzas del Estado y otras medidas, que ha minado la capacidad financiera para sostener los sueldos incrementados, los bonos pensionales y la cantidad de subsidios que se están desembolsando en este año electoral, además de restar recursos para afrontar la creciente crisis de la salud y la cada vez mayor carencia de inversión estratégica en todos los sectores, mientras la deuda pública acumulada alcanza un alarmante nivel histórico.

El hacer del Gobierno, el mayor empleador del país, para mostrar estadísticas de reducción del desempleo y de la pobreza, mientras la empresa privada colapsa, haciendo que muchos colombianos sean empujados a la informalidad. En este mismo sentido, se gastan enormes cantidades de dinero en eventos y medios con abiertas intenciones proselitistas, sin asomo de vergüenza por la falta de austeridad en el gasto público.

Los seguidores de Petro, hoy prestados al candidato heredero, argumentan que en estos cuatro años no nos volvimos como Venezuela, pero no tienen claro el porqué aún no; llegar a serlo es solo cuestión de tiempo. Creo profundamente en la generosidad de la democracia, en la libertad de elegir a nuestros gobernantes y, por ello, contemplar la opción de que no podamos hacerlo en un futuro, realmente asusta. Mis abuelos decían: “Pan para hoy y hambre para mañana”, advirtiendo sobre los efectos de tomar decisiones para satisfacer algo sin ningún criterio responsable, sin previsión y sin soluciones sostenibles a largo plazo. Cuatro años en esta misma dirección serán una gran tragedia nacional.