Para un líder, aprender a captar este estado de reposo mental es una habilidad esencial. Es ahí donde puede activar no solo su razón, sino también su intuición.

Opinión

Salud mental: la luz que podemos encender en la oscuridad

Encontrar luz y esperanza se convierte en un acto de valentía y autocuidado que permite aprender a navegar el caos, reconectar con uno mismo y transformar la incertidumbre en fuerza.

Por: Yukari Sawaki
27 de agosto de 2025

Navegar en un océano donde confluyen tormentas, ciclones y corrientes parece ser la metáfora perfecta de la realidad que vivimos. En medio de un ritmo vertiginoso, en el que todo cambia y lo hace al mismo tiempo, emergen emociones que quizá nunca habíamos sentido con tanta intensidad: miedo, tristeza, ansiedad, confusión. Esos sentimientos, lejos de ser enemigos, nos recuerdan que seguimos siendo humanos.

En este panorama, es normal sentir que la luz se apaga y quedarnos en completa oscuridad. ¿Qué hacer cuando nos perdemos en esa sombra? Lo primero es reconocer que transitamos una curva de aprendizaje que va desde la incertidumbre y el dolor, hasta la aceptación y la reconexión. Aunque hoy parezca imposible, podemos llegar a ese punto donde recuperamos el entusiasmo y la esperanza.

La salud mental no significa resistir a toda costa ni aparentar fortaleza. Se trata de hacernos cargo de nuestro cuerpo y de nuestra mente para transformarnos en medio del caos. Para lograrlo, hay caminos concretos. Cuidar lo vital es uno de ellos: alimentarnos bien, dormir lo suficiente, mantenernos hidratados, mover el cuerpo y dedicar tiempo a lo que amamos. La ciencia lo confirma: el bienestar es la base de todo lo demás. No hacen falta grandes cambios, sino pequeños actos que nos fortalecen día a día.

También debemos prestar atención a nuestros pensamientos. En medio de la turbulencia, es fácil hundirse en ideas catastróficas. Por eso conviene detenerse, reconocer talentos, recordar lo que nos ha sostenido en el pasado y elegir cómo moldear nuestra realidad. No se trata de negar lo difícil, sino de darle un nuevo significado.

Las decisiones, en momentos de temor, también requieren cuidado. La ansiedad puede nublar el juicio y empujarnos a actuar por impulso. Aprender a respirar, crear un espacio entre el impulso y la acción, nos permite tomar acción con más sabiduría. El mundo parece correr, pero nuestra vida no tiene por qué ir al mismo ritmo.

El propósito, además, es un faro en medio de las adversidades. Como lo recordaba Viktor Frankl, tener un “porqué” nos permite soportar casi cualquier “cómo”. El sentido de la vida puede reinventarse, pero es lo que sostiene cuando todo lo demás parece derrumbarse.

En ese camino, las relaciones son determinantes. Hay personas que son refugio y otras que pueden convertirse en cargas. Necesitamos estar cerca de quienes nos escuchan sin juzgar y apoyan sin exigirnos fortaleza constante, y también aprender a poner límites a quienes drenan nuestra energía. Un abrazo sincero o una palabra oportuna pueden ser anclas en medio de la tormenta.

Y nunca olvidemos que pedir ayuda es un salvavidas. No hay que esperar a que todo se derrumbe para alzar la mano. Hablar con alguien de confianza abre perspectivas nuevas y, a veces, basta para recordarnos que no estamos solos.

La salud mental no exige perfección, sino apertura a reconfigurarnos en medio de la crisis, incluso cuando la incertidumbre sacude con fuerza. A veces todo lo que necesitamos es un respiro, una voz amiga o simplemente recordar que nuestra luz nunca se apagó, solo esperaba que la volviéramos a encender.

En el fondo, lo que importa no es la adversidad que enfrentamos, sino el brillo que decidimos alimentar. Incluso bajo la lluvia más intensa, podemos elegir ser la persona que se levanta, que se cuida y que sigue amando. ¿Qué persona eliges ser?

Yukari Sawaki, Gerente DOH Negocio Cárnicos de Nutresa