Mujeres mentoras
En el coaching, ellas son cabeza de león
El mundo es testigo del aumento vertiginoso del coaching empresarial. Un estudio de la International Coaching Federation demuestra un incremento pronunciado en el porcentaje de mujeres que ejercen este oficio en el mundo. Su poder: la inteligencia emocional.

El diccionario Collins nombró ‘permacrisis’ como su palabra de 2022. Una expresión que, a casi dos años del inicio de la pandemia del covid-19, sintetizaba el entorno que navegaban las empresas en ese entonces: “Un periodo extendido de inestabilidad e inseguridad”. Un término que, a hoy, parece haberse instaurado en esta ‘nueva normalidad’ de transformaciones vertiginosas y desafíos globales. De hecho, según la firma PricewaterhouseCoopers (PwC) en su reporte Global Crisis and Resilience Survey, de 2023, el 96 por ciento de las organizaciones afirmaban haber sufrido disrupciones significativas y el 89 de los líderes identificaba la resiliencia organizacional como una importante prioridad estratégica.
Nuevos desafíos han llevado a las empresas a encontrar nuevas herramientas y mecanismos de adaptación, entre los que el coaching ejecutivo o empresarial se ha perfilado como una respuesta por su enfoque en el desarrollo de habilidades blandas.
El estudio global realizado en 2023 por la International Coaching Federation (ICF), organización que ha liderado los estándares del sector por más de 30 años, demuestra el incremento de esta ocupación en solo tres años. Entre 2019 y 2022, hubo un aumento del 54 por ciento en el número global de coaches activos para llegar a 109.200, de los cuales el 67 por ciento identifica el campo organizacional como su principal enfoque de trabajo.
En palabras de Ana Karina Marín, mentora empresarial e individual con tres décadas de experiencia en el sector, “los coaches acompañan con un proceso estructurado de conversación y reflexión facilitando que los coachees identifiquen, fortalezcan o mejoren sus habilidades ayudándolos a identificar herramientas para hacerlo desde el entendimiento consciente y la práctica cotidiana. El coaching reconoce que cada persona tiene los recursos propios para hacerlo”.
Con esto concuerdan los cálculos de la ICF, que reflejan un 70 por ciento de incremento en desempeño individual en las empresas, 50 por ciento en el de equipos y 48 por ciento en el organizacional general cuando se acude a servicios de coaching especializado. Incluso, un estudio de la firma Metrix Global, cuantificó en el 788 por ciento el retorno de la inversión que hacen las compañías en estas capacitaciones.
Para Arturo Mejía, vicepresidente de Growth en Prestigio y antiguo vicepresidente de Recursos Humanos en Alpina, quien, luego de desempeñar su carrera en áreas de legales y de talento, decidió formarse como coach y speaker, la evolución del coaching se ha reflejado, sobre todo, en un cambio de mentalidad. “Hay mayor conciencia, no solo desde las organizaciones sino desde los ejecutivos, de la necesidad de trabajar en dos aspectos: el frente técnico, que es el hacer, pero también hay un componente muy importante en el ser, la persona detrás del rol con sus retos, dificultades y la vulnerabilidad que todos tenemos”, agrega.
Un entorno liderado por mujeres
En perfiles demográficos, el estudio de la ICF demuestra un incremento particularmente pronunciado en el porcentaje de mujeres que ejercen el coaching. En 2015 se trataba del 67 por ciento, pero en 2022 ya la cifra ascendía al 72 por ciento. Igualmente, en la contraparte, son también la mayoría de las clientas de estos servicios, con un 58 por ciento.
Para Mejía, la preponderancia femenina en estos espacios tiene que ver con una mayor apertura: “Las mujeres son mucho más vocales que los hombres y lo expresan de manera clara. Son capaces de asumir que necesitan ayuda y quieren ser escuchadas”, dice. En contraste, menciona que para muchos hombres, asumir que se necesita apoyo puede ser visto como una muestra de debilidad emocional con consecuencias negativas para su posición.
En la misma línea, Marín percibe que “quizás las mujeres tienen mayor sensibilidad y disposición al autoconocimiento e identifican en estas herramientas una oportunidad genuina de aportar y cuentan con habilidades relacionales como la comunicación, generando una mayor conexión y empatía con los coachees”.
De hecho, las habilidades blandas o power skills son reconocidas como una ventaja competitiva de las líderes. Ya en 2016, una encuesta de la consultora Hay Group evidenciaba que las mujeres superan a los hombres en 11 de 12 aristas de la inteligencia emocional, incluyendo empatía, manejo de conflictos, flexibilidad y trabajo en equipo.
La importancia de hacer ‘match’
Un aumento en la oferta de coaching implica también un trabajo más cuidadoso de selección por parte de ejecutivos y empresas para encontrar la mentoría que se adapte mejor a sus necesidades. El estudio de PwC identificaba frentes muy diversos de acción dentro de las necesidades empresariales para responder a entornos cambiantes, todos ellos con la experiencia humana en el centro: proteger a las personas, comunicar de forma efectiva, mantener la continuidad en el trabajo, evaluar los costos de la fuerza laboral y prepararse para la recuperación.
Para Marín, que también se desempeñó como vicepresidente de personas en Telefónica Movistar Chile, es clave asegurar que el coach tenga la formación y certificación correspondiente (algo que verifican entes como la ICF) e igualmente un recorrido en el campo ejecutivo: “Experiencia empresarial en procesos similares a los que la empresa esté necesitando, valorando los casos de éxito que haya tenido”, agrega.
Con este último pilar coincide Mejía, que habla también desde su experiencia empre-
sarial cuando realiza mentorías: “Hay que saber el perfil del coach y conocer muy bien su trayectoria, ojalá que sea alguien que también haya tenido experiencia empresarial”.