Opinión
El privilegio de servir vs. la postergación como evasión
El arte de servir enriquece tanto a quien da como a quien recibe. No depende de la abundancia material, sino de un deseo genuino de contribuir y se basa en la acción desinteresada. Herramientas y técnicas de una Trainer Coach con Programación Neurolingüística para distinguir entre apoyar a alguien y entorpecer su proceso de desarrollo personal.

Servir no es un deber, sino un privilegio que enriquece tu vida y eleva tu espíritu. Aunque muchas personas tienen la intención de servir, es común escuchar frases como “cuando gane la lotería, voy a donar” o “cuando tenga un buen trabajo, empezaré a ayudar a otros”. Este temor a la insuficiencia (más dinero, más poder, más tiempo) lleva a muchas personas a postergar su deseo de contribuir, condicionando su generosidad a una futura abundancia material. No obstante, la verdadera generosidad no depende de la riqueza. Un deseo auténtico de ayudar puede manifestarse por medio de pequeños actos de bondad, que pueden tener un impacto significativo.
A lo largo de más de diez años dedicados al servicio, he fortalecido mi postura de respeto profundo por esta labor. He aprendido que, para apoyar a los demás, lo único que se necesita es un deseo ferviente. Con el tiempo, ese deseo puede nutrirse de conocimiento y excelencia.
Mi encuentro con la labor social fue muy paradójico y quiero destacar dos momentos clave:
El primero: cuando era niña, veía a mi madre servir a una gran comunidad, sin comprender por qué era tan importante para ella. De hecho, a veces la juzgaba por dedicar su tiempo a los demás cuando, en casa, nos faltaba apoyo. Hoy no solo la entiendo, sino que la honro y le agradezco haberme transmitido ese deseo genuino de contribuir a la vida de otros.
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El segundo: cuando fui diagnosticada con cáncer, comprendí que mi dolor era el de muchas personas. Sentí un deseo profundo de ser un apoyo para todos, por lo que comencé a ver las necesidades de los demás y me dediqué a dar lo mejor de mí para ayudarlos a enfrentarlas.
Así como les cuento, mis queridos lectores…
En el momento más difícil de mi vida inicié este adorado camino. Ni siquiera mi familia comprendía cómo, a pesar del dolor físico y emocional, mi mente estaba enfocada en los demás.
Estas cortas líneas personales, solo como demostración y ánimo para validar que el momento de servir es ya, es hoy, es el momento de ver lo mucho que puedes dar y que no es necesario lograr un estatus para hacerlo. El servicio real y de corazón es la forma más hermosa de bendecir tu vida y la de los tuyos, dando importancia a hacerlo con sabiduría e integridad.
Existe una delgada línea entre apoyar a alguien y entorpecer su proceso de desarrollo personal. A veces, al resolver problemas que otros pueden afrontar por sí mismos, les impedimos descubrir su propio potencial. Esto fue algo que me llevó años de estudio, práctica y reflexión para poder comprenderlo.
¿Cómo es posible, ósea ayudo o no ayudo? Era lo que siempre venía a mi cabeza y es posible que tú también te lo preguntes en algunos momentos. Por eso me permito compartir las reflexiones personales desde mi profesión, la Programación Neurolingüística y desde mi conexión espiritual, que me han permitido resignificar el servicio.
Ayudar: Es una acción directa para resolver algo, apoyar es brindar respaldo, acompañar a las personas para que ellos mismos mejores su calidad de vida.
Resolver: Cuando tú resuelves un reto que le corresponde a alguien más, puedes estar entorpeciendo su proceso de aprendizaje, tal vez, llegando a evitar que descubra su verdadero potencial.
Servir desinteresadamente: has escuchado frases como “Tanto que lo ayude y mira como me paga” o “todo lo que le ayude y ni las gracias me dio”, estos comentarios son de personas que consciente o inconscientemente si esperan un beneficio a cambio. Por supuesto que el agradecimiento es hermoso, sin embargo, cuando se sirve con verdadero desinterés es suficiente con la satisfacción personal.
Brinda oportunidades y herramientas: si bien hay personas que por su condición o estado de salud no les es posible trabajar y realmente necesitan una asistencia, a la mayoría, lo que más valor les agrega es el “darse cuenta” de sus capacidades y sus recursos.
El valor de la presencia: Qué gran tranquilidad da saber que se cuenta con alguien, con atención plena, tiempo y deseo aportar en el momento que se requiera.
No necesitas ser héroe o un filántropo: la generosidad puede llegar a ser una forma de vida sencilla y genuina, desde tu ser. Como se dice: “El privilegio de servir nos conecta con nuestra humanidad y nos hace más compasivos”, así dejamos huellas imborrables. Porque, al final, “la verdadera riqueza se mide por el impacto positivo que generas en tu entorno”.
Marisol Pabón, Top 10 Colombia Trainer Coach con PNL y presidenta de Women Economic Forum Colombia LATAM 2025.