Semana Sostenible

Unir fuerzas por el agua: la acción colectiva que está transformando la seguridad hídrica en Bogotá y la región central

Con más de 10.000 hectáreas preservadas y 25.000 familias beneficiadas en cuatro años, el Fondo de Agua de Bogotá-Región muestra cómo la acción colectiva es crucial para garantizar agua de aquí al 2050.

28 de agosto de 2025, 3:37 p. m.
Fondo de Agua Bogotá - Región 2
La Corporación Agua Somos —Fondo de Agua de Bogotá-Región Central— se consolida como una de las plataformas más influyentes para garantizar la seguridad hídrica de largo plazo en la región central del país. | Foto: Corporación AGUA SOMOS

En agosto, durante la conmemoración de la Semana Mundial del Agua y tras un año en el que Bogotá enfrentó racionamientos históricos del vital líquido, la Corporación Agua Somos —Fondo de Agua de Bogotá-Región Central— se consolida como una de las plataformas más influyentes para garantizar la seguridad hídrica de largo plazo en la región central.

Solo en 2024, sus proyectos intervinieron más de 4.000 hectáreas de ecosistemas estratégicos, beneficiaron directamente a 158 familias campesinas y pusieron en marcha iniciativas innovadoras como la plataforma de monitoreo OASIS. Desde su origen, el Fondo ha articulado comunidades, empresas, gobiernos y academia para proteger páramos, bosques y fuentes abastecedoras, entendiendo que la gestión del agua no depende de esfuerzos aislados, sino de la acción colectiva.

Andrea Yáñez Ariza, directora ejecutiva de la entidad, explicó el origen de la iniciativa, su impacto, los desafíos que enfrenta y la oportunidad que el sector privado tiene invirtiendo en capital natural y social, como estrategia de largo plazo en sus cuencas de interés.

¿Cómo nació AGUA SOMOS, el Fondo de Agua de Bogotá-Región?

Andrea Yáñez (A.Y.):

Esta iniciativa no surge de la nada ni es aislada. Hace 25 años, grandes aliados como el Banco Interamericano de Desarrollo, The Nature Conservancy, la Fundación FEMSA y otros actores internacionales comprendieron que era necesario unir más esfuerzos para enfrentar los crecientes riesgos de escasez hídrica en América Latina y que la acción colectiva debía ser inmediata. También entendieron que la inversión en infraestructura gris no era suficiente: había que complementarla con infraestructura verde, es decir, invertir en la protección y restauración de ecosistemas como páramos, bosques y humedales para garantizar la seguridad hídrica.

FONDO DE AGUA - Cumbre de Sostenibilidad - SEMANA Sostenible
Andrea Yánez, directora del Fondo de Agua de Bogotá - Región. | Foto: JUAN CARLOS SIERRA PARDO-SEMANA

El primer fondo nació en Quito, Ecuador, con un modelo ejemplar de gobernanza y financiación. Hoy existen 26 fondos de agua en 11 países de América Latina, articulados bajo la Alianza Latinoamericana de Fondos de Agua. Bogotá se gestó desde 2014, y activó motores plenamente en 2021. Yo llegué desde un fondo regional para liderar ese arranque del fondo de agua de Bogotá, que es uno de los tres fondos capitales de la región andina y, desde entonces, trabajamos para consolidar esta plataforma de acción colectiva.

Bogotá cuenta con instituciones sólidas en la gestión del agua. ¿Por qué aún necesitaba un fondo de agua?

A.Y.: No todos los territorios requieren un fondo, pero Bogotá sí tenía una oportunidad singular: consolidar y ampliar la articulación las acciones aisladas de muchos actores y el agua como eje. Las instituciones públicas tienen roles claros y sólidos, pero sus inversiones muchas veces se ven limitadas por los tiempos de los planes de gobierno. Ahí es donde entra el Fondo: alineamos las metas de empresas privadas con los planes públicos para que las inversiones tengan coherencia y, sobre todo, continuidad en el tiempo.

Trabajamos como una plataforma que une sector público, privado, academia y comunidades. No duplicamos funciones, sino que generamos confianza, articulamos y logramos que el capital privado se sume de forma estratégica y medible a la gestión del agua.

¿Qué funciones cumple el Fondo y qué lo diferencia de otras entidades que trabajan por el agua?

A.Y.: Nuestra función principal es facilitar la acción colectiva sin protagonismos. Estructuramos mecanismos de participación empresarial basados en ciencia y análisis de riesgo, para que las inversiones sean inteligentes, medibles y alineadas con los objetivos del territorio.

Tenemos gran capacidad de adaptación y de escucha. Nuestro portafolio no es estático: se ajusta constantemente a los cambios del clima, la tecnología y las necesidades del territorio. Actuamos como un “coach” técnico neutral que acompaña, conecta y da rigor científico a las decisiones, sin imponer una visión única.

Uno de los ejes centrales de su gestión ha sido el Plan de Seguridad Hídrica. ¿En qué consiste y cómo lo han convertido en acciones reales?

A.Y.: Este plan fue liderado por la RAP-E Región Central, y nosotros lo coestructuramos para pasar de un documento estratégico a un plan de acción concreto. Tiene tres líneas clave: protección y restauración de ecosistemas, uso eficiente y responsable del agua, y fortalecimiento de la gobernanza multisectorial.

EMBALSE DE TOMINE
La labor del Fondo no se limita a la cuenca del río Bogotá: abarca también Huila, Tolima, Meta, Boyacá y Cundinamarca. / En la imagen: Embalse de Tominé. | Foto: León Darío Peláez

Durante año y medio trabajamos con gobernaciones, alcaldías, instituciones publicas, comunidades y empresas para definir una hoja de ruta operativa. No se limita a la cuenca del río Bogotá: abarca también Huila, Tolima, Meta, Boyacá y Cundinamarca. Es una apuesta de largo plazo que permite que todos los actores “se suban al bus” con metas claras y medibles.

¿Qué resultados concretos han alcanzado en términos de conservación y restauración?

A.Y.: Somos un fondo joven, pero en cuatro años hemos logrado en conjunto con las autoridad ambiental CAR, la gobernación de Cundinamarca, sector privado y mas de 15 alcaldías municipales preservar 10.000 hectáreas de bosque altoandino y restaurar 500 más en zonas estratégicas como La Calera, Sesquilé, Guatavita, Villapinzón, Tocancipá y Suesca. Beneficiamos directamente a más de 25.000 familias en cuencas abastecedoras y, por cada hectárea conservada, medimos el volumen de agua regulada.

Corporación Agua Somos
Desde su origen, el Fondo ha articulado comunidades, empresas, gobiernos y academia para proteger páramos, bosques y fuentes abastecedoras de agua. | Foto: Carlos Saavedra / Corporación Agua Somos

Para que se entienda: 500 hectáreas conservadas equivalen aproximadamente a 150 piscinas olímpicas de agua en un año. Nuestro reto es enorme: queremos aportar entre 70.000 y 100.000 hectáreas conservadas en 10 años, pero es una meta ambiciosa y alcanzable si mantenemos el ritmo y el apoyo de todos los sectores.

Hablemos de OASIS, su plataforma de monitoreo. ¿Qué la hace innovadora?

A.Y.: OASIS es una herramienta sencilla pero poderosa. Recoge datos en tiempo real sobre los beneficios ecológicos de nuestras acciones, con participación directa de las comunidades. Ellas son nuestros ojos y manos en el territorio: agricultores, comunidades indígenas y líderes locales que reportan cambios, impactos y posibles alertas.

En una segunda fase, queremos que también sirva como sistema de alertas tempranas interconectado con el IDEAM, la CAR y las gobernaciones. Además, tiene un componente de género muy fuerte: entre el 76 % y el 80 % del equipo comunitario son mujeres, lo que ha fortalecido la calidad y la continuidad de la información.

En medio de esta coyuntura, ¿qué mensaje le daría al sector privado?

A.Y.: Les diría que el capital natural es su activo más valioso, aunque muchas veces sea invisible en el balance financiero. Invertir en agua no es filantropía: es estrategia, gestión de riesgo y rentabilidad a largo plazo.

Las empresas grandes ya están liderando, pero necesitamos que las medianas y pequeñas también actúen. No tengan miedo de cometer errores: de ellos se aprende y se fortalecen las inversiones. Y, sobre todo, no confundan el valor estratégico del agua con su precio. El agua es como el aire: no puedes ponerle precio a un recurso vital.

¿Cuáles son los principales desafíos que enfrenta el Fondo y cómo piensan superarlos?

A.Y.: Tenemos tres grandes retos. El primero, sostener la articulación a largo plazo entre actores públicos y privados, cuyos tiempos y prioridades a veces no coinciden. Para ello, estamos diseñando mecanismos financieros estables.

El segundo, demostrar que es posible generar impactos visibles en corto tiempo, para ganar confianza y mantener el compromiso de los aliados. Y el tercero, consolidar la base científica de nuestros impactos con monitoreo riguroso en campo, en alianza con comunidades y expertos, en conjunto con la universidad de los Andes.

Si logramos que el sector privado siga motivado, que el sector público mantenga sus puertas abiertas y que las comunidades sean parte activa —no solo beneficiarias—, podremos cumplir nuestra meta de una Bogotá-Región con seguridad hídrica al 2050.