EL DEBATE
Johana Bahamón visitó la famosa cárcel Cecot, de Nayib Bukele, en El Salvador: ¿le gustó, o no, para su trabajo carcelario en Colombia?
La actriz, presidenta de la Fundación Acción Interna, muy reconocida en Colombia por su trabajo en las cárceles, habló con El Debate, de SEMANA.

SEMANA: Johana Bahamón, la reconocida actriz y activista colombiana que desde 2012 lidera una fundación que trabaja muy de cerca con las personas presas de la libertad en Colombia, estuvo justamente en las cárceles de El Salvador, las cárceles de Bukele, y vamos a conversar con ella. También hablaremos con Andrés Guzmán Caballero, el colombiano que trabaja con el presidente salvadoreño como comisionado presidencial de derechos humanos y de libertad de expresión. Johana, quiero darle la bienvenida y preguntarle: ¿cómo fue esa experiencia?
Johana Bahamón (J. B.): Iba con con muchas expectativas, con muchos sentimientos encontrados y uno ve desde afuera las cárceles de Bukele. Pero bueno, llegué, debo decirlo, con una mentalidad muy diferente.
Llegué llena de aprendizajes y realmente esto fue una experiencia muy enriquecedora, no solo para mí personalmente, sino también para nuestro trabajo de la Fundación Acción Interna, que llevamos 12 años trabajando con nuestra población carcelaria de Colombia, también con las personas que han recuperado su libertad y también con las familias. Y, bueno, creo que algo de lo más importante es que no todas las cárceles de El Salvador son el Cecot (Centro de Confinamiento del Terrorismo).
El Cecot es esta cárcel que vemos día a día en los medios de comunicación, que está en todos los videos, que vemos a todas estas personas en esta nueva cárcel que hizo Bukele. No son así todas las cárceles. Esa es una de las cárceles, que es para un objetivo específico, para una situación que tiene El Salvador en específico, que son las pandillas.
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Tuve también la oportunidad de conocer otras cárceles, las cárceles de mujeres, las cárceles de jóvenes, las cárceles de hombres que están por otros delitos, que no es por ser pandilleros, y realmente quedé gratamente sorprendida de la productividad. Y creo que en eso encontramos algo que sí teníamos en común y es que nosotros desde acá también trabajamos para que las cárceles sean centros productivos y no solamente centros de reclusión.
Y eso pude verlo allá. En estas hay un programa que se llama Plan Cero Ocio, en el que todas están trabajando en algo productivo, o están haciendo la comida para la cárcel, o están haciendo uniformes para los niños de las escuelas públicas, o están haciendo los pupitres; eso también me pareció de gran valor. Aparte de ser productivos, le están aportando a la sociedad.
Entonces, creo que eso es lo que más resalto de estos días que puede estar visitando las cárceles de allá y es la productividad y la forma en que las personas que están adentro de la cárcel están siendo productivas, no solo para ellas mismas, sino para la sociedad.
SEMANA: Andrés, ¿cuál es el balance que usted percibe de esta cárcel famosa en el mundo, criticada por muchos sectores, pero también reconocida como un centro penitenciario y de rehabilitación?
Andrés Guzmán Caballero (A. G. C.): Mire, la verdad es que el Cecot es una cárcel que tiene unas medidas extremas porque tiene unas personas privadas de la libertad extremas.
Como Johana lo explicaba, no todas las cárceles en El Salvador son como el Cecot, pero incluso en el Cecot las condiciones, en términos de derechos humanos, se cumplen todas; es decir, las personas tienen un trato digno, las personas tienen comida digna, las personas tienen un proceso de detención digno.
Entonces, en términos generales, en El Salvador hay varios sitios de detención; vimos absolutamente todo, incluso vimos las obras que se hacen con los niños, las obras de tejido social, los hijos de las personas que están privadas de la libertad cómo se tratan.
SEMANA: Johana, ¿cuál es esa gran diferencia que usted percibió entre las cárceles de Colombia y estas cárceles de Bukele?
J. B.: La productividad me pareció increíble. De hecho, cuando estaba llegando a la cárcel, a varias cárceles, siempre había personas con camisetas amarillas y eran personas privadas de la libertad que pueden salir a trabajar y aportarle a la sociedad.
Entonces vi a personas en las carreteras construyéndolas; también había personas que estaban apoyando a construir hospitales. También me llamó la atención, y lo digo yo siendo una visitante, pero pues uno puede lo percibir, y la corrupción adentro de la cárcel, no puedo decir que sea nula, no tengo tanto conocimiento, pero sí se nota que no hay corrupción.

Eso por un lado, y por otro lado, ver el orden y la disciplina que hay adentro y cómo todos están trabajando, pero no obligados. Tuve la oportunidad de hablar con las personas privadas de la libertad y en su semblante, en su cara, se les ve que están contentas haciendo lo que están haciendo.
Y también algo que me gustó muchísimo, y que ojalá lo pudiéramos replicar acá, es el tiempo que ellos descuentan. Acá en Colombia, por cada dos días que una persona trabaje o estudie se le descuenta un día de su condena. Allá es al contrario. Por cada día que trabajen se le descuenta dos días de su condena. Y aparte, todo ese trabajo en el Plan de Cero Ocio es a favor de la sociedad.
SEMANA: ¿Estuvo en la cárcel en el Cecot?
J. B.: Sí, y es es otra cosa, es diferente, es otro ambiente. Ahí no hacen actividades productivas, no los ponen a trabajar, están simplemente recluidos; o sea, realmente eso sí es un centro de reclusión, no un centro productivo como lo pude ver en otras.
Evidentemente es un centro de castigo. Ellos duermen con la luz prendida, no tienen actividades. Es un centro muy diferente a los otros. Permanentemente todo el mundo tiene acceso a estas imágenes y es algo que creo que es único.
He conocido muchas cárceles a nivel global, pero esta es muy particular, con unas situaciones diferentes. Yo creo, no estoy segura, pero creo que una cárcel así en nuestro país no podría ser porque no están en las mismas circunstancias ni en el mismo contexto.
Pero, evidentemente, sé lo que esto ha significado en El Salvador, sé las cifras que tiene El Salvador, sé los indicadores de violencia que tiene El Salvador y, bueno, eso también se reconoce.
SEMANA: Andrés, ¿cómo logran convencer al interno de que trabaje casi de forma voluntaria?
A. G. C.: Es un proceso. Lo vamos haciendo por fases. Hubo una primera fase que es de identificación de competencias de todos los privados de libertad, saber qué hacen en un sistema carcelario; hay personas que son profesionales, médicos, ingenieros..., pues hay personas que tienen muchas habilidades que ni siquiera ellos conocen.
Entonces, cuando usted comienza a trabajar en competencias y comienza a trabajar técnicamente esas competencias de esta población, pues comienza a hacer una segmentación de esta población. Y luego lo que hicimos fue, en una segunda fase, comenzar a organizar escuelas productivas.
Mire, yo le cuento, hay una universidad hoy allá, dentro de los centros penales de Juchitán de Zaragoza, que tiene más de 5.000 alumnos. Dentro del sistema completo hay 41.000 personas totalmente productivas y le voy a decir algo honesto: aquí no convencimos absolutamente a nadie.
Los privados de libertad se acercan a decirme que, por favor, les ayude a ingresar a los procesos porque la verdad es que las personas se despiertan, desayunan y hasta ahí llegó el día. Después de eso, pues no hacen absolutamente nada. Entonces, aquí, primero, son productivos. Segundo, hacen un trabajo precioso.
Mire todos los uniformes de los colegios de los niños, todos los uniformes de todos los privados de la libertad del país, los pupitres de los niños, unas cosas preciosas hacen hoy en día esas personas que antes no hacían absolutamente nada, y de verdad se sienten útiles al hacer las obras. La gente pasa, para sus autos en las obras públicas del país y los saluda.
Más de 6.000 casas que los pandilleros les habían quitado a las personas, las habían despojado, las personas privadas de libertad fueron y se las arreglaron, se las dejaron lindas, les hicieron los muebles y se las devolvieron. Eso es una verdadera reconstrucción social; además, lo hicieron con amor.
La entrevista completa con Johana Bahamón, actriz y presidenta de la Fundación Acción Interna:

Nadie está obligado en el sistema penitenciario a trabajar, todos los que lo hacen tienen más de la mitad de la pena cumplida, son personas en fase de confianza y además aceleran muchísimo su proceso de resocialización. La cárcel al final es eso, es un proceso de resocialización.
SEMANA: Johana, de esa experiencia que usted tuvo en El Salvador conociendo las cárceles de Bukele, por llamarlas de alguna manera, ¿qué se puede replicar en Colombia?
J. B.: La parte productiva de su condena. Que ellos puedan redimir más tiempo de su condena si están haciendo algo productivo para la sociedad, porque así, además de aprender una nueva habilidad, están resarciendo su deuda, por decirlo así, con la sociedad.
También que puedan descontar tiempo y que esto los motive a querer trabajar, a que realmente no tengan espacio de ocio, sino que tengan su mente y su tiempo ocupados. Darles nuevas herramientas para que se puedan resocializar de una forma digna, como se lo merecen. Yo no sé cómo lo hacen, pero realmente no hay corrupción en el sistema.
SEMANA: No se ve lo que vemos aquí, Johana, de presos que entran armas, celulares, comida, fiestas, hacen bacanales, drogas... Andrés, donde el control absoluto lo tenían las pandillas, las famosas maras. ¿Cómo logró el gobierno de Bukele imponer un sistema carcelario sin corrupción?
A. G. C.: No fue de un día para otro, pero lo más importante, y lo primero, se llama voluntad política. El presidente Bukele dio la directriz y comenzó desde el plan Cuscatlán, que es el primer plan de gobierno del presidente en el año 2019; comenzó con la idea de volver las cárceles sitios seguros y productivos. Entonces, lo primero que hizo fue bloquear todas las comunicaciones.
Ese bloqueo de comunicaciones se hizo con el sistema más sencillo que yo he visto en el universo, pero el más efectivo. Lo primero fue quitar las antenas de celular. Y si hay un proveedor de telefonía celular con señal le colocan ocho millones de dólares de multa.
Entonces, ya con eso comenzamos. A los vecinos, que normalmente tienen líos con el tema, les colocamos cable para internet y socialmente se entendió. Hay procesos de seguridad. Por ejemplo, los guardias de seguridad no tienen nombre, solo se les ven los ojos, no tienen derecho a hablar con los privados de libertad. Quienes tienen conversaciones con los privados de libertad, digamos en el tema médico, son los asesores médicos.
Un tema de control, orden y disciplina; por ejemplo, el tema de los uniformes, si usted se da cuenta, todo el sistema penitenciario está uniformado, que es algo que sirve muchísimo dentro del proceso de orden, control y disciplina. Usted no ve un cigarrillo, no ve nadie en ocio.
Digamos que de verdad son cárceles que les brindan seguridad a los privados de libertad, pero además de eso hacen que se cumpla el proceso de resocialización incluso creando competencias para que cuando salgan en libertad tengan un trabajo y tengan algo productivo que hacer para la sociedad, que compita contra el ser delincuente.
SEMANA: Johana, vimos que usted estuvo aquí en Colombia hablando con Epa Colombia. Nos llama la atención, precisamente, algo que ella nos dijo en SEMANA, que no puede hacer nada allá, que se levanta desde muy temprano y es todo el día caminando, lo que alcanza a leer, pero de manera productiva no tiene posibilidad. Ella tenía ganas de..., me imagino que le contó a usted, de su centro de estética, de la peluquería, sus queratinas, de enseñarle a la gente allá, pero no lo puede hacer. Imagínese usted este contraste.
J. B.: Creo que no lo ha podido hacer. Eso no quiere decir que no lo pueda hacer. De pronto en un momento, más adelante, sí lo va a lograr y seguro van a salir proyectos maravillosos, porque la actitud que ella está teniendo frente a esta situación adversa que está viviendo es muy positiva y estoy segura de que va a ser algo muy positivo, no solo para ella, sino para las otras mujeres privadas de la libertad que están con ellas. Entonces, el hecho que no lo haya podido hacerlo no quiere decir que no lo vaya a hacer.
Sí hay la oportunidad de hacerlo pero, como en todo, hay un proceso. Entonces, cuando alguien entra a la cárcel, hay un proceso de inducción. Nosotros, por ejemplo, desde la Fundación Acción Interna, con nuestro equipo psicosocial, nos focalizamos en trabajar en este programa de inducción, que es cuando alguien entra a la cárcel y tiene unos meses de preparación para generarse un nuevo proyecto de vida, para contarles cómo es la cárcel, lo que va a pasar y prepararlos para eso; asimismo, nuestro equipo apoya al programa de preparación para la libertad, que también es un proceso, pero ya es prepararlos para cuando recuperen su libertad y a lo que se van a enfrentar.
Es un proceso, y sé que ella, por ejemplo, está justo terminando su proceso de inducción. Entonces, es lo primero que tiene que hacer cualquier persona que llegue a la cárcel. Una vez termine este proceso de inducción, que de hecho creo que lo terminó ayer o antes de ayer, ya puede empezar con los otros programas.

No todo es negativo en medio de un entorno. Todo lo que pasa en una cárcel también se puede convertir en una oportunidad y creo que es lo que llevamos demostrando durante 12 años con la Fundación Acción Interna: cómo sí se pueden lograr procesos de resocialización diferentes, innovadores, generar innovación social con el teatro, con el restaurante abierto al público, con millones de actividades en las que también creo que hemos generado un cambio de conciencia en la sociedad. Todo el tiempo hablando de segundas oportunidades, todo el tiempo mostrando lo positivo, no solamente lo negativo, no solo ese amarillismo que a todo el mundo le gusta, sino todo lo positivo, el talento y los seres humanos y sus historias.
SEMANA: Andrés, ¿esas cárceles de El Salvador pueden funcionar en Colombia?
A. G. C.: Los dos contextos son totalmente distintos y digamos que El Salvador tenía unos fenómenos criminalísticos totalmente distintos a los que tiene Colombia; solamente las pandillas, por hablar de un tema, eran el eje fundamental de todo el crimen en El Salvador. En Colombia tiene unos unos procesos que son totalmente distintos.
SEMANA: ¿Cómo garantizar esa seguridad sin que se sacrifiquen derechos humanos? Usted justamente es el comisionado de los derechos humanos en El Salvador.
A. G. C.: Yo creo que el equilibrio está totalmente fundado. Los derechos humanos tienen que ser la base de una sociedad. Si usted se da cuenta, por ejemplo, acá en El Salvador lo que estamos haciendo es formar personas que van a tener competencias y capacidades productivas que nos garantizan que, cuando salgan de libertad, no van a volver a delinquir.
Es una garantía que, además, salen con títulos, van a salir con muchísimas cosas. Ahora estamos viendo y comenzando a generar habilidades blandas superiores y estamos generando todo tipo de competencias que compitan contra eso de ser delincuente. Volver a tratar de creer en esas personas, pero con competencias, no solamente con buenas intenciones.
SEMANA: Johana, ¿habló con las mujeres detenidas en El Salvador?
J. B.: Estuvimos en las cárceles de mujeres y también estuvimos en las cárceles donde ellas pueden estar con los hijos. Es igual que aquí en Colombia. Ellos pueden estar con sus hijos hasta los tres años.
Estuvimos viendo los programas que hacen y así como el resto de cárceles de allá, todas están haciendo algo productivo. Yo todavía no he entendido, o no podría decir para mí qué es mejor: si nunca están con los hijos, como pasa en las cárceles de Estados Unidos, por ejemplo; o que puedan estar hasta los tres años, como pasa en nuestras cárceles en Colombia; o que puedan estar hasta los cinco años, como pasa en las cárceles de México. Eso todavía para mí es algo que no puedo responder. Creo que igual no hay un mejor sitio para un niño que con su mamá, así la cárcel no sea el sitio adecuado.
Hay una realidad y es que el sistema penitenciario ha sido diseñado históricamente para hombres, y las mujeres, obviamente, son una minoría a nivel global. Creo que no llegamos ni al 10 % de la población carcelaria. Son mujeres, creo que están en el 8,5 % en Colombia, en este momento. Y yo creo que también esto hace que sus necesidades muchas veces sean ignoradas.

Aparte, muchas son madres, cuidadoras o víctimas de violencia antes de estar en la cárcel y ese impacto en la cárcel y en la reclusión no solo las afecta a ellas, sino también a sus hijos, a sus familias, a sus entornos. Entonces, yo sí creo que es cierto que la resocialización de las mujeres sí requiere un enfoque especial, sobre todo que respete su realidad. Y bueno, si no abordamos esto, creo que vamos a seguir perpetuando un poco la exclusión.
Algo para resaltar es la ley de utilidad pública que ya se está aplicando en Colombia, en la que mujeres que hayan cometido un delito que sea menor a ocho años, que lo hayan cometido en situación de marginalidad y que sean mujeres cabezas de hogar, tienen este beneficio de ley de utilidad pública de salir y cumplir su condena por fuera. Nosotros hemos recibido a personas que ya han salido en Bogotá y en Medellín. En eso sí estamos avanzando en Colombia.
SEMANA: ¿Cuántas mujeres colombianas, Andrés, están detenidas en El Salvador?
A. G. C.: Son más o menos 30 mujeres.
SEMANA: ¿Qué falencias encontró, Johana?
J. B.: Con el Cecot no se habla. Con los que yo pude hablar están bien. De hecho, hay una que me llamó mucho la atención, una colombiana que dijo que prefería estar allá que privada de la libertad acá. Entonces, hay de todo, cada persona tiene su realidad. Todo el mundo dice: “Que esté en la cárcel y que se pudra en la cárcel porque se lo merece”. Si la gente realmente supiera lo que esa frase significa, nadie lo diría.
SEMANA: Andrés, no podemos dejar de preguntarle sobre la situación de la cárcel, concretamente el Cecot allí, en El Salvador, y las críticas que se han dado en los últimos días por los aviones que están llegando, que está mandando el Gobierno de Estados Unidos. Dicen que están enviando de cualquier ciudad, que no se les respetan los derechos humanos, que están enviando a personas equivocadas allá, que no tienen condenas, que no tienen proceso...
A. G. C.: Mi oficina se encarga solamente de asuntos humanitarios. Reitero el llamado que he hecho a todas las personas que crean que existe algún tipo de violación de derechos humanos o que hay una persona que tiene algún asunto de cualquier tema, puede escribir a mi oficina. Mi oficina es una oficina siempre de puertas abiertas.
SEMANA: ¿Será que se le mide Bukele a venir a Colombia?
A. G. C.: No sé. La verdad es que habría que hablar con el presidente y preguntarle. El presidente quiere mucho a Colombia, nos quiere mucho a los colombianos, pues la muestra es que el único colombiano y el único extranjero que trabaja en el Gobierno de El Salvador es el suscrito, y la verdad es que soy muy, muy, muy colombiano, y pues nunca el presidente ha tenido una declaración o algo en contra de este país que lo ama también como lo amamos nosotros. Y queremos muchísimo a El Salvador.