POLÍTICA
Carlos Amaya sería la carta del petrismo para las elecciones del 2026, y está a punto de renunciar a la Gobernación de Boyacá. Claudia López, la perjudicada
El gobernador de Boyacá, Carlos Amaya, renunciaría para aspirar a la presidencia. Tiene el beneplácito de algunos sectores de la Casa de Nariño. ¿Qué pasará con Gustavo Bolívar y Claudia López?

Aun año y un mes de las elecciones presidenciales, la carrera por la Casa de Nariño en 2026 tendría un nuevo competidor: Carlos Andrés Amaya, gobernador de Boyacá, quien decidirá en dos semanas si renuncia o no a dirigir a su departamento y saltar en garrocha a la contienda política.
Amaya está a punto de informarle a su departamento que renunciará al cargo y competirá por el cupo que dejará Gustavo Petro después del 7 de agosto de 2026. Una fuente cercana al gobernador le dijo a este medio que, si nada extraordinario ocurre, dimitirá antes del 31 de mayo de 2025, la fecha límite –a juicio de algunos juristas– para no inhabilitarse.
Estará en retiros espirituales con una comunidad cristiana, una religión a la que él pertenece, con la que pretende tomar la mejor decisión profesional. Al fin y al cabo, se convirtió en gobernador de Boyacá por segunda vez en octubre de 2023, con más de 260.000 votos, y abandonará el barco regional a menos de dos años de iniciado su periodo. También dialogará con su familia.

El gobernador de Boyacá ya cuenta con la bendición de la Casa de Nariño para dar el salto a la presidencia. Y no se descarta que también tenga el guiño de Gustavo Petro, un presidente que tiene claro que en 2026 difícilmente ganará la izquierda radical. Por eso, ha insistido en enviar mensajes que apuntan a ampliar su proyecto y lograr la continuidad.
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Él ha dicho que solo con la izquierda radical no se hace “el sancocho” y se necesitan otros ingredientes que pueden no ser armónicos. Amaya se reunió hace tres semanas con altos funcionarios del Gobierno y le transmitieron el interés del presidente para que aspire en 2026 y forme parte del frente amplio que está promoviendo el ministro del Interior, Armando Benedetti.
Una fuente, que pidió reserva de su identidad, le dijo a este medio que Petro también habló del tema con Amaya. Esa versión no está confirmada. Las consultas de Amaya, quien se identifica en el centro político, ya finalizaron. Ha hablado con empresarios y académicos y le dijeron que es un político sensato, tranquilo, que promueve la empresa privada, busca consensos y no es radical. Le han insistido en que él sería una garantía en caso de ganar, pues el petrismo no acudiría a las calles a revolcar el país.
El boyacense, aunque votó por Rodolfo Hernández en 2022, se convirtió en el gobernador más cercano al presidente. Con su bendición, puso al presidente de la Cámara, Jaime Raúl Salamanca, e impulsó los nombramientos del ministro del Trabajo, Antonio Sanguino, y la directora del ICA, Paula Andrea Cepeda.
La eventual aspiración de Carlos Amaya patea el tablero electoral. Por un lado, provoca una gran fisura en la izquierda, pues tendría que medirse en un frente amplio con el director del DPS, Gustavo Bolívar, quien figura de primero en las encuestas entre la izquierda, pero no tiene el respaldo de Petro.
Basta con mirar los recientes consejos de ministros para observar cómo el escritor de telenovelas se convirtió en la diana de críticas del presidente, que, extrañamente, lo interrumpe, lo regaña y le refuta las cifras. “Amaya, quien podría aglutinar a más sectores a su alrededor, podría ser el candidato a la presidencia, y Bolívar a la vice”, le dijo un reconocido petrista a SEMANA.
Por otro lado, el gobernador dividiría a la Alianza Verde y sepultaría la aspiración de Claudia López, su amiga, pero cuya relación cada día se torna más fría. López no perdona que Amaya esté cerca de Petro. Este nuevo capítulo político los rompería.
A juicio de varios analistas consultados por SEMANA, la posible aspiración de Amaya sería la estrategia del petrismo para pasarle una cuenta de cobro a López, a quien Petro señaló de traicionarlo siete veces, y borrarla de la carrera presidencial.

La exalcaldesa no tiene partido, pues renunció a la Alianza Verde, y tampoco cuenta con el grueso de su militancia. Katherine Miranda, Olga Lucía Velásquez, Duvalier Sánchez, Andrea Padilla y Ariel Ávila no están a su lado. Solo le quedan Catherine Juvinao y Carolina Giraldo. En cambio, Carlos Amaya tiene el poder del partido y la Dirección Nacional por su cercanía con Petro.
Pero no todo será color de rosa para el boyacense. Si aspira, tendrá que cargar con el inri de algunos abogados que demandarán su candidatura argumentando la prohibición de la puerta giratoria, pues fue elegido para un periodo de cuatro años. Sin embargo, él ya hizo consultas jurídicas que apuntan a que puede aspirar amparado en el artículo 147 de la Constitución, que le exige renunciar un año antes de las elecciones. El tiempo y la Justicia darán la razón.