OPINIÓN

Alberto Donadio

Un sujeto de mala fe

Nombrarlo como alto funcionario del Gobierno es un acto subversivo que solo favorece a este individuo ruin.
18 de abril de 2026, 8:27 a. m.

El presidente de la república es un sujeto de mala fe. Nombró como superintendente nacional de salud a otro sujeto de mala fe llamado Daniel Quintero. Este nombramiento es típico de un tirano. Se hace en contravía del sentir mayoritario de los ciudadanos. Es lo que estilaba Anastasio Somoza en Nicaragua. Daniel Quintero fue derrotado en las urnas, está sentado en el banquillo de los acusados y goza del repudio unánime del pueblo de Medellín. Nombrarlo como delegado del presidente –esa

es la naturaleza jurídica de los superintendentes– constituye una afrenta a los asociados. Nombrarlo como alto funcionario del Gobierno es un acto subversivo que solo favorece a este individuo ruin. Enaltecer a quien está condenado justamente por el tribunal de la opinión pública demuestra el engaño protervo que Petro cometió contra la nación: enarboló las banderas de la lucha contra la corrupción para conquistar votos, pero in pectore tenía la intención de premiar a los corruptos. Ahora termina su funesto mandato demostrando que está a favor de la corrupción. Además, ha ofendido a los colombianos obligándolos durante años a observar las supuraciones de su personalidad aborrecible.

Por este infame nombramiento, el candidato oficialista Iván Cepeda no se atreverá a retractarse de la calificación de presidente digno que le asignó a Gustavo Petro. Cepeda solo es firme contra Álvaro Uribe. No es firme por convicción. No es capaz de ser independiente. Sea o no elegido, pasará a la historia como un apéndice de un presidente de mala fe.

En enero Gustavo Petro dijo en un discurso que Laura Sarabia, quien fue su mano derecha durante dos años, fue la encargada de llevar a la Superintendencia de Salud las hojas de vida de los interventores que luego quedaron vinculados a presuntos desvíos de recursos del sistema de salud. “Le dije a usted, por política no se mete un solo interventor, escoja usted los mejores. Y usted se dejó engañar y lo primero que hicieron fue entregarle unas hojas de vida, que yo no puse, pero dijeron que era yo, Laura, y eso fue un engaño”, dijo el presidente. Laura Sarabia afirmó que nunca participó en la designación de interventores. Era una evidente patraña la acusación de Petro. Le reclamaba Petro a su subalterna el nombramiento de interventores deshonestos, pero ahora es Petro el que nombra a cargo de la vigilancia de los recursos públicos destinados a la salud a un eminente deshonesto.

Petro quebró las EPS. A diciembre de 2022, las EPS tenían deudas por 18 billones de pesos, sin incluir la Nueva EPS, que no reporta información. Pero, a diciembre de 2025, las pérdidas eran de 35 billones. El patrimonio a diciembre pasado era negativo en 17 billones de pesos, mientras que tres años antes era negativo en 2,6 billones. El déficit patrimonial se sextuplicó en tres años de Petro.

La EPS Sanitas tenía un patrimonio de 21.000 millones de pesos antes de ser intervenida. A diciembre de 2025, el patrimonio era negativo en menos 2,7 billones. Antes de la intervención tenía un peso de activos por cada peso de deudas. Terminada la intervención tenía un peso de activos y 2,20 de deuda. Es decir, con sus activos ya no puede pagar la deuda.

Coosalud tenía un patrimonio positivo de 231.000 millones cuando fue intervenida en noviembre de 2024. Cinco trimestres después tenía un patrimonio negativo de menos 3,7 billones. Prácticamente, perdió 4 billones en la intervención.

Sobre el nombramiento de Quintero, el editorial de El Tiempo señaló: “Su nula experiencia en el sector y su origen político levantan un manto de duda sobre su idoneidad a la cabeza de un ente a cargo de vigilar y controlar los recursos de la salud. Incluso funcionarios del Gobierno y dirigentes de izquierda han rechazado la designación, la cual se percibe demasiado política para una responsabilidad tan técnica. En tiempos de campaña electoral y con el afán de la Casa de Nariño de empujar su reforma de la salud ‘por la puerta de atrás’, un supersalud tan político puede convertirse en una herramienta útil para materializar la quiebra definitiva del sector”.