La euforia llama a la calma y al estudio riguroso de lo que viene, porque el triunfo de Abelardo De La Espriella ya no puede ser un hecho más producto del fervor que sirvió para ponerlo en el solio presidencial. Más que una batalla, Defensores de la Patria, Salvación Nacional y Creemos, más los movimientos políticos que acompañen en la gobernabilidad del nuevo gobierno, deben tener como propósito consolidar unas mayorías integradas por todos los sectores de la sociedad para mantenernos más allá de cuatro años que pasarán volando.
El primer reto es hacer las cosas bien, materializar un programa político que debe armonizarse en términos de las leyes de planeación y de presupuesto para convertirlo en un plan de desarrollo que perfile políticas públicas a largo plazo, a la par del mismo proyecto político, con planes de inversión que tiendan a conjurar los grandes problemas de Colombia, unos indicadores claros de gestión que se cumplan en la realidad y que se midan al amparo de unos indicadores y unas metas que traduzcan un gobierno del pueblo y para el pueblo, despojado de la retórica política y apegado al cumplimiento de lo prometido en campaña.
Lo que viene no es fácil, primero, porque los que estamos alrededor de Abelardo De La Espriella debemos preponderar nuestra patria por encima de nuestros intereses personales; segundo, porque las arcas quedarán raspadas y vendrá obligatoriamente un proceso de revisión juiciosa del actuar de quienes incurrieron en conductas relacionadas con la administración pública y el erario estatal; tercero, porque las políticas deberán estar dirigidas a la recomposición de la economía y del apoyo a la empresa privada para la generación de los ingresos requeridos para conjurar las principales crisis y al incremento del recaudo de los tributos para contar con caja desde una óptica de la tesorería.
Llegó el momento de demostrar que somos superiores a los que auspiciaron la debacle institucional del país; es la hora de entronizar la gestión pública con las otras ramas del poder público; con la Legislativa, para lograr los consensos necesarios para agilizar las herramientas legales que permitan materializar el plan de desarrollo que se aviene; con la Judicial, acatando los fallos judiciales y respetando la autoridad de justicia.
Como en los partidos de futbol de nuestra selección: ganamos, celebramos poco y preparamos inmediatamente para el próximo partido. Cada triunfo debe ir dirigido a la meta final de ganar el mundial, no se juega para una sola etapa, lo nuestro deberá constituirse como un proyecto político a largo plazo, de lo contrario, en cuatro años estaremos sufriendo otra vez.
