OPINIÓN

Jorge Barón

¡Cesó la horrible noche!

Queda claro que Colombia entra a una nueva era de libertad y seguridad bajo el liderazgo de Abelardo de la Espriella, no obstante, es crucial que las relaciones entre el nuevo Gobierno y el Congreso sean estables.
26 de junio de 2026 a las 1:38 p. m.

Hace una semana la carrera más colosal por la Presidencia de la República de la historia de nuestro país terminó. ¡Cesó la horrible noche y el sol regresó a iluminar nuestro país, una vez más! En una Colombia marcada por la violencia y la polarización, el Tigre, Abelardo De La Espriella, representando el fervor popular de un país cansado de Gustavo Petro y revirtiendo la balanza política hacia la derecha, se coronó como presidente de la República, derrotando al candidato de Petro por un margen minúsculo, brindándonos unas elecciones de infarto. El perdedor, Iván Cepeda, de extrema izquierda, demostró que le quedó grande el rol de reemplazar al actual presidente, debido a su falta de carisma y supuestos nexos con criminales. Su derrota en las urnas es la consecuencia de una pésima campaña, completamente desabrida, a pesar de la ayuda del Gobierno. Es así como esta columna brinda una reflexión de dicha elección y un análisis del futuro que enfrenta el Tigre en una Colombia libre de la extrema izquierda.

Lo primero que debemos analizar son los mensajes y tácticas de ambas campañas. La estrategia del Tigre, Abelardo De La Espriella, desde el minuto uno, era la ganadora, ya que apostaba por convertirse en un outsider que no representaba ni a la política oficialista o al patriotismo radical. Sus estrategias no cambiaron desde su estruendosa victoria en primera vuelta, ya que continuó con el mismo éxito digital, símbolos e imagen de campaña impecable, y aunque moderó su discurso para atraer a sectores uribistas y del centro político que votaron por personajes como Paloma Valencia y Sergio Fajardo, su plan siguió intacto. Su mensaje de confrontación contra el establishment resultó su mayor ventaja desde el punto de vista estratégico.

Justamente, activó la emoción que los psicólogos Madello y Goldschmidt conocen como el efecto underdog, dicho concepto hace referencia que, por instinto, el ser humano tiende a apoyar a esos outsiders políticos que no representan a las castas tradicionales o al gobierno de turno, sino a sujetos que inicialmente se ven débiles, pero con los que más se identifican. Fue este mensaje de cercanía con el colombiano promedio y la imagen aspiracional que él le provocó al pueblo colombiano, representando el pico del potencial de cualquier colombiano, al ser un empresario exitoso que consiguió todos sus objetivos. Finalmente, fue el uso de las redes sociales, sus canciones pegajosas y la sobresaturación de su contenido digital.

Por un lado, tenemos a Iván Cepeda, un candidato que durante gran parte de la primera vuelta utilizó métodos tradicionales para conseguir su votación, representados por maquinarias, presunto apoyo estatal y fastuosos eventos impulsados por una radicalización ideológica. Desde que incluyó tribus urbanas como las seguidoras del K-pop, actuó en diferentes TikToks con el fin de atraer audiencias jóvenes y modernizar su estrategia digital. Por último, el candidato Cepeda, copiando al Tigre Abelardo, inventó a último minuto su propio símbolo —un corazón hecho con la mano—, el cual fue una antítesis del saludo militar del Tigre Abelardo, lo cual al final no fue suficiente para vencer a de la Espriella.

No obstante, es imperativo mencionar que la Colombia que gobernará Abelardo será un país partido a la mitad. Debido al margen tan bajo con el que ambos candidatos se disputaron en esta contienda, queda claro que el patriotismo sigue siendo una fuerza política inmensa.

Ahora bien, tal y como Abelardo mencionó en la entrega de su credencial como presidente electo, al igual que en su discurso de victoria, gobernará para todos los colombianos, sin importar si estos son sus contradictores. De la misma manera, en los últimos días, partidos afines ideológicamente al Tigre se han declarado partidos de gobierno; tal es el caso del Centro Democrático, Salvación Nacional, el Partido Conservador y Cambio Radical.

Por otra parte, al tener afinidad con líderes liberales como Mauricio Gómez Amín y los líderes naturales de Cambio Radical, como es el caso de Alejandro Char, es imperativo destacar que, por lo menos en su primer año de gobierno, Abelardo contaría con el apoyo del Congreso; sin embargo, para materializar esta idea, debe aprender de los errores de Petro y rodearse de personas técnicas y competentes, procurando buscar un equilibrio entre el tecnicismo y la estrategia política para mantener al Congreso de su lado. Esto es especialmente importante teniendo en cuenta que su homólogo argentino, Javier Milei, se encuentra en una competencia con el oficialismo argentino de Macri por los votantes del centroderecha y con un Congreso abiertamente agresivo.

A manera de conclusión, queda claro que Colombia entra a una nueva era de libertad y seguridad bajo el liderazgo de Abelardo De La Espriella. No obstante, es crucial que las relaciones entre el nuevo Gobierno y el Congreso sea estables para que así las múltiples reformas que plantea Abelardo para crear la patria milagro se vuelvan una realidad.