El Gobierno de Petro ya casi cumple su período y es difícil de creer que, después de su nefasta gestión, el candidato del Pacto Histórico, Iván Cepeda, sea el que está punteando en las encuestas.
Más allá de su protagonismo en la persecución legal contra el expresidente Álvaro Uribe, y del apoyo de Petro con medidas populistas y con los chorros de dinero público usados para promover su candidatura, su liderato en las encuestas no tiene otra explicación más que la fuerte fragmentación de los candidatos de oposición, que le están haciendo la carrera presidencial mucho más sencilla de lo debido.
En el famoso bloque de “Fajardo hasta Abelardo”, bautizado así por Uribe, puede que existan diferencias entre los candidatos, pero es claro que están de un lado distinto al de Cepeda. Según Fajardo, La Gran Consulta (LGC) y Abelardo representan la extrema derecha, lo cual: (1) no es verdad y (2) es una de las mayores ventajas que tiene ese bloque, en el cual, sin importar las diferencias ideológicas, puede haber una cohesión respetuosa en pro del beneficio del país.
Es mucho más lo que une a todos esos candidatos que lo que los divide. A todos los une una posición radical en contra de los grupos armados ilegales, a favor de la economía de mercado, en defensa de las instituciones y de la democracia, y vehementemente opuestos a la constituyente petrista. Cepeda representa lo contrario.
Ha habido errores de parte y parte: así como en varias ocasiones candidatos de LGC han dicho que no votarían por Abelardo en segunda vuelta, lo cual considero un error, también está mal que Abelardo esté activamente buscando sabotear la votación de la consulta, públicamente promoviendo la abstención de voto de esta. Lo más probable es que el contrincante de Cepeda sea el ganador de LGC o Abelardo, de manera que toda crítica o daño que se hagan mutuamente ahora se verá reflejado en las urnas el 21 de junio, para beneficio del petrismo.
Personalmente, estoy dispuesto a tragarme sapos para evitar la continuidad de este Gobierno. Votaré por el candidato que esté en contra del petrismo y de su visión de país, y los invito a hacer lo mismo. Si Cepeda llega a ganar, no quiero tener en mi conciencia haber sido parte de riñas menores que dividieron a la oposición y terminaron entregándole la Presidencia en bandeja de plata.
A los únicos que les conviene una baja votación en LGC este domingo es a los petristas, a nadie más. Cuanto más fuertes lleguen a primera vuelta el ganador de LGC y Abelardo, mayores serán las posibilidades de ganar en segunda vuelta, porque esos votos terminarán sumándose. En cambio, una consulta débil y una oposición dividida son el escenario perfecto para darle continuidad a la izquierda.
Así que esta es una invitación para ambos lados: si su candidato es Abelardo, nada pierde participando en una consulta abiertamente opositora a este Gobierno y cuyos candidatos seguramente lo apoyarán si es él quien pasa a segunda vuelta. Y si Abelardo llega a segunda y quiere ser presidente, dependerá del apoyo del candidato de LGC: entre más fuerte y mejor posicionado esté, más lo beneficiaría. Sin los votos de centro de la LGC, que por ahora están lejos de ser del abogado —y más aún después de su abierta oposición al grupo—, poco o nada podrá hacer en una segunda vuelta.
Y para los candidatos de la consulta, dejen la tibieza y díganlo claramente: si a la segunda vuelta llega Abelardo y no un miembro de este grupo, votarán en contra de Cepeda y apoyarán a Abelardo. No hay de otra.
Por mi parte, votaré por Enrique Peñalosa, no solo porque es mi padre, sino porque también me parece el mejor. Lo invito a que usted haga lo mismo, y no ‘nos la demos’ de politólogos, calculando cuál es el tal voto útil. La fortaleza del ganador se medirá por los votos totales de la consulta, no por los individuales. Vote con convicción, por el que le gusta, y todos esos votos se trasladarán al ganador.
Recordemos las palabras del gran doctor Álvaro Gómez, que religiosamente son citadas en cada campaña electoral, pero que ahora cobran una relevancia mayor: es momento de hacer un acuerdo sobre lo fundamental.









