Alfredo Vázquez Carrizosa falleció, ya nonagenario, hace muchos años, en 2001. Es uno de los pocos personajes en la historia de Colombia que dio un viraje significativo en su modo de pensar. Toda la vida fue godo, conservador, de derecha, defensor a ultranza de las instituciones. Fue hijo del general Alfredo Vázquez Cobo, candidato del Partido Conservador en las elecciones de 1930. En 1979, durante el Gobierno de Julio César Turbay Ayala, se convirtió en defensor de derechos humanos y fue por años el presidente del Comité Permanente para la Defensa de los Derechos Humanos, al cual pertenecieron Gabriel García Márquez, Luis Carlos Galán, Rodrigo Lara, Gerardo Molina, Héctor Abad y otros. En sus columnas en El Espectador denunció los abusos de las instituciones, como el Estatuto de Seguridad.
Hace poco me encontré en el National Archives, en Washington D. C., documentos que citan a Vázquez Carrizosa. En 1970, el presidente Misael Pastrana Borrero le ofreció la Cancillería. Era lógico. Vázquez Carrizosa había sido embajador y además representante de Colombia ante la OEA en los años sesenta. Era un internacionalista reconocido.
La embajada americana en Bogotá consideró que Vázquez Carrizosa era un leguleyo insoportable y cositero, tal como lo conocieron los diplomáticos de los Estados Unidos destacados ante la OEA. Unbearable legalistic nitpicker, lo llama el despacho. La embajada también lo consideró idóneo para el cargo y lo señaló como amigo de los Estados Unidos, salvo en una materia: la planificación familiar. Decía el informe confidencial que Vázquez Carrizosa había logrado malograr el nombramiento de un ministro de Salud partidario de la planificación familiar. Vázquez Carrizosa le advirtió a Pastrana que no aceptaría participar en un gabinete donde hubiera un partidario de la planificación familiar. “Una fuente de alta fidelidad informó a la embajada que hasta el último momento Pastrana pensó nombrar a otra persona, pero el ministro de Relaciones Exteriores, Alfredo Vázquez, lo hizo cambiar de idea”, indica el informe secreto. Se deduce por el documento que ese ministro contra el cual Vázquez Carrizosa echó balotas negras pudo haber sido el médico ginecólogo Fernando Tamayo, fundador de Profamilia. Pastrana, evidentemente, decidió que no podía sacrificar a un canciller de tanto prestigio como Vázquez Carrizosa, y entonces nombró como ministro de Salud a otro médico, el samario José Ignacio Díaz-Granados. Este había trabajado con Fernando Tamayo. Según la embajada americana: “Vázquez dijo que no aceptaría formar parte de un gabinete en el que participara un defensor de la planificación familiar, lo cual implicaba que Díaz-Granados (padre de seis hijos) era al menos neutral en esta materia. Aunque relativamente desconocido, Díaz-Granados posee la calificación técnica para ser ministro de Salud”.
La doctrina católica predicaba que no se podía planificar la procreación, salvo por el método Ogino-Knaus, inventado por un ginecólogo japonés y un médico austriaco, y basado en evitar las relaciones sexuales de la pareja en los días fértiles de la mujer. No era muy eficaz y se decía que muchos niños eran hijos de Ogino-Knaus. La Iglesia de Roma condenaba otros métodos de planificación. En 1968, el papa Paulo VI, en la encíclica Humanae vitae, afirmó: “En la misión de transmitir la vida, los esposos no quedan, por tanto, libres para proceder arbitrariamente, sino que deben conformar su conducta a la intención creadora de Dios”. Recuerdo a un médico de Medellín, Arturo Pineda Giraldo, que en la tarjeta de Navidad que envió a sus amigos en 1968 incluyó la foto de sus diez hijos con la leyenda Humanae vitae. Vázquez Carrizosa, dos años después de la encíclica, cuando le ofrecieron un ministerio, acataba el Roma locuta, causa finita que predicaba la Iglesia católica al protestar por la posible presencia en el gabinete de un ministro que contradecía la doctrina papal.
En 2017, cuando falleció el doctor Fernando Tamayo a los 95 años, Profamilia escribió: “Gracias a su trabajo, hoy las mujeres colombianas pueden tomar decisiones informadas sobre su sexualidad y reproducción, situación que se ha visto reflejada en la disminución de la fecundidad de siete a dos hijos por mujer entre 1965 y 2015”.
En una calle cercana al Vaticano vi una vez un grafiti que preguntaba por qué los cardenales piensan tanto en la pelvis de las mujeres. Al lado había otro grafiti: “Cloro al clero”. n
