–¿Por qué Paloma Valencia no puede ser presidenta?
–Porque este país es tan machista que no votará nunca por una mujer.
–¿Juan Daniel Oviedo es buen candidato?
–Sí, muy bueno y muy pilo.
–¿Y por qué no podría ser presidente?
–Porque este país jamás votaría por un hombre gay.
Esta conversación se repitió una y otra vez en mi entorno en los últimos meses. Ante la pregunta insistente de mis hijos adolescentes por un candidato u otro, siempre que llegábamos a Paloma Valencia y a Juan Daniel Oviedo, el análisis que hacíamos era que ambos tenían suficientes cualidades, pero jamás tendrían la posibilidad de ser elegidos. ¿La razón? Los prejuicios sociales. Pero desde el pasado domingo, tras los resultados de las consultas, esta percepción cambió.
Cuando la suerte del futuro del país parecía ya condenada a elegir entre el radicalismo de izquierda de Iván Cepeda y el radicalismo de derecha de Abelardo de la Espriella, la votación de la llamada Gran Consulta por Colombia mostró un caudal de apoyo electoral que cambió con contundencia el panorama.
Esta consulta obtuvo 5.857.395 votos, de los cuales 3.236.286 fueron para Paloma Valencia y 1.255.510 para Juan Daniel Oviedo. Esta alta votación mostró una fuerza electoral que enviaba el mensaje de que aún no todo está dicho. El llamado de De la Espriella a no votar mostró que su respaldo absoluto no estaba tan claro, pues muchos votantes de derecha acudieron igual a votar, pero, sobre todo, el más de un millón de votos de Juan Daniel Oviedo mostró que hay un sector del país que quiere una voz más moderada, que no cree en los radicalismos ni de derecha ni de izquierda.
La llegada de esta dupla Paloma-Oviedo le da un manotazo al tablero electoral, porque propone una fórmula intermedia, que no existía hace un par de semanas, que le plantea al país la posibilidad de elegir una derecha no extrema, sino más sensata.
El discurso de Juan Daniel Oviedo al momento de aceptar la vicepresidencia deja claro cuál es la pretensión: sumar entre distintos, abrir el espacio de escucha a quienes también reclaman espacios para minorías históricamente segregadas. Esta dupla propone unir a quienes están de acuerdo con la defensa de las instituciones, un sistema económico basado en la competitividad y la libre empresa, en la recuperación de la seguridad del país y en la creencia de que la familia es el núcleo de la sociedad, por ejemplo. Pero también representa un espacio para reivindicarse con minorías históricamente segregadas que saben que hay una gran deuda de cierre de brechas en el país y que la salida no puede ser simplemente “aplastar” al contrario.
Hoy uno de cada tres colombianos vive en la pobreza y ve en el proyecto de Gustavo Petro una posibilidad de subsidios, de tierras, de beneficios. No importa que todo sean promesas incumplidas, ni que cada día haya un escándalo de corrupción, ni mucho menos que el nivel de gasto lleve a un déficit fiscal que en algún momento hará imposible pagar la deuda pública. Por eso, traer a una persona al debate electoral que hable también de estos dolores es más que necesario.
Paloma Valencia es una mujer del Cauca, uribista y con una familia de gran tradición política. Es nieta del presidente Guillermo León Valencia y de Mario Laserna, fundador de Los Andes. Es abogada y filósofa de la Universidad de los Andes, con especialización en economía y una maestría en escritura creativa de la Universidad de Nueva York. Fue una gran crítica del Gobierno de Juan Manuel Santos, elegida senadora por tres periodos consecutivos por el Centro Democrático y una de las grandes promotoras del No al acuerdo de paz con las Farc.
Juan Daniel Oviedo es bogotano, no proviene de una familia adinerada ni política. Su mamá fue la figura predominante de su formación, en la que el estudio era la única manera para salir adelante. Es economista de la Universidad del Rosario, con maestría en economía y econometría, y un doctorado en economía en la Universidad de Toulouse, Francia. Su cargo más reconocido fue el de director del Dane del Gobierno de Iván Duque, aunque políticamente se formó de la mano de la exsenadora María del Rosario Guerra, del Centro Democrático, de quien fue su asesor.
Pero, más allá de la experiencia de cada uno y de su claro perfil de derecha y centroderecha, se trata de una mujer, mamá de una niña pequeña, y un hombre abiertamente gay, que hoy tienen la posibilidad de hacer historia y convertirse en la primera presidenta de Colombia y el primer homosexual vicepresidente. Si eligiéramos esta fórmula, sería una especie de símbolo de que el país ha avanzado en abandonar sus prejuicios.
No hay duda de las capacidades de liderazgo, académicas y de experiencia de estas dos personas para llegar a ocupar las dos más altas dignidades del país. Ahora lo difícil será luchar contra los estigmas y estereotipos que pesan sobre ellos. Frente a Paloma, que es mujer y que el que manda es Uribe, lo que refuerza el prejuicio de que las mujeres no tienen criterio propio. Con Juan Daniel, que por su condición homosexual promoverá temas tabúes, como la adopción gay o el consumo de drogas. Tal despropósito ya se lee en redes.
Si estos argumentos no son suficientes, hay uno de pragmatismo político. La candidatura de Abelardo de la Espriella no tiene por sí sola la capacidad de acercar sectores de centro. Solo quien acerque al centro podría imponerse a Iván Cepeda, que sigue incólume con casi un 35 por ciento de intención de voto asegurado.
O nos unimos en una sola figura que convoque a la gran mayoría de sectores, o ya sabemos que el país se radicalizará en un Gobierno de izquierda, y ese camino ya no tendrá regreso.
