OPINIÓN

Luis Carlos Vélez

Siempre es la economía

Colombia eligió a un Tigre que la defienda, incluso de los técnicos que hoy aplauden, pero que son parte del mismo circuito que nos ha traído fiscalmente hasta acá.
7 de noviembre de 2026 a las 6:06 a. m.

El duro golpe al presidente Donald Trump en las elecciones a mitad de mandato confirma, una vez más, que la gente vota con el bolsillo. Por eso, si el Gobierno del presidente De La Espriella no recompone la situación económica, como prometió, las posibilidades de que la izquierda regrese al poder son muy altas. Me explico.

El presidente Trump puso toda la carne en el asador para no perder las elecciones a mitad de mandato. Durante más de 30 días hizo 22 eventos de campaña, prometió 5.000 dólares a cada estadounidense si su partido ganaba y sus afiliados gastaron cantidades récord en publicidad para lograr la victoria. Sin embargo, perdió, y de qué manera.

La razón fundamental de la derrota del partido de gobierno fue la economía. Las encuestas a boca de urna revelan que el 62 por ciento de los votantes considera que el bolsillo fue el tema que más influyó en su voto contra el Gobierno. Los estadounidenses sienten que la inflación los está afectando y trazan una línea directa entre el aumento de los precios, la guerra contra Irán y los aranceles con las políticas del jefe de Estado y tienen razón.

El Premio Nobel de Economía de este año destaca un trabajo que explica mucho de lo que acaba de pasar en Estados Unidos. Robert Hall, de la Universidad de Stanford, revela cómo las expectativas sobre el futuro influyen en el ahorro, la fijación de precios y el gasto. En política, esto podría significar que la gente ajusta sus presupuestos y sus decisiones pensando no solo en su situación actual, sino también en el futuro. Por lo tanto, se puede concluir que vota pensando en cómo saldrán las cosas. Acá la gente votó no solamente pensando en que las cosas están mal, sino que van a estar peor.

En el caso de Colombia, el Gobierno nacional está enfocado a todo vapor en la seguridad. El mandatario está haciendo una serie de esfuerzos necesarios para combatir la delincuencia y el narcotráfico. Sus acciones han sido tan efectivas y contundentes que le han generado aplausos por parte de las agencias estadounidenses y han sido imitadas por alcaldes de las grandes ciudades, que hasta copian su manera de vestir. (Lo que me lleva a preguntarme por qué no lo hicieron antes, pero ese es otro tema).

Lo anterior genera una considerable preocupación: ¿y la economía qué? Es cierto que el Gobierno ha presentado la muy importante ley de rescate económico, pero también lo es que aún quedan dudas sobre su efectividad y lo que representa para la gente en las calles.

La ley, tal y como ha sido presentada, es muy difícil de vender a los colombianos, implementa nuevos impuestos, rompiendo la promesa hecha en campaña de que no habría nuevos cargos, y no propone recortes en el tamaño del Estado que estén a la altura de lo anticipado en la plataforma del Tigre. La lógica de las calles es muy sencilla: ¿por qué se le debe exigir a la gente que se apriete más para pagarles a los bancos una deuda que acumularon los Gobiernos anteriores y que Petro hizo explotar al convertir el Palacio en un prostíbulo? ¿No sería conveniente reducir el tamaño del Estado, simplificar el código tributario, establecer medidas estrictas contra la corrupción y promover una alta productividad en la administración pública? Es fácil: para exigir hay que demostrar.

La fórmula propuesta por el Gobierno es altamente técnica, poco práctica y, además, peligrosa. Esto último, porque es vulnerable a que los intereses de las grandes compañías se filtren a través de congresistas que terminen eximiéndolas de impuestos, para que estos los termine pagando la clase media, que no tiene lobistas que la defiendan. Lo mismo de siempre.

Colombia eligió a un Tigre que la defienda, incluso de los técnicos que hoy aplauden, pero que son parte del mismo circuito que nos ha traído fiscalmente hasta acá. Hay que ser completamente honestos y reconocer que los mismos que hoy actúan como salvadores tuvieron su cuota de responsabilidad en la situación actual. Y con esto no eximo al Centro Democrático, que presidió uno de los Gobiernos que más programas sociales creó y ahora se pone la camiseta de libertario. No son coherentes.

La Patria Milagro prometió estimular la economía, recortar impuestos y hacerle una cirugía significativa al tamaño del Estado. La propuesta de rescate no cumple con esas promesas. El Gobierno dice que esto es solo una parte de un todo más ambicioso y drástico. Está en deuda de mostrarlo. El Tigre no se debe dejar encasillar en el tema de la seguridad; también debe morder, y duro, en lo económico. Si no lo hace, como acabamos de ver en Estados Unidos, regresará la izquierda y todo será peor que al comienzo. Siempre es la economía.