La voluntad política es fundamental para que haya seguridad, progreso y prosperidad, así como para que reine una verdadera paz. Estamos viendo los funestos resultados de la falsa paz total que argumentó el pasado gobierno, estrategia maquiavélica que fue empleada como trampa caza bobos para proteger a los bandidos y hacer creer al mundo que se buscaban nuevos horizontes para el país, cuando en realidad los progres estaban tratando de destruir a Colombia para reinar sobre sus cenizas.
La pasividad o, más bien, la complacencia del gobierno saliente con los diferentes grupos criminales permitió que estos se fortalecieran, crecieran en número y lograran mayor control territorial, así como los envalentonó frente a una población inerme y atemorizada por las amenazas del gobernante y por las armas de los bandidos, quienes con el ‘voto fusil’ influyeron en las pasadas elecciones a favor del heredero, tratando de torcer el veredicto popular, como lo ha mencionado el señor presidente De la Espriella.
Impacta el conocer cada día nuevos actos de corrupción en el gobierno Petro, donde lo relacionado con la UNGRD parece ser apenas la punta del iceberg, pues lo que se menciona con Ecopetrol y los personajes nacionales y extranjeros involucrados en el escándalo deja un ‘tufillo’ desagradable, frente a la relación de la izquierda internacional con los progres, que infiltrados en todas las instituciones, lograron llevarse hasta la olla. Ahora se ha destapado la afectación a los recursos de RTVC, empresa que era dirigida por un reconocido activista zurdo, así como el escándalo en el Ministerio de Vivienda.
La Patria Milagro del presidente De la Espriella ha sido el instrumento que demuestra que cuando se quiere hacer algo en favor del país, se logra; que cuando hay voluntad política, se saca adelante el objetivo propuesto; que cuando se busca establecer el imperio de la ley, el país apoya y los detractores se quejan. Soplan vientos de prosperidad y los únicos que no están de acuerdo son los que han querido ‘hacer invivible el país al presidente De la Espriella’, como lo mencionan los izquierdistas que no se han podido recuperar del impacto que les produjo no poder continuar en el poder.
La Fuerza Pública, con su comandante supremo a la cabeza (artículo 189 de la CPC), ha demostrado con sus sobresalientes resultados que el gobierno Petro les ponía el freno para actuar, no solo con el nombramiento de cabecillas como gestores de paz para cubrirlos de impunidad, o con la desmilitarización de zonas para protegerlos de la acción legitima del Estado; o nombrando ministros como Iván Velásquez, hoy embajador ante el Vaticano, quien para resguardar a los bandidos les dio ‘la llave de oro’ de mantener a menores de edad en sus guaridas para evitar las operaciones de la Fuerza Pública.
Las bandas narcoterroristas que chocan entre sí por el dominio de los corredores de movilidad para sacar las drogas se enfrentan abiertamente al Estado, desafiando no solo al presidente y a las autoridades legítimas, sino también a la justicia; situaciones como la recientemente sucedida en Santa Marta muestran las capacidades que adquirieron estos grupos criminales durante el gobierno Petro, pero el resultado final de este episodio, gracias a la decisiva reacción del Estado en cabeza del presidente, demuestra que cuando se quiere, sí se puede acabar con los bandidos.
Ciudades como Cali, Medellín y Bogotá seguramente tendrán los mismos resultados en la lucha contra el crimen organizado, lo cual se requiere extender a zonas conflictivas como el Catatumbo, el Cauca, Chocó y otras regiones donde los bandidos han establecido los grandes cultivos de coca y, por consiguiente, sus guaridas; gracias al presidente y a los soldados y policías de la Patria Milagro por su sobresaliente labor en beneficio de la paz que añoramos los colombianos desde hace más de seis décadas.
Sin duda, ya soplan vientos de progreso y nuevamente se observa cómo la sociedad colabora con las autoridades y reconoce agradecida, aplaudiendo sin temor, la presencia de la Fuerza Pública. Los soldados y policías ahora sí cuentan con el apoyo del gobernante, recordándoles su actuación dentro de la Constitución y las leyes para que cuando sea necesario apliquen la fuerza legítima del Estado para restablecer el orden como herramienta que contribuye al logro de la paz.
Permanezcamos unidos alrededor del Gobierno para mantener la democracia y las libertades.
