Enrique Gómez Martínez Columna Semana

Opinión

Selección negativa y dictadura

En esta etapa final del gobierno de Petro, la selección negativa le garantiza a un presidente que está dispuesto a perturbar el orden constitucional, en asocio con sus aliados guerrilleros y mafiosos.

Enrique Gómez
3 de marzo de 2025

En el patético consejo de ministros televisado del 4 de febrero se especuló que varios de los más fanáticos ministros petristas trataron de orquestar una rebelión contra la decisión del presidente de imponer, en aquel momento, a Benedetti como jefe de gabinete.

Se habló de chats buscando concertar las intervenciones que girarían alrededor de la indignación feminista y que, por cuenta de la vicepresidenta Márquez y el director de la UNP, se centraron fue en la grave crisis de corrupción que aqueja a toda la administración.

El rapapolvo ministerial que Petro y Benedetti habían diseñado como antesala al remezón se terminó diluyendo ante las cámaras por cuenta de las lágrimas y quejas por la connivencia explícita con la corrupción, la politiquería y la tolerancia con un símbolo, si cabe, del abuso marital.

Y entonces se puso en marcha la falsa e hipócrita renuncia protocolaria del gabinete, marcada, supuestamente, por renuncias de verdad verdad.

Muchos comentan sobre la selección de nuevos ministros que la misma refleja la predominancia de la mediocridad y en varios casos el compromiso burocrático sumado a la mediocridad. Se expone como reflejo de la inmoralidad implícita de un gobierno al que no le preocupa ni interesa la buena gestión de las responsabilidades y los recursos y solo pretende la lealtad.

Pero este enfoque olvida que, en entornos con principios autocráticos y aspiraciones totalitarias, como el que claramente domina a la administración y se hace explícito en los llamados al nuevo gabinete a centrar su accionar en la promoción de una asamblea popular nacional subversiva e inconstitucional, una de las justificaciones más fuertes para seleccionar los miembros del alto gobierno es la incapacidad aunada a la estupidez.

Como bien se ha descrito en tantas oportunidades por la sociología al analizar la conformación de los equipos de gobierno de autócratas y dictadores, en estos entornos, en los que habitualmente prima la paranoia del gobernante, se aplica de manera sistemática la selección negativa. Este criterio para nombrar gabinetes no pretende solamente la lealtad, criterio tan relativo como cambiante en los subordinados, sino que se centra en la incapacidad y estupidez que garantice que los delegados no tienen las capacidades o el carácter para derrocar al gobernante.

Y dada la degeneración e ineficacia del gobierno, las tensiones por denuncias internas de corrupción, la codicia y vanidad aspiracional del círculo íntimo de Petro, las cada vez más claras alianzas expresas y vigentes con mafiosos y guerrilleros de la peor laya, la inercia negativa de la Fuerza Pública y la dinámica poderosa de todos los factores de violencia, no sorprende que Petro pretenda un gabinete construido con el criterio de selección negativa.

Este criterio —además— ha dominado expresamente la conformación de mandos en las fuerzas militares y de policía. Allí la purga constante de generales y oficiales está regida por la premisa de remover a quienes tenían experiencia operacional exitosa y reconocida o capacidades superiores de inteligencia u organización.

Y claro, otra de las premisas de las purgas en la Fuerza Pública está asociada al cumplimiento de las misiones de investigación, como en el patético caso de la investigación contra Papá Pitufo que ya supera las inexplicadas acciones de la fiscal Camargo para impedir las órdenes de captura en su contra, y desde anoche involucra el desmonte intencional y consciente de los equipos de investigación por parte del saliente ministro de Defensa.

En esta etapa final del gobierno de Petro la selección negativa le garantiza a un presidente que está dispuesto a perturbar el orden constitucional, en asocio con sus aliados guerrilleros y mafiosos, que nadie en su gabinete se vuelva a sublevar ante sus acciones antidemocráticas o la corrupción y que ni siquiera intenten develarlas a la opinión pública.

En ninguna parte será más útil la selección negativa para Petro que con el ministro de Defensa. Las evidencias de la falta de capacidad operacional del ministro Sánchez están en su pobre desempeño como inverosímil comandante del Comando Conjunto de Operaciones Especiales y en la pobre percepción que de él tiene la comunidad de las fuerzas especiales.

Su estupidez política queda materializada en la presunción de que recibirá del Gobierno nacional y del Ministerio de Hacienda el respaldo presupuestal para restablecer capacidades operacionales desmontadas juiciosamente por su predecesor.

Su vanidad y obsecuencia se materializan en la creencia pueril de que podrá desconocer las órdenes del comisionado de paz Otty Patiño respecto de larga lista de personas y bandolas que por decisiones inexplicables y presumiblemente corruptas o enfocadas al favorecimiento de organizaciones guerrilleras admiradas y amigas, resultan intocables para la Fuerza Pública.

Es tan pendejo el ministro Sánchez, que cree que podrá quitarle el control de cargos claves del Ministerio de Defensa a Iván Cepeda, que controla la dirección de derechos humanos con Diana Patricia Sánchez formada en Minga; la secretaria del gabinete del ministerio, Alexandra Paola González, del oscuro Comité de Solidaridad con los Presos Políticos; Naryi Vargas, del Observatorio de Derechos Humanos, o Carlos Eduardo Montoya, de seguridad ciudadana, ambos de la cuerda de Paz y Reconciliación, personas no solo enemigas de la institución, sino con agendas específicas para socavar su capacidad operativa y su moral.

Sánchez, que no sabe de dignidad ni conoce el artículo 217 de la Constitución Política, ni quiere ver las fracturas al orden constitucional, inició su mandato complaciendo a Petro al tolerar en silencio el retiro del incómodo mayor general Omar Sepúlveda como segundo comandante del Ejército de parte del resentido y siempre oscuro Iván Velásquez en el día de su salida.

La guerra, sin embargo, suele ser un examen implacable para la incapacidad y la estupidez.

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