Da igual si habla borracho o drogado, si destapan un nuevo escándalo de corrupción en su Gobierno; si los grupos armados son más fuertes, si Colombia estableció un nuevo récord mundial de producción de cocaína o si lleva cuatro ineptos interventores en la desastrosa Nueva EPS, que va directo al fondo del abismo con una deuda que creció el 198 por ciento. O si el candidato a sucederle fue aliado de las Farc cuando la banda criminal secuestraba y asesinaba a más colombianos.
Gustavo Petro le comprará la presidencia a Iván Cepeda con plata del erario, con absoluta desvergüenza. Puede pasar jornadas trabado o enguayabado, pasear con la novia mientras su tierra natal se ahoga o no trabajar hasta las 4 p. m. si no lo despiertan.
Es un politiquero tan hábil que perfeccionó las mañas del maestro Benedetti y ahora practica sus métodos, pero con billones para manipular las elecciones. Los 15.000 millones que emplearon en la famosa precampaña, según confesó el rey de los tahúres, son chichiguas frente a los fondos que está recaudando. Serán 8 billones que pagarán las empresas, entre abril y mayo, sin destino distinto a conseguir votos para continuar su siniestro legado.
Lo prueban la ficha técnica y los datos de la última encuesta de Invamer para Caracol TV. El 54 por ciento de entrevistados son de estratos 1 y 2. Y el 18 por ciento del 3. De ellos, el 63,7 por ciento trabaja, supongo que la mayoría con salarios mínimos. Es decir, la populista subida de 9 puntos por encima de la exigencia sindical arrojó el resultado esperado.
El 23 por ciento es el inicio de la campaña de Petro tanto para senadores y representantes del Pacto Histórico como para la primera vuelta, aunque será en la segunda donde echará el resto.
Existen dos antecedentes que conviene recordar. Los millones del cartel de Cali con los que Samper derrotó a Pastrana y el angustioso llamado de Juan Manuel Santos a los dos senadores corruptos para que le ayudaran a vencer a Zuluaga.
El uribista había ganado en primera vuelta mientras los Ñoños se concentraban a barrer en las legislativas (¿olvidaron los centristas, que adoran a Santos, su celebración en la tarima con Musa y Ñoño?). Ante el reclamo presidencial, se pusieron manos a la obra y multiplicaron los sufragios en sus zonas costeñas como los panes y los peces, suficiente para coronar.
Petro parte con mayor ventaja porque se adueñó de la billetera estatal, a la que pretende sumar otros 25 billones, también en mayo, y tiene el camino despejado para decretar lo que convenga a sus pérfidos planes. Y, como es de mente sinuosa, pese a los buenos réditos de sus trampas, mantiene su acostumbrada estrategia de sembrar dudas acerca del sistema electoral.
Lo hizo de manera constante en la campaña de 2022. Que si se las iban a robar, que si lo iban a matar, que si el conteo estaba manipulado, que si le darían un golpe de Estado por anticipado. Como ahora ni siquiera necesita ser creativo porque el grueso teflón que lo protege todo lo rebota, y puesto que asesinaron al aspirante uribista que podía encabezar las encuestas y son sus amigos elenos los que amenazan a candidatos rivales, en lugar de lloriquear por supuestos atentados, saca del baúl el clásico contra Greg & Sons y la Registraduría.
Aparte de la descarada intervención de Petro y de su vil empeño por sembrar dudas, Cepeda contará con los votos del centro y la gauche caviar, esa izquierda moderada que odia tanto a la centroderecha y derecha que prefiere volver a regalar la presidencia a la ultraizquierda, pese a su afán por dinamitar la división de poderes y sus propuestas estatistas, corruptas, arbitrarias y ruinosas.
Luego derramarán lágrimas de cocodrilo lamentando haberse equivocado, pero Colombia ya se estará deslizando hacia un sistema autoritario liderado por un rampante comunista, frío, calculador, vengativo, sobrio, mucho más peligroso que el que ahora habita el Palacio de Nariño.
Prueba de la desvergüenza con que actúan es la presencia de Armando Benedetti en la Comisión de Seguimiento Electoral. Supongo que sus interlocutores contendrán la ira, mezclada con ataques de risa, cada vez que intervenga en nombre de su jefe, con el que apenas se habla y ni siquiera apuestan por el mismo sucesor.
Benedetti trabaja para Roy, convencido de que obrará el milagro. Pero el impresentable Quintero, que era favorito frente a Cepeda antes de que lo inhabilitaran, aplastará a su rival por mucha plata que tenga el saltimbanqui para aceitar su vetusta maquinaria.
Los de la orilla contraria, de derecha o centroderecha sin complejos, que defienden la Colombia democrática, de libre mercado, tienen claras opciones el 8 de marzo. Dos mujeres en la gran consulta, dos listas cerradas, candidatos de esos y otros partidos a Congreso y Senado que luchan por lo mismo y son insobornables.Ni todo está perdido ni todos los políticos son iguales.










