La entrevista entre Petro y Trump tenía a Colombia “en ascuas”, ya que, antes de la invitación de Trump, el futuro de las relaciones entre los dos países lucía sombrío y peligroso.
Por lo tanto, el resultado cayó como bálsamo, ya que muchos temían que, dada la intemperancia de los mandatarios, Trump, en un arrebato durante la entrevista, impusiera a los productos colombianos los aranceles que había anunciado al principio de su mandato. No fue así: la entrevista resultó cordial y amistosa.
Ya superado el susto, vienen los análisis de cómo se produjo un cambio tan radical y sobre las expectativas después de la reunión.
Ante todo, hubo por parte de la Embajada de Colombia en Washington, del embajador y de su equipo, una acción discreta y persistente que comenzó desde los últimos meses del año pasado, con el senador Randal Paul y su equipo, ya que la puerta de Marco Rubio estaba cerrada. Se buscó que el senador hablara con Trump para tratar de recomponer las agrias relaciones entre los dos presidentes.
Paul, aunque republicano, había criticado al mandatario estadounidense por los costos de las acciones militares que había emprendido en varias partes del mundo, incluso en el Caribe, frente a las costas venezolanas, antes de la “extracción” de Maduro.
Finalmente, Paul sugirió a Trump que llamara a Petro y lo invitara a Washington. Así lo hizo el mandatario estadounidense, que además ratificó la invitación en una cordial comunicación, precisamente cuando nuestro presidente se preparaba para ordenar la resistencia general en el país, municipio por municipio y casa por casa, incluida la orden a sus ministros para que se armaran, se pusieran casco de guerra y tomaran posiciones para defender el palacio presidencial, como en la batalla de Stalingrado en la Segunda Guerra Mundial.
De todas maneras, al secretario de Estado, Rubio, no le gustó “la intromisión” del senador Paul, y así se lo hizo saber entre chiste y chanza.
Pero además de la gestión diplomática, es evidente que la cooperación entre los dos países en este momento es indispensable. La lucha contra el narcotráfico es compartida, aunque con diferentes estrategias. Igualmente, mientras Estados Unidos “administra” a Venezuela, Colombia está en la incertidumbre con relación a su vecino, ya que, aunque para su reconstrucción requiere de enormes inversiones, seguramente los empresarios colombianos no se arriesgarán a invertir hasta que la situación no se aclare suficientemente.
Igualmente, los grupos armados colombianos que allí se encuentran deben estar a la expectativa. Petro en alguna ocasión les había pedido que regresaran a Colombia, pero ahora, con los acuerdos de Washington, será indispensable que Estados Unidos dé instrucciones a la Fuerza Armada venezolana para iniciar, en coordinación con las Fuerzas Militares de Colombia, una acción coordinada contra ellos.
El problema es que la fuerza armada venezolana, altamente politizada, se convirtió, con algunas excepciones, en un órgano de represión doméstica. Además, debió haber quedado desmoralizada, cuando no pudo evitar la captura de su comandante y jefe.
De todas maneras, habrá ahora que poner en ejecución las coincidencias de Petro y Trump en la reunión de Washington y evitar que todo se quede en apretones de manos, ya que, después del éxito, no es conveniente que sobrevenga un escepticismo generalizado.
En esa forma se podría restablecer el rumbo de una relación indispensable, que incluso podría servir de guía para el próximo Gobierno, sin que ello implique caer en la claudicación y la obsecuencia.










