OPINIÓN

David René Moreno Moreno

Opresión o libertad

No se puede dudar de que se quiere fortalecer la democracia en lugar de dar continuidad a una ideología dictatorial.
4 de marzo de 2026, 10:00 a. m.

Una de las citas más famosas de la literatura universal se le atribuye a Shakespeare en su obra Hamlet, cuando menciona “ser o no ser, esa es la cuestión”, lo cual resume la vacilación y la duda frente a situaciones trascendentales; en Colombia, estamos frente a la más importante decisión de la vida republicana, donde se puede continuar por el camino escabroso del socialismo del siglo XXI en su manifestación progresista o, por el contrario, se corrige el rumbo buscando la superación, la prosperidad y la mejor calidad de vida para los 52 millones de ciudadanos afectados profundamente por las secuelas negativas de una ideología perversa y represiva.

La inversión de los valores, la desinformación y el engaño como forma de comunicación para lograr adhesión o para despertar odios, el victimismo crónico para desprestigiar a la oposición, la corrupción en todas sus manifestaciones, el permanente enfrentamiento con los poderes constitucionales, el debilitamiento de las instituciones, la amenaza de un ‘brutal estallido social’ ante el freno a los caprichos gubernamentales, son algunos de los baches que maltratan el libre curso de la democracia; el poder embriaga, hace perder el contacto con la realidad y como mencionaba un articulista, el exceso de poder o el poder sin control embrutece y se convierte en la madre de todos los horrores.

Se habla de un nuevo orden mundial donde la lucha contra el narcotráfico y los innumerables delitos conexos ocupa el primer lugar, pero también estamos viviendo una nueva fase de Guerra Fría donde continúa la lucha para alcanzar el máximo poder mundial, pugna donde sin duda el capitalismo se encuentra amenazado por el mismo comunismo que después de la caída del muro de Berlín en 1989 se creía totalmente afectado, pero hoy está ‘vivito y coleando’ vistiendo otros ropajes; Cuba, Venezuela, Nicaragua y desde hace tres largos años, Colombia, son parte de ese botín que tanto ha interesado a Rusia y a sus aliados, por lo cual el cambio de dirección ideológica en nuestro país será un hueso duro de roer.

Aferrarse al poder e imponer la ‘tiranía de las minorías’ es claramente el objetivo del Gobierno, pues desde el primer día se ha empeñado en conquistar votantes con la amarga miel de las prebendas como la disminución de la jornada laboral, el pago tempranero de las horas nocturnas, los subsidios a los malhechores para que dejen de delinquir, el incremento desmedido del salario mínimo, el otorgamiento de nacionalidad a muchos emigrantes y ‘amigotes’ extranjeros, las órdenes para movilizar comunidades a fin de ‘mostrar adhesión voluntaria’, las instrucciones a los integrantes de las instituciones estatales para que salgan a marchar en favor del líder y muchas otras que solo buscan desafiar la verdadera democracia.

Los políticos continúan en su lucha, impulsados por los egos y ambiciones, pero no se han querido dar cuenta de que Colombia se puede hundir frente a la arremetida comunista; como dice el refrán popular, ‘se van a quedar sin el pan y sin el queso’. El autoritarismo se impondrá destruyendo la democracia y coartando las libertades, acabando con la propiedad privada e imponiendo a rajatabla los dogmas progresistas que claramente amenazan los valores tradicionales. Pero lo que causa mayor impacto es el silencio o la sumisión de quienes tienen algo para perder, pues sus voces no se escuchan; cuando las mayorías callan, las minorías deciden por ellas y es lo que tristemente está sucediendo en el país. Qué vergüenza.

Las próximas elecciones marcarán el ‘ahora o nunca’ para Colombia, pues en el caso de dar continuidad a la actual ideología, habrá que esperar muchas décadas para desmontar el andamiaje zurdo que nos agobia; parece que a pesar de las amargas experiencias mundiales, la aplicación del Marxismo-Leninismo, mejor conocido como comunismo, no genera aprensión en la población, bien sea por ignorancia o por apatía, pero es claro que si ‘no nos ponemos las pilas’ perderemos el país que tanto significa para nosotros y para nuestros descendientes.

Muchos no escucharon las amargas experiencias de centenares de emigrantes venezolanos que nos prevenían frente a la suerte corrida por ellos bajo la ideología socialista y hoy muchos colombianos se están quejando de su error, pues el comunismo se apoderó de las instituciones y del país. Hemos resistido cuatro años bajo las imposiciones ideológicas del mal llamado progresismo, pero seguramente otro período similar será la estocada final para acabar lo poco que han dejado como país.

Estamos frente a una oportunidad de oro para que unidos se logre derrotar en las urnas a la izquierda; ojalá las personas reflexionen y no se dejen engañar nuevamente por la narrativa que les promete el cielo y la tierra que nunca llegarán. Primero pensemos en la Nación y después en nuestros intereses; todos a las urnas para cumplir con nuestro deber ciudadano y darle el apoyo que requiere la democracia.