Marc Eichmann.

Opinión

¿Nuevo rumbo para la ETB?

ETB y Telefónica Colombia han sido, particularmente, deficientes en la prestación de servicios.

Marc Eichmann
4 de marzo de 2025

Las empresas de telecomunicaciones colombianas no son empresas de tecnología. La tecnología de la que se sirven es suministrada por terceros proveedores como Ericsson, Huawei, Oracle y muchos otros, y no tiene nada que ver con ellas. No se ha visto que ningún operador haya desarrollado algoritmos de compresión de datos, fabricado un metro de fibra óptica o desarrollado un software para manejo de aplicaciones corporativas o de ciudades inteligentes.

Operadores como Claro, ETB, Tigo y Telefónica son empresas cuya prioridad debería ser atender las necesidades de conectividad de millones de personas con un buen nivel de servicio a bajo costo. Para esto se necesita tener procesos eficientes y eficaces en mercadeo, venta e instalación de servicios, mantenimiento y corrección de fallas, y en servicio al cliente. Nada de burocracia, de procedimientos inútiles ni de labores que no aporten a estos fines; pura mentalidad de aerolínea de bajo costo.

En particular, ETB y Telefónica Colombia han sido, particularmente, deficientes en la prestación eficiente de servicios. Telefónica, bajo el mando de abogados y no de ingenieros y expertos en la optimización de procesos, no le ha devuelto a su accionista, el Gobierno nacional, ni un peso. Ni siquiera cumplió con la finalidad más importante cuando se hizo parte de la compañía en 2006: en 2011, el Estado colombiano tuvo que reasumir el pago de las pensiones de los trabajadores de Telecom a cambio de una participación en Movistar, la operación móvil. A raíz de este canje, nunca recibió dividendo alguno hasta el día de hoy, a pesar de que la empresa vendió sus torres, sus redes y hasta su sede.

ETB, por su lado, ha estado plagada de proceso ineficiente y altos costos de personal. Otorga a sus empleados beneficios como cotizaciones de pensiones y salud, servicio médico para los hijos, padres y cónyuge o compañera permanente, los cuales son asumidos por la empresa. Adicionalmente, cuenta con un incentivo por mera liberalidad dirigido al personal con régimen salarial integral. Sus gastos de personal para 2024 fueron de 306 mil millones, equivalentes al 20 % de los ingresos de la compañía. Para el líder del mercado, Comcel Claro, los egresos de personal son de solo el 8 % de los ingresos.

Entendiendo la naturaleza de las empresas de telecomunicaciones, Telefónica Colombia y ETB solo tienen una salida, eso si no es ya demasiado tarde para actuar: volverse eficientes. Se tienen que acabar de una vez por todas los altísimos sueldos para sus directivos, el exceso de personal y las iniciativas no rentables. En el caso de ETB, el sindicato tiene que entrar en razón si no quiere matar la gallina de los huevos de oro que los ha alimentado con exceso hace décadas.

Sin embargo, disminuir los gastos no es suficiente. Las directivas de la ETB, empezando por sus accionistas en la Alcaldía de Bogotá, su junta directiva y su administración tienen que dejar de hacer experimentos que destrozan valor como su ingreso a telefonía móvil y en televisión, su despliegue de fibra en Bogotá, que se hizo diez años antes de que se necesitara, su participación en contact y data centers, su negocio de centros poblados; todas iniciativas que no fueron exitosas y tienen hoy a la ETB en una posición financiera cercana a la insolvencia.

En días anteriores, en un comunicado a la opinión pública, el presidente de la ETB manifestó un giro en su estrategia que contiene un elemento para aplaudir, su intención de racionalizar el gasto que ojalá no sea superficial, sino profunda, aunque dolorosa. De vez en cuando, con el fin de preservar la vida de un paciente, es necesario amputarle las piernas y no solamente ponerle un par de curitas.

Sin embargo, en el mismo comunicado, la ETB anuncia que la compañía tendrá dos focos de negocio adicionales, EduTech y SaludTech, para prestar servicios en educación y salud. Desafortunadamente, estos sectores no tienen ingresos relevantes para el tamaño de la ETB y requieren de una cultura radicalmente diferente a la existente en los operadores de telecomunicaciones. Aunque hay que desearle lo mejor, muy probablemente estas iniciativas se quedarán en anuncios a los periodistas o negocios incipientes y no relevantes para la organización, como ocurrió con las iniciativas descritas anteriormente en este escrito.

Por otro lado, la difícil situación de liquidez de la empresa requeriría eventualmente que se acoja a ley de restructuración financiera por insolvencia. La dificultad en este camino sería la posible injerencia del gobierno central en la entidad desde las superintendencias, lo cual se ve difícil en un ambiente de confrontación entre la Alcaldía y el presidente Petro. No facilita tampoco la solución tener accionistas minoritarios cuyas acciones han caído de un máximo de COP 1000 a menos de COP 52.

Mirando para atrás, es una lástima que alcaldes como Gustavo Petro y Claudia López, en vez de darle viabilidad al negocio de la ETB desde el punto de vista empresarial, hayan preferido administraciones en las cuales los inconvenientes de retar al sindicato de la empresa les convenga desde el punto de vista electoral. Por lo general, los grandes anuncios y las operaciones ineficientes son precursores de las dificultades empresariales mayores que le toca capotear a esta administración.

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