OPINIÓN

Redacción Semana

La matanza que preocupa a Calarcá

Más que el elevado número de bajas, a Mordisco lo enfureció la inusual manera de matarlos, así como las dudas acerca de dos curtidos comandantes.
31 de enero de 2026, 9:03 a. m.

“¿Ya entienden por qué estamos en guerra hace 78 años?”, preguntó el petrista Bolívar, quejoso de que la Corte Constitucional desoiga las órdenes de la tribu ultraizquierdista.

Puesto que su jefe y quien aspira a sucederlo solo conocen la otra Colombia detrás de los vidrios polarizados de sus camionetas blindadas y sus cordones de escoltas, creen que las balas son la lógica respuesta a la pobreza de millones de colombianos y al subdesarrollo de las zonas rojas.

Acabo de regresar de dos regiones –Catatumbo y Guaviare– sometidas a los grupos criminales y vuelvo a constatar que a Petro y Cepeda no les importan los muertos, secuestros, extorsiones ni desplazamientos si no les sirven de armas arrojadizas contra la derecha.

Guaviare ha sido siempre territorio del frente Primero de las Farc, que en su día mantuvo en sus garras a Ingrid y a sus compañeros secuestrados. Uno de sus comandantes, Iván Mordisco, fundó en 2016 la primera disidencia, que acrecentó su poder en este Gobierno. Jamás creyó en la paz de Santos y luego se le unió el fallecido Gentil Duarte.

El 16 de enero pasado perdió a 26 guerrilleros en zona rural del municipio de El Retorno, cerca del centro poblado La Paz, su inexpugnable fortín. Situado en las cercanías del río Inírida, corredor de coca y marihuana hasta Brasil, con minas de coltán y tungsteno en sus proximidades y de oro en su lecho.

Más que el elevado número de bajas, a Mordisco lo enfureció la inusual manera de matarlos, así como las dudas acerca de dos curtidos comandantes. Tanto es así que estará rumiando la venganza desde su guarida de Morichal, sobre el Inírida, en la frontera con Guainía, y alistando tropa para atacar al frente 7 de Calarcá, y extremando las precauciones hasta saber si los traicionaron. Después de hablar con distintos pobladores, pero sin llegar al punto de la matanza porque nadie te lleva sin permiso de las Farc y en estos momentos no lo dan, los hechos habrían sucedido de la siguiente manera:

El nutrido grupo de guerrilleros descansaba junto a una trocha ancha, al lado de un caño, relajados, desprevenidos, tras una caminata de varios kilómetros. No pusieron centinelas, quizá por encontrarse en campo abierto, sumado a la seguridad que ofrece encontrarse en área de La Paz.

Un puñado de hombres de Calarcá habría arribado a las cercanías en unas pocas camionetas o de otra manera que desconocen. Amparándose en la noche y por sorpresa, los rodearon, los desarmaron, ordenaron que se tumbaran en el suelo con la promesa de respetarles la vida. Por alguna razón, sin previo aviso, los masacraron con tiros de gracia. Incluso remataron a un herido.

Nadie escuchó intercambio de disparos, propio de un combate, ni avistaron decenas de guerrilleros del otro bando. Cuando los vecinos pudieron acudir al sitio, vieron muchas vainillas al lado de los cadáveres, como si los de Calarcá pretendieran simular un enfrentamiento. Varios me dijeron que el Ejército le colabora a Calarcá, lo que facilita su movilidad por los dominios de sus enemigos.

Fueron 29 los muertos, aunque solo dejaron trasladar 26 cuerpos, guerrilleros todos, hasta la capital San José, cinco mujeres y cuatro menores de edad entre ellos. La mayoría procedía del Cauca, departamento que más nutre a Mordisco, y de otras partes del país. La otra hipótesis, que barajan las autoridades, pero no escuché de boca de los campesinos, señala que el avezado comandante Corea se pasó a las filas de Calarcá y dopó a su grupo con alguna sustancia para facilitar las ejecuciones y luego desapareció.

También dicen que se voló el comandante Jimmy, sanguinario y temido, con una millonaria suma de dinero de la organización. Si fuese cierto, Mordisco habría perdido a dos fichas importantes para pelear con su antiguo camarada. Son pocos los guerrilleros experimentados y los mandos avezados en los que Mordisco pueda confiar por completo.

En La Paz, alias la Morocha, que fue madre hace un año y ronda la treintena, es de sus entrañas. Igual que Pescado, curtido comandante que trasladó desde Arauca, del que contaban atrocidades cuando operaba allá.

Calarcá se vio obligado a relatar la mentira de que no fueron tiros de gracia, sino combate, temiendo que semejante matazón lo alejara del Gobierno. Pero no debería inquietarse, a Petro no le preocuparon 12 menores de edad muertos en un bombardeo, ni esos tiros de gracia ni la suerte de la población civil que sufrirá las consecuencias de la advertida escalada violenta que padecerán Calamar, Retorno y Miraflores.

Solo necesita la cabeza de Mordisco para clamar que posee idéntica mano dura a la derecha, tanto para ganar votos como para que Trump lo saque de la Lista Clinton. Pero si lo atraparan, quedaría su segundo, Alonso 45, y la violencia continuaría.

Es lo opuesto a la pregunta de Bolívar. Solo la capital San José vive en relativa paz, pero no progresará mientras pervivan las guerrillas en un departamento con una situación geográfica privilegiada para la economía criminal. n