OPINIÓN

Salud Hernández-Mora

La incoherencia de Aida Quilcué

No los quieren en sus resguardos; los han secuestrado, hostigado, insultado, maltratado.
1 de mayo de 2026 a las 7:38 a. m.

Han sido enemigos de la Fuerza Pública; no los quieren en sus resguardos, los han secuestrado, hostigado, insultado, maltratado. Por si no fuese suficiente, proponen continuar la labor de un Gobierno que ha tenido como uno de sus ejes principales debilitar al Ejército y propiciar el fortalecimiento de las bandas criminales con su nefasta paz total.

Con tales antecedentes, la aspirante a vicepresidenta de Iván Cepeda se permite criticar a los uniformados y a la inteligencia castrense por la última oleada terrorista en el Cauca. Y en lugar de marcar una nueva ruta y unir al país contra el terrorismo, culpó a sus rivales de derecha por lo sucedido.

Si Aida Quilcué tuviese un mínimo pudor, admitiría que el Cric y, sobre todo, la política de Defensa y antinarcóticos de este gobierno de extrema izquierda son parte del problema.

Lo frustrante no es solo que el dúo Cepeda-Quilcué pueda ahondar aún más la violencia si llegaran a ganar las presidenciales, sino que el Cauca corre el riesgo de convertirse en un departamento fallido, sin esperanza alguna de mejora en el corto y medio plazo.

Esta semana, Petro, pensando en las elecciones y en arrebatarles a sus rivales la imagen de mano dura, anuncia que militarizará la Panamericana, una decisión que debió adoptar desde que las guerrillas tomaron el control de una vía clave que ha sido muy castigada. El paso dado es la palpable demostración de que no lo hizo antes porque prefería arrebatar el mando al Ejército y dejarlo en manos de las Farc, el ELN y el Cric.

Son incontables los atentados en esa carretera que une al Valle del Cauca, Cauca y Nariño y desemboca en Ecuador, y nunca le importaron a Petro lo más mínimo. Como tampoco le preocuparon los paros de dicha organización indígena, aliada de su Gobierno.

No cambiará nada de manera sustancial en la región mientras impere la narrativa de la izquierda y no sellen un acuerdo nacional que debería comenzar por hacer una radiografía realista de la situación. Si no coinciden en el diagnóstico, menos podrán aplicar los remedios efectivos de largo plazo.

Pero el Cauca reúne un abanico de factores complejos, de raíces profundas, que obstaculizan la convivencia y el progreso. Citaré solo algunos.

1. Los extensos cultivos de coca y marihuana, así como la explotación ilegal de oro, han impregnado de cultura de la ilegalidad a amplios núcleos de la población. Sin olvidar la catástrofe ambiental que generan, que a nadie parece preocuparle.

2. El Ejército y la Policía son convidados de piedra. Carecen de suficientes recursos, incluida la inteligencia. Ni siquiera tienen cómo contrarrestar los permanentes ataques con drones y tampoco cuentan con el apoyo y la confianza de la población en buena parte del territorio.

3. La justicia es igual de inoperante en más de dos tercios del Cauca. Fiscales y jueces ejercen su labor con las manos atadas, indefensos ante los violentos. Ejemplo: a los testigos de la masacre de Karina García en Betulia, Suárez, los citaban en Santander de Quilichao, imposible en el lugar de los hechos. Los matarían. Lo mismo ocurre en Argelia, Toribío, Jambaló, Mercaderes y un largo etcétera. En demasiados municipios rige la ley de la guerrilla.

4. En el norte, los gobiernos nacionales concedieron al Cric un poder excesivo que utilizan de manera tiránica. Amedrentan a los indígenas que no aceptan su mando, canalizan los multimillonarios fondos que reciben conforme a sus intereses políticos y particulares, y abren abismos entre ellos y blancos, colonos y afros mediante las invasiones de fincas, asesinatos y otros abusos. Y sin considerar el riesgo que supone para sus propios integrantes, permiten el narcotráfico y en ocasiones establecen alianzas con las guerrillas, según denuncias locales.

5. La infraestructura de transporte es tercermundista, con escasas excepciones. Y cortar la Panamericana, la única arteria, o hacerla escenario de atentados terroristas, se volvió costumbre, causando pérdidas billonarias.

6. La inseguridad y la desprotección frente a los grupos armados frenan la inversión. Igual que la corrupción, que campa a sus anchas.

7. La diversidad racial, en lugar de riqueza cultural, la volvieron un foco de conflicto, de división social.

NOTA: Petro es muy activo defendiendo al matón Iván Márquez, aún refugiado en la Venezuela de su amiga Delcy, y a Simón Trinidad, pero muy silencioso frente al secuestro de sus soldados. Igual que Aida Quilcué.

Les recuerdo que en Cauca siguen en manos de las Farc-EP, herederas de la guerrilla de Márquez y Timochenko, Jamerson Guachetá, José David Buitrón, Víctor Hugo Yepes, Harold Ricardo Martínez y el policía José Oneidi Larrahondo.

Jamerson se desplazaba en julio, de civil, en una chiva; a José David lo sacaron de su casa en agosto, el mismo mes en que se llevaron a José Oneidi estando de permiso; Harold viajaba en octubre a Popayán, desde La Plata, para conocer a su hijo recién nacido, y a Víctor Hugo lo secuestraron tras un combate.