OPINIÓN

Wilson Ruiz Orejuela

Giro a la derecha

La izquierda sabe que ya no enfrenta una oposición dispersa.
12 de marzo de 2026, 11:00 a. m.

Las elecciones del pasado fin de semana confirmaron un mensaje político que vimos reflejado en las urnas. El país comienza a reaccionar. Más allá de los resultados puntuales, lo ocurrido revela un cambio en el clima político nacional y una reorganización evidente y creciente de la derecha que vuelve a movilizar votantes y a disputar con fuerza el rumbo del país.

En Colombia, como en buena parte de la región, el péndulo político parece moverse nuevamente hacia la derecha, hacia una nueva derecha. Una muestra clara de ello es el resultado del Centro Democrático, que pasó de tener 13 curules en Senado a 17, y de 16 en Cámara a 30, consolidándose una vez más como una de las principales fuerzas políticas del país.

También es destacable y admirable el resultado del Movimiento Salvación Nacional, que alcanzó cuatro senadores y una curul en la Cámara por Bogotá. Estas listas contaron con el respaldo del candidato presidencial Abelardo de la Espriella, quien ha venido impulsando un discurso firme en defensa de la institucionalidad, la seguridad y la legalidad.

Salvación Nacional se suma así a este momento político como una voz que busca contribuir desde el Congreso de la República a la transformación que necesita Colombia: una que fortalezca las instituciones, garantice justicia, recupere la seguridad y defienda los valores fundamentales de nuestra sociedad.

Entretanto, la izquierda sufrió un revés significativo en las consultas interpartidistas. Las desgastadas figuras de Roy Barreras y Claudia López obtuvieron en conjunto 1.214.683 votos, frente a los 5.857.395 que reunió la Gran Consulta por Colombia. La diferencia no solo es amplia, sino políticamente reveladora.

Dentro de esa consulta, la de centroderecha, la senadora Paloma Valencia obtuvo un triunfo contundente con más de 3,2 millones de votos, lo que no solo la posiciona como una figura determinante dentro de la derecha, sino que la proyecta con fuerza en la carrera presidencial.

Las cifras permiten una comparación inevitable. Mientras Valencia superó los tres millones de votos en la consulta de la derecha, Iván Cepeda había ganado la consulta de la izquierda meses atrás con cerca de 1,5 millones. La diferencia es significativa: la derecha logró movilizar más del doble de ciudadanos sin ser gobierno y sin el soterrado respaldo que desde el Ejecutivo recibe Cepeda y las listas del Pacto.

Este contraste comienza a desmontar la narrativa de una supuesta hegemonía electoral del petrismo. Aunque el proyecto político del Gobierno conserva un respaldo importante, mayoritariamente apoyado desde la financiación pública y la abierta participación en política de los altos dignatarios gubernamentales, los números muestran señales de desgaste y una resistencia creciente en amplios sectores del país que sienten que el prometido “cambio” terminó convertido en una anunciada decepción.

En el Senado también se refleja este nuevo equilibrio. El Pacto Histórico obtuvo alrededor de 4,4 millones de votos, convirtiéndose en la lista más votada, entre otras, por las razones antes indicadas. La votación del Pacto se traduce en cerca de 25 curules, muy lejos de una mayoría que le permita controlar el Congreso, y aún más distante de las 40 o incluso 50 curules que algunos de sus dirigentes llegaron a pronosticar, sin contar que al interior del Congreso ya no cuentan con el apoyo de las guerrillas convertidas en partidos políticos y acreedoras en las pasadas legislaturas de inmerecidas curules en el Congreso.

Evidente resulta también el constante y sostenido liderazgo del expresidente Álvaro Uribe Vélez, quien continúa teniendo influencia en la reorganización política del hoy sector de oposición. El uribismo demuestra pragmatismo político, orden, estructura, liderazgo visible y capacidad de movilización electoral.

Si bien las elecciones del fin de semana no definieron aún quién será el próximo presidente de Colombia, es innegable que la señal política es clara ante el país: no queremos otro gobierno de izquierda destructiva; es el tiempo del surgimiento de nuevos liderazgos y otras caras de la derecha en Colombia, una nueva derecha, las cuales son a la fecha la alternativa política válida para reconfigurar el rumbo político de Colombia.

La izquierda sabe que ya no enfrenta una oposición dispersa, sino un bloque político que comienza a reagruparse, recuperar terreno y ofrecer una alternativa frente al rumbo del actual gobierno.

El resultado electoral nos regala una sensación que muchos comparten, la esperanza de que Colombia pueda volver a construir un camino basado en la justicia, la seguridad, la libertad y el respeto por las instituciones. El giro a la derecha es, a su vez, necesario como inminente.