Las consultas interpartidistas del 8 de marzo no definirán al próximo presidente, pero sí alterarán el orden del tablero. Una vez se midan fuerzas en las elecciones legislativas y, sobre todo, en las consultas, el panorama quedará mucho más claro. La encuesta publicada el miércoles 25 de febrero por Invamer modificó el ambiente, pero no cambió las piezas en juego.
Por ahora, seis figuras tienen opciones reales de llegar a la Casa de Nariño: dos cercanas al Gobierno, dos de centro y dos del espectro uribista. De izquierda a derecha, los aspirantes son: Iván Cepeda, Roy Barreras, Claudia López, Sergio Fajardo, Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella.
Cepeda consolidó el petrismo y Abelardo el antipetrismo. Hoy, tras la medición de Invamer, el orden es claro: Cepeda lidera, Abelardo se mantiene segundo y Claudia emerge como tercera fuerza en crecimiento.
La encuesta no solo ubica a Cepeda arriba en primera y segunda vuelta; también registra una mejora en la percepción frente al Gobierno, en un momento en que el Ejecutivo capitalizó decisiones como el aumento del salario mínimo y un tono más pragmático en política exterior. Ese entorno favorece al candidato más cercano a esa línea.
Los dos punteros no participan en las interpartidistas, pero el desenlace de cualquiera de ellas puede reordenar el tablero. Se espera que en las legislativas voten cerca de 20 millones de personas y que, en conjunto, las tres consultas ronden los 10 millones de sufragios. La discusión no gira únicamente en torno a quién se impondrá, sino al tamaño de su victoria.
En la centro derecha, la cuestión es si el total de votos de la Gran Consulta le dará suficientes argumentos a Uribe para mantener su apoyo a Paloma y evitar una adhesión temprana a la campaña de Abelardo. Si no alcanzan al menos 3,5 millones, habría sabor a derrota. Creo que van a superar esa cifra, pero dudo que sea una victoria contundente.
El verdadero reto no es solo ganar la consulta, sino retener el bloque. Paloma se presenta como una opción más moderada que Abelardo, pero parte del electorado de Galán y Oviedo no es transferible al uribismo.
Además, el Centro Democrático no atraviesa su momento más armónico; las directivas han tenido fricciones con figuras de peso como Cabal, Holguín y Uribe Londoño. Al mismo tiempo, una parte significativa de uribistas percibe que el candidato debería ser Abelardo. Ese malestar interno podría influir en el comportamiento electoral.
Por su parte, Abelardo respondió ampliando su espectro más allá del uribismo, tejiendo alianzas regionales y respaldando listas como Salvación Nacional y Creemos. Esa competencia afecta directamente al Centro Democrático y dificulta una adhesión temprana del expresidente a De la Espriella.
No debe subestimarse la capacidad política de Uribe, que ha trabajado como si enfrentara su primera elección. Es factible que Paloma alcance una votación significativa. Sin embargo, tampoco parece probable que Abelardo decline antes de la primera vuelta; sus compromisos lo obligan, al menos, a medir fuerzas en las urnas. Todo indica que la derecha podría llegar fragmentada a mayo.
En la centroizquierda hay una paradoja: aunque Quintero lidera en las encuestas, las consultas no siempre las gana quien mejor mide, sino quien cuenta con una estructura territorial sólida.
Roy Barreras cuenta con múltiples redes regionales vinculadas a su lista al Congreso, con líderes locales de distintos partidos y con el respaldo de sindicatos como la CUT, Fecode, la USO, la CGT y la CTC. Esa red no necesariamente aparece en la medición general. Además, podría captar voto útil en contra de Cepeda. Si vence con el millón y medio de votos que obtuvo Iván en octubre, su aspiración presidencial ganaría peso dentro del Gobierno.
Claudia decidió promover una consulta en el centro entendiendo que no era solo un mecanismo de selección, sino una plataforma. Aprovecha su alto reconocimiento en el tarjetón. Según Invamer, su consulta podría rondar el millón trescientos mil votos, cifra equivalente al porcentaje que hoy registra Fajardo en primera vuelta.
Si materializa esa proyección o incluso la supera, el resultado dejaría de ser simplemente competitivo y podría convertirse en un fenómeno político con efectos inmediatos en el tablero. En ese caso, una convergencia entre Fajardo y Claudia no sería descartable para darle viabilidad al centro. Aun así, es prematuro darlo por hecho. Nada está definido.
Los partidos tradicionales, carentes de liderazgos presidenciables propios, también observarán con atención el resultado de las tres consultas y el desempeño de quienes no participan en ellas. Algunos dirigentes ya han elegido bando, pero las bases se han concentrado en las legislativas, donde podrían superar los cuatro millones de votos, un caudal electoral que buscarán hacer valer en la conformación del próximo gobierno.
El resultado de las consultas no cerrará la competencia, pero sí redefinirá los incentivos. A partir del 9 de marzo comenzará la verdadera negociación: quién suma, quién espera y quién decide jugar solo hasta la primera vuelta.
En el bloque cercano al Gobierno, lo previsible sería que Roy y Cepeda compitan por separado en la elección general. No obstante, considero que existe alguna probabilidad de que confluyan antes de esa instancia. Un acuerdo hacia finales de abril no sería descartable. En la derecha, en cambio, la competencia por el liderazgo parece más profunda y menos transaccional. En el centro, todo dependerá del tamaño de la consulta: si Claudia logra un resultado significativo, podría ordenar ese espacio; de lo contrario, Fajardo y ella llegarían fragmentados.
La elección no se está jugando únicamente en las urnas, sino en la arquitectura de las alianzas. La verdadera disputa no está en quién gane una consulta, sino en quién logre convertir ese resultado en una coalición viable de gobierno.
La polarización ofrece certezas a los extremos, pero también abre espacio para movimientos tácticos de última hora. Marzo medirá fuerzas; abril revelará pactos; mayo pondrá a prueba la capacidad real de cada liderazgo. En esa secuencia, lo determinante no será solo la votación obtenida, sino la habilidad para transformarla en poder.










