OPINIÓN

Redacción Semana

El encuentro

Washington ha sido explícito en su decisión de apoyar a los aliados activos en la lucha contra las drogas y castigar, con presión política y económica, a quienes no cooperen. Esa lógica puede traducirse en ayuda para Ecuador y en costos para Colombia.
31 de enero de 2026, 8:58 a. m.

La esperada cita entre Gustavo Petro y Donald Trump promete ser, si no un fracaso diplomático total, al menos un episodio de alto riesgo para la posición internacional de Colombia. Me explico.

Las señales previas no invitan al optimismo: el presidente colombiano ha dedicado los últimos días a atacar públicamente a la administración estadounidense y a defender al régimen de Nicolás Maduro, llegando a afirmar que este estaría “secuestrado por Estados Unidos”. Ese tono confrontacional no parece la mejor preparación para una negociación cuya dinámica estará, con toda seguridad, marcada por la Casa Blanca.

Hablé con Kevin Whitaker, exembajador de Estados Unidos en Colombia, quien resumió con claridad lo que en diplomacia suele funcionar: a Trump hay que recibirlo con un regalo y con una propuesta que le resulte útil. Consejos sencillos en su formulación, pero que exigen humildad, cálculo estratégico y disciplina en el manejo del discurso. Tres cualidades que, a juzgar por los episodios recientes, no parecen estar a la mano del mandatario colombiano. Petro tiende a imponer la agenda desde su narrativa: acusa, polariza y pone condiciones públicas que, en el terreno de las relaciones internacionales, limitan su capacidad de ceder. Y, en este contexto, negociar no es solo ofrecer, sino también construir confianza. Petro no la crea.

El entorno externo añade elementos inquietantes. El anuncio de medidas comerciales de Ecuador contra Colombia, alegando falta de colaboración en la lucha contra las drogas, tiene el aspecto de una presión coordinada con Estados Unidos. Desde el año pasado, el presidente Daniel Noboa ha sostenido reuniones de alto nivel con representantes de Washington y, pocos días después de que se anunciaran sanciones previstas contra Colombia, Ecuador recibió la visita de Joseph Humire, un funcionario estadounidense cercano a los temas de seguridad hemisférica.

No es trivial: Washington ha sido explícito en su decisión de apoyar a los aliados activos en la lucha contra las drogas y castigar, con presión política y económica, a quienes no cooperen. Esa lógica puede traducirse en ayuda para Ecuador y en costos para Colombia.

Paralelamente, se movieron investigaciones en España y Ecuador contra políticos vinculados con lavado de dinero proveniente del chavismo –recursos usados, presuntamente, para financiar campañas políticas–. Ese capítulo, que desnudó redes de intermediación y financiación del régimen de Maduro en la región, sugiere que la narrativa sobre la relación entre ciertos actores políticos y el chavismo seguirá alimentando pesquisas y sanciones. En Colombia, el episodio de la “chaveznarcopolítica” aún está por escribirse del todo y su resolución influirá en la percepción estadounidense sobre la credibilidad de Bogotá.

En la esfera interna, la escena también ofrece hechos inquietantes. El viernes se supo que Roy Barreras, otrora aliado cercano de Petro y hoy aspirante a la presidencia, se reunió con Bernie Moreno, senador estadounidense crítico del presidente colombiano. Barreras sostiene que el encuentro buscó disipar dudas; fuentes de política exterior, por el contrario, afirman que en Washington hay registros y preocupaciones sobre posibles acusaciones formales –que podrían alcanzar a funcionarios y, eventualmente, a familiares del propio presidente–. Ese rumor más que anecdótico sugiere que la Casa Blanca podría utilizar la cumbre para presionar, amarrar reclamos o, en el peor de los casos, humillar políticamente a quien considera un actor problemático.

Es inevitable preguntarse cuál es el objetivo real de la Casa Blanca al invitar a Petro al Despacho Oval. ¿Acaso se trata de una oportunidad genuina para reencauzar relaciones, o de una maniobra con la que los garantes de la política estadounidense fijan condiciones y buscan sacar ventaja de las debilidades de Bogotá? La respuesta más cruda es la que muchos actores políticos y diplomáticos temen: llevar al mandatario a la boca del lobo para exponer sus fallas, exigir resultados en materia de drogas y desafiar su cercanía histórica con el régimen de Maduro. Si esa es la intención, el encuentro podría dejar a Colombia en una posición más débil que la actual. n