La Semana Santa es, para millones de colombianos, un tiempo de silencio, de pausa y de recogimiento, pero detenernos a reflexionar en medio de tanta polarización parece una misión imposible.
Estamos atrapados en el ataque, en la descalificación y en la mentira. La política, que debería unir propósitos, terminó separando amistades y familias. Lo digo también desde lo personal, porque, por cuenta de la política, he perdido grandes amigos.
Colombia hoy no solo está dividida, también está herida. Herida por la inseguridad que se tomó las regiones, por la salud que agoniza, por la corrupción que carcome las instituciones, por la incertidumbre económica que golpea a las familias.
Estamos ante un momento decisivo, de esos que marcan a las próximas generaciones, sin embargo, pareciera que no hemos entendido todo lo que está en riesgo; estamos más ocupados en atacarnos entre quienes compartimos principios democráticos que en construir un camino común para recuperar el rumbo.
Los ataques, especialmente en redes sociales, le están haciendo daño a ese propósito común, y lo más grave es que empezamos a parecernos a aquello que tanto hemos criticado: el odio, la descalificación y la costumbre de convertir al contradictor en enemigo. Hoy Colombia exige algo distinto; madurez, carácter y liderazgo para avanzar.
He tenido la oportunidad de conocer a Paloma Valencia en el Congreso, durante estos años nos ha tocado dar batallas difíciles en la oposición, en medio de un ambiente hostil y he podido ser testigo de su capacidad para construir, concertar y escuchar. Nos tocó ser ponentes de la reforma agraria, y fue ella quien lideró un proceso que logró cerca del 90 % de concertación, eso no es un tema menor; habla de su carácter, pero también de su grandeza.
Paloma es una mujer preparada, rigurosa, con experiencia, carácter y criterio, pero, sobre todo, entiende que para avanzar hay que ceder en las diferencias sin negociar los valores ni los principios. Hoy ella, junto a Juan Daniel Oviedo, está enviando el mensaje que Colombia necesita con urgencia, el de sumar, el de reconciliar y el de reconstruir. Si queremos salvar a Colombia de las amenazas que hoy enfrenta, se necesitan acuerdos.
Acuerdos programáticos sobre lo fundamental, con los partidos, con las organizaciones sociales y con los ciudadanos. Acuerdos de cara al país sobre las reformas estructurales que Colombia necesita, se requiere construir una coalición democrática amplia que ponga por encima de los egos y la ideología lo que realmente importa: la seguridad, la salud, la reactivación económica, la vivienda, la infraestructura, la energía, las instituciones y también la defensa de nuestros niños; ahí debería estar la discusión, en las propuestas, en cómo resolver los problemas.
No conozco personalmente al abogado Abelardo de la Espriella, pero no me cabe duda de que es un demócrata y, en democracia, las diferencias no son el problema. Por eso, si el camino lo lleva a una segunda vuelta, estaremos a la altura, sin ego, sin mezquindad, con sentido de país, unidos.
Pero en esta primera vuelta, mi invitación a mi partido, Cambio Radical, un partido de oposición, y a los colombianos que quieren sumar es a votar por Paloma Valencia y a ganar en primera vuelta, respaldando el liderazgo de una mujer que convoca, que construye y que entiende el momento que está viviendo Colombia, mi invitación es a dar un paso al frente, a entender el momento y a transformar la incertidumbre en esperanza.
Es la hora de que Colombia tenga su primera mujer presidenta, una mujer con carácter, con experiencia y con la capacidad de unir y sanar.
Porque después de la cruz viene la resurrección.
Pero esa resurrección depende de nosotros, de nuestra capacidad de escuchar, de corregir, de conectar y de construir juntos un país más justo.
Colombia no puede seguir crucificada por la división, llegó la hora de empezar a levantarla. En lo personal, ya tomé una decisión, votaré por Paloma Valencia.
