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Opinión

Color de hormiga

Las fuerzas armadas son del Estado y no del gobierno, son los árbitros de la democracia.

David René Moreno Moreno
5 de marzo de 2025

Símbolos de la verdadera democracia son el respeto a la Constitución, a las instituciones y la defensa de los derechos y libertades de la población. El Estado cuenta con una fuerza legítima que protege los intereses de la nación, pero también protege a la población frente a cualquier intento de autocracia, como sucede en las dictaduras que intentan imponer su voluntad mediante la represión aplicada por fuerzas proclives a regímenes corruptos.

La mentira y el discurso populista e incitador a la violencia causan mucho daño, especialmente cuando se pronuncia frente a comunidades que han sido objeto de transbordo ideológico; ningún gobernante que esté visualizando futuro puede hacer apología del delito cometido con anterioridad por sus seguidores, especialmente cuando se buscaba generar el caos y la anarquía para derrocar un gobierno legítimamente elegido.

El jefe de Gobierno, recientemente, convocó a “una gran movilización campesina, nacional, pacífica, pero decidida, para exigir el cumplimiento de los derechos consagrados en la Constitución de 1991″, pero cómo habría sido de interesante que más bien la marcha estuviera orientada a acabar con la corrupción que gravita alrededor del gobierno, que estuviera orientada hacia el cumplimiento de los deberes ciudadanos y no solo a exigir que el Estado le dé a los que no laboran, sino que viven como rémoras pegados a las sobras del Estado.

Sin duda, el Ejecutivo se encuentra en plena campaña política tratando que su ideología siga gobernando a las buenas o a las malas, pero la ven ‘color de hormiga’: se han dado cuenta de que no les queda tan fácil mantener el engaño y seguir embaucando incautos, pues las elecciones del 2026 aún no las tienen amarradas y son muchos los ‘petristes’ que han despertado y no volverán a cometer el mismo error del pasado.

Los sindicatos proclives al socialismo saldrán a marchar en cumplimiento de las órdenes del libreto establecido por la izquierda internacional para ‘respaldar ante el mundo’ las nefastas reformas a la salud, laboral y jurisdicción agraria; tratando de amedrentar al Legislativo para que las aprueben. Además de la gestión directa con el Parlamento por parte de Benedetti, vinculado a lo que podría llamarse ‘escandalos.com’, en lo que han bautizado como ‘los siete pecados judiciales de Benedetti’ que, aparentemente, ‘le resbalan’; qué gran vergüenza.

La odiosa maña de victimizarse y la detestable campaña de sembrar el odio de clases siguen vigentes en todos los discursos populistas. Ahora se queja de que sus cercanos no han hecho su trabajo y descalifica a sus oponentes acusándolos de asesinos para generar temor y rechazo en la población manifestando: “Si llega a ganar la derecha, que en Colombia es extrema derecha, sabe qué hacer: matar”, haciendo de esta forma más sucia la campaña de desprestigio frente a las elecciones de 2026. ¿Qué estarán planeando los bodegueros?

Como no ha logrado ningún avance en el tema central de la paz total, sigue sembrando el camino de espinas y buscando la confrontación. El discurso de Chaparral, Tolima, sin duda pasará a la historia y formará parte del portafolio de resentimientos contra quienes han logrado acumular algún capital, generar empleo para miles de familias y contribuir a mejorar la calidad de vida de muchos, diciendo: “Oiga, como les gusta matar a la juventud, hacer trizas la paz. Hacer trizas la paz es matar a la juventud uniformada de cualquier color; son pobres que se matan entre pobres. Es una división del pueblo con la que la oligarquía se divierte”. ¿Se estará acordando de sus épocas de guerrillero?

Hay numerosas señales que nos alertan sobre el afianzamiento en el país de un sistema absolutista que, posiblemente, impida las elecciones y, con ello, le dé una puñalada certera a la democracia. Los colombianos somos los dueños de nuestro destino, y la indiferencia y la apatía pueden ser algunas de las causas por las cuales el comunismo se aferre a nuestro Estado. Creo que ya aprendimos la dolorosa lección. No podemos volver a fallar ante nuestros hijos.

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