Bogotá
El nuevo Bronx de Bogotá: ¿qué hay detrás de las cinco explosiones en San Bernardo en menos de un mes? Esto es lo que está pasando
El comandante de la Policía de la ciudad aseguró que no es la misma historia de la famosa L y que los responsables de las detonaciones ya están identificados.


En las calles del barrio San Bernardo está impregnado el legado de lo que algún día fue el Bronx de Bogotá, la cuadra más peligrosa de la ciudad que implosionó por un operativo de policía, quizás el más agresivo de los últimos años, en 2016.

Al San Bernardo, ubicado en el corazón del centro de la capital del país, cercano a la casa del presidente y a la antigua comandancia de la Policía Metropolitana, migraron todos aquellos que se quedaron sin un hogar luego de que la policía recuperara el control de la famosa L.
Pero no solo llegaron los bogotanos que huyeron del terror de la guerra entre policías y mafias criminales dentro del Bronx, también lo hicieron los que no querían volver a saber de droga y de muerte, o los que, contiguo a sus casas, tenían hoteles de pique y predios en los que torturaban y quemaban a los muertos en tanques de ácido.
A San Bernardo también llegaron bandas criminales en busca de una nueva sede de operaciones; se asentaron también los habitantes de calle que, ahogados en el consumo de drogas, buscaban a sus proveedores para saciar la necesidad y estos, a su vez, instrumentalizando la necesidad de los consumidores de la calle, empezaron a erigir un nuevo imperio de la droga y el delito.
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Caminar por las calles de San Bernardo se siente casi como estar en un paisaje que alguien fácilmente podría describir como el infierno. La droga se siente en el aire y la muerte persigue cada paso de los transeúntes que se arriesgan a transitar por las cuadras de la zona y no viven allí.
Las bandas criminales se han apoderado del control del famoso ‘Sanber’ y, aunque la presencia de la Policía es fuerte y desde la administración distrital dicen que hay 43 uniformados por cada turno prestando guardia, lo cierto es que pareciera que lo que hay es una barrera de contención para que lo que allí adentro ocurre no se libere al resto de la ciudad.
Cuatro atentados con granadas de fragmentación en menos de un mes y medio son la prueba de que la realidad de San Bernardo va más allá de lo que los discursos oficialistas pueden decir. Una guerra entre organizaciones extranjeras y otras colombianas ha ido modelando desde hace un tiempo las calles del tradicional y emblemático barrio hacia lo que todos recuerdan como el Bronx.

Los Venecos y los Costeños, lanzándose granadas de fragmentación entre ellos, luchan por controlar uno de los mercados más rentables en materia de narcotráfico en la ciudad; quizás, una de las joyas de la corona del crimen, muy parecida al sector de María Paz, en Kennedy, que les ganaron a los Camilos y a Satanás el Tren de Aragua a punta de desmembrar y embolsar a sus contrincantes.
Los ataques con explosivos del último mes en San Bernardo han dejado un saldo de 21 heridos y cuatro muertos, que se convirtieron no solo en la declaratoria de guerra entre las bandas de los Venecos y los Costeños, sino en el aliciente de las autoridades para intervenir en una disputa que es una bomba de tiempo y que amenaza con estallar en otros sectores de la ciudad si no se logra sofocar oportunamente.
Pero el problema del Sanber no es nuevo. Luego de la operación Némesis en el Bronx original, los cabecillas que lograron escapar se dispersaron entre las localidades aledañas del centro y, en 2019, con el desembarco de las bandas venezolanas en Bogotá, comenzó una de las épocas recientes más oscuras de la seguridad en la ciudad.

La detonación de granadas de fragmentación forma parte de un listado de operaciones atemorizantes y sangrientas que son características de las bandas venezolanas y que se han combinado con otras maneras de marcar fronteras invisibles como, por ejemplo, los mal llamados embolsados.
Ese fenómeno, entre 2019 y 2024, dejó más de 80 criminales asesinados, entre dealers, coordinadores de zona, campaneros y capos, que fueron desmembrados y empacados en bolsas plásticas negras y abandonados en zonas estratégicas de la ciudad para izar las banderas de la guerra entre ellos mismos.
El Tren de Aragua, Satanás, los Venecos, los Costeños, los Paisas, los Camilos, los Negros y los Meliani forman parte del mapa criminal que opera en la ciudad y que han querido conquistar al barrio San Bernardo.
Y aunque el recrudecimiento de la situación de orden público en ese punto de la ciudad pareciera algo anómalo, lo cierto es que ese panorama ya lo había advertido la Unidad de Vida de la Fiscalía Seccional Bogotá años atrás: “Lo que estamos viendo no es más que la reacomodación de bandas criminales internacionales que han perdido a sus cabecillas en medio de los operativos de las autoridades y las guerras internas entre ellos mismos (...), lo que se viene será peor porque todas van a arremeter por ganarse un lugar en Bogotá”.

Si bien el comandante de la Policía de Bogotá, quien en 2016 también dirigió la operación de desmantelamiento del Bronx, asegura que el Sanber no es ni parecido a lo que realmente pasó dentro de la L, la verdad es que todo pareciera indicar que el objetivo de los grupos extranjeros es llevar a ese barrio hasta ese punto.
El poder de las estructuras criminales en San Bernardo es tan grande que, según información rastreada por los investigadores, se han detectado al menos 60 cámaras de seguridad, distribuidas en 18 ollas, que son instaladas y monitoreadas por miembros activos de los Venecos y los Costeños, y que funcionan como central del control por extender los tentáculos de las organizaciones.
Además de ello, los investigadores de operaciones especiales aseguran que la ubicación estratégica de San Bernardo, que conecta a toda la ciudad por medio de la avenida Caracas, es el mayor atractivo para que los grupos quieran ostentar su control y usarla como corredor de drogas y armas ilegales. Aunado a esto, quien se quede con la dirección del Sanber también podría controlar toda la L del narcotráfico que acoge a los sectores de Las Cruces, Santa Fe, el Voto Nacional y La Favorita.
Por ahora, los días en el San Bernardo siguen pasando envueltos en medio de la zozobra de saber cuándo será la próxima explosión, entre el silencio de los vecinos que pasan la página de los atentados por temor a que una palabra o comentario mal calculado los pueda convertir en objetivo criminal, pero, sobre todo, los días en el San Bernardo pasan frente a los ojos de los 43 uniformados que custodian la zona creando una barrera de contención que todos los días amenaza más con estallar.