OPINIÓN

Mónica Fonnegra

El costo de esperar validación para liderar

En esta columna, una reflexión sobre la validación interna, el liderazgo y la necesidad de dejar de esperar aprobación externa para ocupar y ejercer el espacio propio.
30 de marzo de 2026, 9:05 p. m.

Llevo años liderando equipos y hay algo que no deja de llamarme la atención: hay personas que saben exactamente lo que valen, pero actúan como si necesitaran que alguien más se los confirmara primero. No es falta de talento ni de preparación. Es algo más difícil de nombrar. Como si esperaran una señal externa para confiar en lo que ya llevan dentro.

Hace poco me encontré con una frase de Mary Wollstonecraft, una escritora y filósofa inglesa a la que no conocía, y sentí que ponía en palabras algo que llevo tiempo observando. Quise saber más: quién era, cuándo había escrito eso. Me sorprendió descubrir que era de 1792. Más de doscientos años. La frase dice: “Yo no deseo que las mujeres tengan poder sobre los hombres, sino sobre ellas mismas”.

Lo que me impactó no fue solo la frase, sino la vigencia. Que algo escrito hace más de dos siglos siga describiendo lo que vemos todos los días. No es que falten oportunidades ni capacidad. Es que, muchas veces, seguimos esperando que alguien nos habilite para ocupar un espacio que ya es nuestro.

Hemos hablado durante años de acceso: quién llega a los cargos de decisión, quién está en las juntas, quién tiene un lugar en la mesa. Y sí, eso importa. Pero hay una conversación que aún no estamos dando con suficiente profundidad: qué pasa una vez que se llega. Porque ocupar un espacio y seguir esperando validación para actuar en él no es lo mismo que liderarlo de verdad. El problema no siempre está afuera. A veces está en esa voz interna que dice: “espera, todavía no; primero asegúrate”.

En mi trabajo lidero equipos diversos: distintas culturas, generaciones y formas de ver el mundo. Y si algo me ha enseñado esa experiencia es que el liderazgo que funciona no es el que impone, sino el que activa. El que ayuda a cada persona a encontrar su propia forma de aportar. Pero para poder hacer eso con otros, primero tuve que aprender a hacerlo conmigo misma: dejar de medirme con el criterio de otros y confiar en lo que yo traía al espacio, incluso cuando nadie lo había validado todavía.

No tengo una fórmula. Pero sí hay tres ideas que me han servido. La primera: actuar antes de sentirme completamente lista, porque la seguridad no llega antes de hacer las cosas; llega haciéndolas. La segunda: entender qué es lo que yo específicamente aporto, no lo que “debería” aportar según un modelo ideal de liderazgo. Y la tercera —quizás la más difícil—: dejar de necesitar que alguien más lo confirme primero.

Lo que más me ha enseñado liderar equipos diversos es que las personas que generan mayor impacto no son necesariamente las más preparadas, sino las que confían en lo que traen sin esperar validación externa. Eso no se aprende de una vez. Se practica todos los días.

Wollstonecraft lo escribió hace más de dos siglos. Tal vez ya es hora de dejar de pedir permiso y empezar a ejercerlo.

Mónica Fonnegra, gerente Regional de Mercadeo y Comunicación del grupo Arista