Televisión
Rodrigo Candamil habló sobre la nueva producción que protagoniza y da detalles sobre su salida de Masterchef, “quedé en un limbo emocional”
El actor habla sobre su salida de MasterChef, el papel en la serie Betty, la fea: la historia continúa, su paternidad y las facetas desconocidas.

Rodrigo Candamil se ha consolidado como uno de los actores más versátiles y reconocidos de la televisión colombiana gracias a una carrera que abarca más de 20 años. Inicialmente, estudió Ingeniería Industrial, pero su verdadera pasión lo llevó a la actuación, especializándose en artes escénicas en Bogotá.
Su rostro se hizo familiar en los hogares colombianos por el papel de Rodolfo en la telenovela Pobre Pablo, y desde entonces ha construido una sólida trayectoria en producciones emblemáticas, como La ley del corazón, Betty, la fea: la historia continúa y Chepe Fortuna. Este año el actor caleño participó en el exitoso reality MasterChef Celebrity Colombia, en el que catapultó su fama y reconocimiento al ser uno de los participantes más queridos por el público.
SEMANA conversó con él a propósito del inicio de la temporada de Inmaduros, la obra de teatro en la que actúa junto con Andrea Guzmán, Carolina Sabino, Jennifer Leibovici, Rafael Zea y Paula Estrada, en el Teatro Nacional La Castellana hasta diciembre.
SEMANA: Háblenos sobre su participación en la obra Inmaduros.
Rodrigo Candamil: Esta obra es una comedia que, como lo dice su nombre, utiliza el pretexto de la inmadurez de los hombres en el contexto de las relaciones abiertas para hablar de la amistad. Lo más importante de ella, y lo que a mí me encanta, es que ofrece al público un buen rato de diversión, la alegría de reírse. La obra ha tenido un recibimiento maravilloso. El público se ríe desde el comienzo, que es el mayor propósito de una comedia: que la gente se divierta y se vea reflejada en lo que pasa en escena. La comedia es el único género en teatro en el que el público tiene texto, y ese texto es la risa, que funciona como termómetro y mide la conexión con los espectadores.
SEMANA: Inmaduros es solo uno de los proyectos en los que participa actualmente. Otro es Betty, la fea: la historia continúa. ¿Cómo se sintió formando parte de una producción tan emblemática en el país?
R.C.: Participar en Betty es como estar en Disney para mí, porque estaba junto con un personaje icónico que la gente adora. Recuerdo que la primera vez que leí el guion con Ana María Orozco no podía parar de reírme y sentir que ella estaba al lado mío; no lo podía creer. Fue una experiencia fantástica, como vivir una fantasía. Interpretar el personaje de Esteban, que es alguien que está enamorado de Betty, me permitió ver a mi personaje desde un ángulo totalmente idealizado, como si fuera un fan.
Además, mi personaje está en un pulso constante con los fans de Betty, que a veces ven al personaje con escepticismo, por lo que es un desafío, pero a la vez un orgullo participar en una producción con tanta acogida y tan icónica en la televisión.
SEMANA: Ahora cuéntenos de MasterChef. ¿Antes de entrar al reality ya tenía un gusto por la cocina?
R.C.: Totalmente, yo he cocinado por muchos años, en especial para mis dos hijas, lo que para mí es un plan favorito. No cocino a nivel gourmet, pero sí a un nivel rico y familiar. Entrar a MasterChef me abrió un mundo enorme de posibilidades en cocina y me permitió conectar con el público de una manera completamente nueva. Aunque mi salida fue dramática, me ayudó a cerrar un ciclo y a entender el cariño y empatía que me brindó el público, que para mí fue lo más valioso.
SEMANA: Hablando sobre su salida del reality, ¿cómo la vivió? ¿Qué aprendió de esa experiencia?
R.C.: Aprecio a todos los jurados. Ellos están ahí para cumplir un rol y eso es suficiente para respetar su decisión. Un quorum es imposible si no es un número impar; es decir, cuando solo está la presencia de dos jurados, es muy difícil lograr el equilibrio en un veredicto.
No pensé que fuera a decir nunca esto, pero Jorge me hizo falta en ese momento para poder deliberar y tomar una decisión que fuera equilibrada, porque creo que en un programa así calificar las cosas de justas o injustas es inútil. Pero nada tengo contra mis compañeros ni los jurados. El programa va mucho más allá de cocinar bien. Es un programa que tiene otras dinámicas de las que nadie se escapa, y prueba de eso fue mi salida. A mí incluso me costó reconocer qué tan duro me había dado haber salido de MasterChef tan pronto. Fue un golpe como a ese amor propio y fue como haber quedado herido.
Después de la salida no pude pasar la página simplemente, como cuando uno termina un proyecto y dice: “Chao”. Cuando salí de MasterChef, quedé como en una suerte o un limbo emocional y me hizo preguntarme qué tanto me afectó. Yo quería hacer más. Pero después, cuando el capítulo salió al aire y se mostró mi salida, la respuesta del público fue muy empática y confirmé que lo más importante era conectar con el público que me respaldó tanto y me ayudó a cerrar ese capítulo.
El aprendizaje más grande del paso por este reality fue no traicionarse a uno mismo, entender el origen de los actos y las palabras, que todo acto tiene una intención que debe salir del corazón para que sea auténtico.
SEMANA: Usted es padre de dos niñas, Martina y Guadalupe. ¿Cómo lo ha transformado la paternidad en lo personal y profesional?
R.C.: Ser padre me ha ayudado a entender mejor el universo femenino y la sensibilidad con la que las niñas manejan sus sentimientos, más elásticas que los niños, que tienden a enfocarse en juegos físicos.Mis hijas son mis grandes maestras y lo que quiero es apoyarlas para que sean felices con lo que ellas elijan. Guadalupe quiere seguir por el camino artístico, mientras que Martina siente inclinación por las artes plásticas.
Creo que las artes deberían ser parte esencial de la educación para ayudar con el autoconocimiento y las relaciones emocionales, algo que en los colegios usualmente no se cubre y que es fundamental para construir relaciones sanas.
SEMANA: ¿Qué faceta suya no es tan conocida?
R.C.: Hace poco hice un musical, Hola, Soledad, de boleros, y redescubrí mi gusto por cantar. Es algo que me fascina, y el público se sorprendió porque no esperaban que cantara. Este musical me rehabilitó con el canto, que es una pasión que por distintos motivos había dejado un poco de lado, pero que realmente disfruto mucho.
SEMANA: Si no hubiera sido actor, ¿qué cree que estaría haciendo?
R.C.: La actuación fue una adhesión espiritual. Antes estudié Ingeniería Industrial buscando hacer plata, pero descubrí que para mí era más importante ser feliz. Dejé la ingeniería para estudiar teatro en la Academia Superior de Artes de Bogotá, aunque no tenía experiencia previa en artes. Para mí, la actuación es un sostén de la realidad, porque la realidad tiene como pilar la imaginación. Mi espíritu necesitaba encontrar un camino diferente y que pudiera expresarse, encontrar una forma de expresión en la que se supiera libre y pudiera decir tantas cosas que yo creo que tenía atrapadas.
SEMANA: Además de Inmaduros, ¿en qué más está trabajando?
R.C.: Por el momento estoy dedicado por completo a la obra, que es una comedia muy precisa, con textos bien armados, elegante y con un humor muy particular que nos identifica como colombianos. Además, hay otro proyecto para Netflix y Caracol, que no sé cuándo va a salir, que se llama La mujer prohibida, en el que pude desarrollar, yo creo, el mejor personaje que he hecho hasta el momento en televisión.