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Más conciencia y vacunas en los adultos: el urgente llamado para cuidar la salud más allá de la infancia en Colombia
En el foro Vacunación en adultos, expertos alertan sobre el bajo acceso, los mitos y el olvido institucional en la vacunación de adultos en Colombia. ¿Qué hacer para cambiar el panorama?
En Colombia, la vacunación suele asociarse exclusivamente con la niñez. Sin embargo, expertos reunidos en el conversatorio ‘Conciencia y vacunas: protección para adultos’, en el marco del foro ‘Vacunación en adultos: prevenir para priorizar la vida’, advirtieron que esta visión corta y parcial pone en riesgo a millones de personas mayores y con comorbilidades. Más que un tema médico, la vacunación en adultos es hoy una urgencia de salud pública, autocuidado y equidad territorial.

Jorge García, presidente de la Fundación Retorno Vital, lanzó una advertencia directa: “Qué bueno que toquemos estos temas después de no haber aprendido definitivamente de lo que vivimos hace muy poco tiempo en la pandemia”. Recordó que, pese a la normativa existente, la realidad del acceso sigue siendo insuficiente. Su ejemplo personal —el de una adulta mayor de su familia con comorbilidades, que tuvo que hacer hasta 15 llamadas para conseguir la vacuna de fiebre amarilla en Girardot— ilustra una brecha estructural: la ley dice una cosa, pero el acceso efectivo es otra.
Desde la academia, John Mario González, profesor de medicina y coordinador del Laboratorio de Ciencias Básicas Médicas de la Universidad de los Andes, coincidió: “Tenemos una población que está envejeciendo y a la que hay que cuidar. Tenemos que enseñar ese cuidado a lo largo de la vida”. Según el Observatorio de Vacunas que integra, la cobertura de inmunización en adultos es llamativamente baja, incluso en enfermedades prevenibles con vacunas disponibles.
El desinterés en la vejez, afirmó, tiene raíces culturales: “La vejez no es interesante hasta que llegamos a ella”, citó, para evidenciar cómo muchas decisiones en salud pública ignoran a este grupo poblacional. Y eso, a la larga, tiene consecuencias.
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Barreras invisibles, desafíos gigantes
Denis Honorio Silva, gerente de la Asociación Colombia Saludable, fue contundente: “Indiscutiblemente, la vacunación en adultos sigue siendo subestimada”.
Según sus cifras, entre el 22% y el 25% de la población colombiana es adulta mayor. Sin embargo, la infraestructura de vacunación no está diseñada para ellos. “El 60 % de la capacidad está concentrada en cinco ciudades y el 30 % en ciudades intermedias, mientras que hay 630 municipios con menos de 30.000 habitantes, es decir, cerca de 19 millones de colombianos, donde, si al caso tienen acceso, están muy dispersos los puntos de vacunación”, señaló.
A esto se suman barreras económicas, logísticas y administrativas. Las vacunas como la del herpes zóster son extremadamente costosas, y trámites como el de MIPRES (Mecanismo Integral de Prestación de Servicios y Reporte de Información en Salud) terminan desmotivando a los pacientes. “¿Por qué tienen que ir a pedir autorización para algo que ya está pagado en la UPC?”, preguntó, al ejemplificar cómo algunas veces el sistema hace del usuario un “mensajero” entre EPS e IPS.
Silva también habló de la necesidad urgente de humanizar los centros de vacunación. “Son lúgubres, oscuros, fríos e inhumanos. Si hay algo en lo que tenemos que trabajar es en volverlos amigables”, afirmó.
Del autocuidado al olvido institucional
Uno de los mensajes más relevantes del conversatorio fue el que asoció la falta de cultura de vacunación con el descuido personal. Jorge García lo explicó con una metáfora: “Estamos más preocupados por las vacunas de nuestras mascotas que por las nuestras”. La falta de conciencia sobre el riesgo y el bajo nivel de autocuidado dificultan aún más la cobertura.
Él mismo, un paciente trasplantado renal, denunció que además existen brechas entre lo que dice la norma y lo que ocurre en la práctica para inmunizar a la población adulta.
“Tuve una neumonía hace año y medio. Estuve hospitalizado y lo que yo hubiera esperado era que durante el proceso de hospitalización me hubieran podido colocar la vacuna contra neumococo. Al día de hoy sigo descubierto”. Para él, el sistema pierde oportunidades valiosas para inmunizar a poblaciones vulnerables cuando acuden a urgencias o están hospitalizadas.
Por eso, el llamado no es solo a los ciudadanos, sino también al sistema. “No esperemos llegar al envejecimiento para actuar. Prevenir es la clave para tener una vejez saludable”, insistió García. Y advirtió que ni siquiera el reciente borrador del decreto 229 sobre promoción y prevención incluye la vacunación como estrategia.
El poder y el peligro de la información
Para los panelistas una de las mayores amenazas para la vacunación en adultos es la desinformación. Las redes sociales han ganado terreno frente a la evidencia científica, y los mitos sobre supuestos efectos adversos hacen carrera rápidamente.
“Alguien dice algo en las redes sociales y se vuelve una verdad absoluta y así usted saque los artículos de la evidencia científica, usted no va a derrotar a las personas que están en las redes sociales diciendo eso. Entonces, tenemos que competir con eso y volvernos también parte de las redes hablando de los beneficios directos que causa la vacuna y los beneficios indirectos que causa la vacunación”, sostuvo González.
Para él, la clave está en simplificar el lenguaje, usar referentes cercanos y diseñar campañas verdaderamente pedagógicas. Recordó, por ejemplo, la campaña “Sin condón ni pío”, sobre VIH, como una de las más efectivas del país, y propuso replicar mensajes claros, recordables y contundentes para las vacunas.
Silva, por su parte, cree que las estrategias deben adaptarse a los territorios: “En las zonas rurales, la emisora comunitaria y el líder comunal son más influyentes que cualquier campaña nacional”. También propuso un calendario fijo de vacunación para adultos, con trimestres definidos por tipos de vacunas, lo cual facilitaría la pedagogía comunitaria.
Una deuda con la prevención
Más allá de la logística y la comunicación, todos coincidieron en algo: el presupuesto es insuficiente. “Podemos decir cosas maravillosas, pero si el Gobierno nacional no garantiza recursos, simplemente vamos a seguir hablando sin lograr intervenciones efectivas”, concluyó García.
El conversatorio cerró con un mensaje claro: la vacunación en adultos no puede seguir siendo un tema secundario. Las organizaciones de pacientes, la academia y las comunidades tienen un rol clave en romper mitos, exigir derechos y promover una cultura de autocuidado. Como dijo González: “Vacunarse es un acto de responsabilidad con uno mismo, pero también con los demás”.