OPINIÓN

Claudia Varela

Que no se te note

En un mercado laboral competitivo, manejar la ansiedad no solo mejora el desempeño en entrevistas, sino que contribuye a proyectar solidez y ‘seniority’.
8 de febrero de 2026, 9:30 a. m.

Desafortunadamente, veo ya a varios amigos, clientes y conocidos que están buscando trabajo. Muchos de ellos a partir de un mal jefe que decidió simplemente que el ciclo organizacional de su subalterno había llegado a su fin. Y me doy cuenta además de que en muchos casos es increíble el poder que damos a otros si no estamos preparados.

Y allí es donde entra la desesperación, la mensualidad del colegio, la comida del perro, la deuda del carro, todo eso que pensábamos garantizado, a jugar en contra en tu cabeza cuando se busca la entrevista de los sueños. Se nos olvida a veces que es un tema de dos vías no solo de una y que también tenemos la capacidad de decidir qué queremos.

Y es que, en el entorno corporativo, una entrevista de trabajo es, en esencia, una evaluación de competencias bajo presión. Más allá del conocimiento técnico, los entrevistadores analizan señales sutiles que revelan cómo un candidato gestiona la tensión, toma decisiones y proyecta seguridad. La ansiedad, aunque común en estos escenarios, tiende a modificar comportamientos verbales y no verbales que pueden influir negativamente en la evaluación del candidato.

La investigación psicológica ha demostrado que la ansiedad en entrevistas se expresa menos en pequeños ‘tics nerviosos’ y más en la impresión global que transmite el candidato. Un estudio del Journal of Business and Psychology encontró que la percepción de ansiedad se relaciona principalmente con rasgos como menor asertividad y menor calidez interpersonal, más que con gestos aislados. Estos dos factores —asertividad y calidez— mediaron significativamente la relación entre ansiedad y desempeño percibido por los entrevistadores, y además se evidenció que una menor velocidad del habla se correlaciona con niveles más altos de ansiedad percibida.

Desde otra orilla se refuerza que el comportamiento no verbal juega un rol determinante. Encontré que un experimento con más de ochocientos evaluadores mostró que cuando se incrementa la conducta no verbal ansiosa —como movimientos repetitivos, rigidez corporal o contacto visual nervioso— las calificaciones de desempeño disminuyen sistemáticamente, aún cuando las respuestas verbales del candidato se mantienen constantes. En este estudio, los participantes asignaron peores evaluaciones cuando observaban conductas no verbales de ansiedad, evidenciando que estas señales afectan la percepción de competencia y autocontrol ejecutivo.

Y está claro que los evaluadores también son seres humanos con sesgos y miedos que pueden ver en espejo algunas conductas no asertivas.

Lo importante es gestionar y entender que una entrevista es una conversación sobre ti. Hay que evitar al máximo la presión anterior o pensar que ese trabajo es la única salida a la falta de empleo.

Tengamos en cuenta de todas formas que hay reacciones fisiológicas que se notan. Aunque sudoración, respiración acelerada o cambios en la voz son respuestas naturales al estrés, en un ambiente de alto desempeño pueden interpretarse como señales de inseguridad, incluso cuando el candidato posee las competencias necesarias. En términos psicológicos, el cuerpo entra en modo de alerta, lo que limita la capacidad de procesar información y puede afectar la claridad del discurso.

Todos podemos tener un momento de nervios, de autoexigencia y por supuesto de ansiedad. Pero recordemos que la ansiedad no predice el desempeño laboral futuro.

Para los ejecutivos y líderes de talento en las organizaciones, entender estas dinámicas tiene un valor estratégico. La ansiedad no es un indicador de incompetencia ni de falta de liderazgo. Es una respuesta humana ante una situación evaluativa de mucha importancia en el momento de vida del entrevistado.

Reconocer esto permite diseñar procesos de entrevista más justos, minimizando el sesgo hacia señales no verbales que pueden ser circunstanciales. Para los candidatos, comprender cómo se manifiesta la ansiedad permite tomar control de su narrativa, enfocarse en proyectar confianza y trabajar en aspectos que sí se pueden gestionar como la claridad, la preparación y la presencia ejecutiva.

En un mercado laboral competitivo, manejar la ansiedad no solo mejora el desempeño en entrevistas, sino que contribuye a proyectar solidez y seniority. La clave está en transformar una reacción natural en una oportunidad para demostrar autocontrol, claridad y capacidad de conexión; hay que soltar y entender que siempre pasará lo que es mejor para ti. Confiar esa es la clave, pregúntate siempre qué es lo peor que puede pasar y lánzate a conversar. Que no se te note, piensa que ellos son los que hacen un buen negocio si te contratan.