OPINIÓN

María Helena Latorre

Un amortiguador clave

Para nadie es un secreto que por cuenta de la guerra en Oriente Medio —principalmente por el cierre del estrecho de Ormuz— los precios internacionales de los fertilizantes están al alza.
7 de abril de 2026, 4:45 p. m.

Diversos índices reportan aumentos que superan el 20 % desde el estallido del conflicto a finales de febrero pasado.

Este incremento del precio internacional de los fertilizantes se traduce en un aumento de los precios de los alimentos, ya que son un insumo vital para nutrir los cultivos. En medio de este retador panorama hay una buena noticia: Colombia, gracias a su capacidad instalada de plantas de formulación y mezcla, cuenta con un amortiguador definitivo para esa escalada de precios, además de servir como garante de abastecimiento de este insumo primordial para la producción agrícola.

Esta afirmación se sustenta en la evidencia de que no es la primera vez que Colombia se enfrenta a una coyuntura similar. La pandemia, la guerra Rusia-Ucrania y la crisis logística internacional fueron tres escenarios en los que la industria de fertilizantes en Colombia demostró cómo contar con plantas de formulación y mezcla en el país sirvió de ‘colchón’ ante el alza de precios y como garantía para el abastecimiento.

Aquí, vale la pena detenerse para hacer una distinción técnica: Colombia no es autosuficiente en la producción de materias primas básicas (como el amoníaco, la urea, el potasio o el fósforo), pero sí tiene una capacidad instalada muy fuerte para la formulación, mezcla y granulación de fertilizantes.

En 2022, durante el pico de los precios mundiales de los fertilizantes, Colombia, por supuesto, se vio afectada por el alza de estos insumos, pero en menor medida que los vecinos sin esa capacidad instalada. Si bien no existen índices idénticos entre países, el seguimiento a la urea y el NPK (los más usados) permitió comparar el impacto: en Colombia, el precio final al agricultor subió cerca de 30 puntos porcentuales, menos que en países vecinos, dependientes enteramente de la importación de productos finales.

En este escenario, la industria colombiana actuó como un amortiguador logístico. Al importar, principalmente, insumos básicos y no producto terminado, el costo de puesta en campo fue más eficiente en Colombia que en países donde el mercado dependía totalmente de la especulación de los precios de los fertilizantes ya procesados y listos para venta.

Otro punto clave para revisar en la actualidad es el del abastecimiento de fertilizantes. En medio del conflicto Rusia-Ucrania, la industria colombiana acalló los rumores sobre un posible desabastecimiento, entregando, sin falta, insumos de calidad a los productores del campo colombiano. Por una parte, las empresas supieron diversificar sus fuentes de materias primas básicas, así como asegurar la disponibilidad de estos, gracias a la anticipación y previsión en sus compras.

Además, al tener plantas locales, Colombia ahorra en costos de logística internacional de producto terminado (que suele ser más voluminoso y costoso de transportar) y puede realizar procesos de tailor-made (fertilizantes a la medida), optimizando la cantidad de nutrientes según el tipo de suelo colombiano.

Si un componente subía demasiado, las empresas colombianas podían recalibrar las mezclas, ofrecer las prácticas de nutrición integrada con alternativas de concentraciones o utilizar insumos locales complementarios (abonos orgánicos o correctores de suelos nacionales, entre otros), lo que dio una flexibilidad que otros países no tuvieron. En países vecinos, el desabastecimiento fue tal que el sector agrícola sufrió una parálisis forzosa.

Cabe anotar que factores como la tasa de cambio, el precio del gas natural, los costos logísticos, entre otros, también entran en la ecuación al definir los precios de los fertilizantes. No obstante, contar con una robusta industria local y con empresarios comprometidos en el desarrollo del agro colombiano es un amortiguador clave para suavizar los efectos de una guerra que, desafortunadamente, no tiene una fecha de expiración definida.

María Helena Latorre es directora de Procultivos de la Andi