OPINIÓN

Salud Hernández-Mora

Perdió Trump, ganó Irán

Otra nación donde el nombre de Donald Trump se pronunciará con ira.
2 de abril de 2026, 5:51 a. m.

Es una isla con forma de lágrima. La que derraman estos días sus habitantes, angustiados por una guerra tan incierta como lejana. Si Trump no recoge pronto sus tropas y su arsenal y retornan a casa, en la pequeña Siargao pasarán penurias y el sueño podría tornarse en pesadilla.

Destino inigualable para surfistas de todo el planeta, filipinos y residentes extranjeros la convirtieron en paraíso gastronómico, ahora amenazado por un ciclón económico. Filipinas, con 7.000 islas,

encabeza el ranking mundial de subida del precio del diésel: un 86 por ciento. Y sus reservas solo garantizan combustible hasta junio.

Para combatir la escasez, el Gobierno del país bañado por el Pacífico decidió suspender vuelos, recortando la temporada turística en lugares como Siargao. Unido a la subida de los costos del transporte marítimo y de los fertilizantes en un país de fuerte vocación agrícola y campesinos minifundistas, los filipinos sufrirán escasez en todos los sentidos.

Como tantos otros puntos de la Tierra, no tenían a los ayatolás en su listado de peligros para su seguridad y, menos aún, para sus bolsillos. Ahora seguirán el transcurso de la guerra con el corazón encogido, intentando adivinar si la Casa Blanca decreta el final o persiste en la arremetida.

Otra nación donde el nombre de Donald Trump se pronunciará con ira.

Lo mismo sentí en mi viaje a Kashab –puerta de entrada al estrecho de Ormuz en Omán– y en el pujante Dubái. Directivos de marcas de lujo, hoteleros, profesionales del mundo financiero, del real estate y de empresas medianas de diferentes sectores transmitían irritación y zozobra. En un emirato que acoge a millones de ciudadanos de todo el orbe, que nunca para de crecer, la ausencia de turistas por los misiles y drones de los primeros días y el estrangulamiento del estrecho citado los deja al borde del abismo.

Según el Ministerio de Defensa de Emiratos Árabes Unidos, desde el 28 de febrero van 10 muertos (dos en Dubái) y 169 heridos, la mayoría leves, de 29 nacionalidades, muestra de la torre de Babel que es dicho país.

“En Colombia matan en un solo día ese número por robarles. Esta ciudad es la más segura que existe”, me dijo un colombiano en Dubái. Tenía razón. En los días que estuve no vi un policía, ni falta que hacía. Volvieron dogma de fe el respeto por lo ajeno, privilegio ausente en nuestro hemisferio. Igual que la confianza en el emir, Bin Rashid, que rige sus destinos. “Es como el perfecto CEO de una compañía llamada Dubái”, comentaban.

En Colombia aún no sentimos con parecida intensidad las consecuencias del conflicto bélico que perdió Trump. Por mucho que disimule con discursos contradictorios y partes de guerra de aire triunfal, las urnas castigarán en noviembre la humillante derrota ante una manada de fanáticos asesinos.

Imposible ocultar que no previó que Irán utilizaría su dominio geográfico sobre Ormuz como arma ni que resultaría imposible dominarlo sin bajar al terreno y sufrir innumerables bajas. Ni siquiera con el despliegue de todas sus fuerzas garantizaría el triunfo contra unos extremistas religiosos que reclutan niños, asesinan a miles de sus propios compatriotas y ansían borrar a Israel del mapa, golpear a Estados Unidos y a sus aliados y, de paso, sus economías.

Como escribí en una columna el 7 de marzo pasado, bastaba con analizar lo ocurrido en Irak, Libia o Siria para anticipar el desastre, así los bombardeos hayan mermado el poderío de las Fuerzas Militares iraníes.

Si no fueron capaces de derribar al chavismo en un país cohesionado, donde el 90 por ciento odia la dictadura y más del 70 por ciento respalda a María Corina Machado, menos lograrían derrocar a una dictadura despiadada de 47 años, que libró una guerra de ocho años con Irak y emplea ingentes fondos en armamento y terrorismo. Por si faltara algo, fabrican drones baratos y misiles, claves en las guerras actuales, a lo que añaden un espíritu islamista radical que los transforma en feroces enemigos imposibles de aplastar.

Parece que Trump no advierte que tanto incumplir la promesa MAGA de concentrarse en América, como no permitir unos comicios en Venezuela este mismo año con María Corina al frente, o no lograr una Cuba libre de comunismo, le restará respaldo en la decisiva Florida, por mucho que agradezcan la captura del sátrapa Maduro y su lugarteniente Cilia.

Recuerden que el pasado 24 de marzo la demócrata Emily Gregory ganó al republicano Jon Maples, su candidato, unos comicios locales de fuerte valor simbólico por celebrarse en el distrito de su famoso Mar-a-Lago. De continuar la tendencia, perderá la mayoría en el Congreso y frenarán varias de sus erráticas decisiones.

Incluso estará en riesgo el retorno a la democracia venezolana tras el audaz apresamiento del tirano. Si para entonces continúan la delincuente Delcy Rodríguez y sus secuaces en Miraflores, los herederos de Biden podrían respetar su infame mandato. Qué rabia da todo.