Ningún programa ataca las raíces verdaderas del problema nacional: nuestra subordinación económica y las desigualdades. Las propuestas son remedios ya ensayados frente a los retos enormes que vendrán del 7 de agosto en adelante.
En distintos foros, a los que cobardemente De la Espriella e Iván Cepeda se niegan a asistir, como el reciente de la Cámara Colombiana de la Infraestructura, ha habido unanimidad en que la privatización es la solución vial, portuaria y aeroportuaria, extendiéndose incluso a colegios, hospitales, ferrocarriles y megacárceles. El Gobierno, según esta tesis común que ignora experiencias internacionales exitosas, debe limitarse a facilitar negocios y a esquilmar a la sociedad mediante los más diversos mecanismos, para asegurar a los inversores los lucrativos cierres financieros y máximas utilidades por décadas.
En el caso de Cepeda, me remití a lo que plasmó en su programa de más de 400 páginas, una colección de discursos que menciona a Álvaro Uribe 84 veces y no nombra ni una sola vez a Ecopetrol. Pero a raíz de la entrevista televisiva que concedió el domingo 18 de mayo al periodista José Manuel Acevedo, de Noticias RCN, se conoció un poco lo que propone.
Cepeda defiende irrestrictamente al Gobierno de Gustavo Petro, tanto así que, si gana, su primer acto de gobierno será hacerle un homenaje. Además, apela a tres recursos. El primero es disipar todo temor sobre su “izquierdismo” e insistir en que no ha habido “ni una sola expropiación”, que las tierras para la reforma rural se compraron y que seguirán los proyectos productivos. También subraya que los grandes consorcios obtuvieron jugosas ganancias en este periodo, dándoles un parte de confianza a las empresas, en especial a las extranjeras, como lo hizo en dos ocasiones con la Cámara de Comercio Colombo Americana (AmCham).
Al igual que los demás candidatos, Cepeda deja implícito que los TLC seguirán inalterados, lo que implica la continuidad de la orientación económica supeditada al libre comercio y al ahorro externo como variables esenciales, aunque esto signifique estancamiento y financiación a través de una deuda costosísima. Como con Petro, no cesará el neoliberalismo del Consenso de Washington, supervisado por el FMI, la Ocde y las instituciones globales.
Su segundo recurso es “lo social” bajo la consigna de “los pobres primero”, un lema acuñado históricamente por Carlos Romero, el extinto concejal de Bogotá, como remiendo a los estragos aperturistas. Para lograrlo, Cepeda repite la propaganda petrista de “los logros” de las “reformas sociales”, pero omite los graves perjuicios que traen, como la informalidad y “la flexibilización” de la jornada laboral creciente.
Sumado a lo anterior está el raponazo de billones de pesos en el régimen semicontributivo, las bajas jubilaciones previstas en la pensional o el colapso del sistema de salud gracias al caos promovido mediante decretos y su saldo de miles de muertes evitables, de aumento de las quejas, mayor gasto de bolsillo y las numerosas afiliaciones a la medicina prepagada. Cepeda insiste, contra evidencia, en que se “gestionaron” 750.000 hectáreas para la reforma agraria, cifra refutada por la exministra Cecilia López.
Su tercer recurso es minimizar los daños cometidos por el Gobierno que pretende continuar y que intenta elegirlo a él con esa misión. El fracaso de la política de paz total lo escuda en el artículo 22 de la Constitución con el argumento de que la paz es un deber y que la violencia actual es culpa exclusiva de los criminales, y exime los diseños de política fallidos sin autocrítica, puesto que fue quien direccionó los diálogos con el ELN en este Gobierno. Hay que sumarle que la corrupción, según Cepeda, es un mal estructural del que no se libra ningún Gobierno, hasta el suyo.
Además, defiende la “transición energética” al modo petrista, aunque se marchite a Ecopetrol y entregue la soberanía. Promoverá una constituyente si hay un “acuerdo nacional”, que no se sabe sobre qué sería ni con quiénes, y que podría incluir al ELN, pues sentenció que “se les acabó el tiempo”, conclusión a la que este senador llega 50 años tarde.
Lo anterior explica por qué no fue a los debates y dio entrevistas a cuentagotas: en elecciones, lo democrático es exponerse al escrutinio de los ciudadanos para que estos tomen sus propias decisiones, no esconderse detrás de los relatos cocinados por los influencers del petrismo o por los “estrategas” pagados con el erario. Cepeda no es un “neocomunista”, porque su agenda central en lo económico y social es puro continuismo neoliberal, pero bien tapado con un antiuribismo instrumentalizado, Cepeda carga la mancha continuista del régimen, de Petro, de sus escándalos, de su obsecuencia con la agenda de Estados Unidos y de su demagogia.
¡No más Petros!
