La tasa de interés es el precio que se cobra o que se paga por disponer del dinero durante un periodo o plazo de tiempo. ¿Cómo se determina ese precio?
Un primer elemento es que el dinero pierde poder adquisitivo en el tiempo producto de los cambios de los precios de los bienes y servicios. Se habla de preservar valor en lugar de “conservar” el valor del dinero, porque la inflación tiende a reducir el poder adquisitivo del dinero con el tiempo, por lo que preservar implica poner a producir el dinero para evitar la pérdida de su valor “real”.

La pérdida del valor del dinero en el tiempo es un costo de oportunidad, y el precio del dinero es la compensación de ese costo. A mayor tasa de interés, mejor disposición para quien está dispuesto a prestar su dinero. En sentido contrario, si a una persona le prestan dinero y no le cobran intereses, esa persona tiene pocos incentivos para devolver pronto el dinero que le han prestado. Una muy baja tasa de interés genera incentivos para endeudarse más y por periodos más largos. Por lo anterior, lo más común es que haya una “prima” por plazo en los mercados de dinero. Quien presta cobra un extra en la medida en que quien pide prestado desea un mayor plazo. A los diferentes precios del dinero para diferentes periodos o plazos se les conoce como estructura de tasas de interés.

La “prima” por plazo suele verse afectada por las expectativas de inflación tanto de hoy como en el futuro. Cuanto mayor sea el plazo, el precio del dinero será, especialmente, mucho más alto si a futuro se esperan más altas inflaciones. Por lo tanto, en la estructura de tasas de interés, hay tasas e inflaciones implícitas. Es posible calcular cuál es la tasa a un año esperada dentro de dos años.
Un segundo elemento es que las tasas de interés o el precio del dinero permiten medir la pérdida esperada o el nivel de riesgo que tiene quien presta el dinero por la posibilidad de que quien lo debe solo devuelva una parte. Las diferencias en el precio del dinero para un mismo plazo entre varios deudores se explican por la diferencia de unos y otros sobre cuál es la pérdida esperada de cada uno. A mayor probabilidad de impago, mayor es el precio que se cobra.
Un tercer elemento es que quien presta dinero estará más dispuesto a hacerlo a un menor precio y a un mayor plazo si sabe que, en caso de necesitar el dinero antes y no poder hacerlo exigible antes del plazo pactado, puede salir y vender fácil ese préstamo a otro agente económico. Si la probabilidad es baja, el precio del dinero tendrá una “prima” de liquidez que encarece su precio.
Lo anterior le permite al lector analizar la disputa actual sobre quién es el “culpable” de que en la economía haya mayores tasas de interés que afectan el costo del crédito en la economía.

¿El “culpable” de que las tasas de interés de los créditos hipotecarios estén más altas es del banco central o del Gobierno? El crédito hipotecario es el préstamo con mayor plazo que se otorga a los hogares. Si el lector fuese a prestar su dinero, ¿cómo determinaría a qué precio pacta hoy prestar su dinero por 15 años? Si lo hiciera a la tasa actual del banco central, cometería el error de usar el precio del dinero a un día para fijar el precio del dinero a 15 años. Durante esos años, esa tasa a un día varía y a veces de manera significativa.
Otro error es que la tasa a un día es una tasa a la que el banco central presta a los bancos la liquidez que estos requieren. La probabilidad de pérdida usualmente ha sido muy baja o casi nula. Finalmente, cometería un tercer error, pues la del banco central no tiene “prima” de liquidez porque son a un día, son lo más líquido que hay en los mercados de dinero.

Por eso, para prestar, los profesionales miran la mejor tasa de “referencia”. A corto plazo es la del banco central, pero a más largo plazo es la del bono del Gobierno de igual plazo. La tasa del Gobierno es “libre de riesgo” porque es la mejor calidad crediticia entre los agentes económicos, y sus bonos suelen ser los más líquidos o los más fáciles de vender a otro agente antes del plazo pactado. Luego, la tasa que paga el Gobierno en sus bonos es la óptima para determinar a qué tasa como mínimo presta a largo plazo.
Por eso, cuando los Gobiernos deciden gastar mucho más de lo que ingresan y se endeudan de manera persistente y creciente, y mucha de esa deuda les permite gastar mal o tapar los huecos de una cada vez más voraz corrupción, el creciente deterioro en la capacidad o voluntad de pagar la deuda pública lleva a peores calificaciones de riesgo de la deuda del Gobierno. Esto se traduce en tasas de interés más altas a las que se endeuda el Gobierno. Las mayores tasas de la deuda del Gobierno las padecen las empresas y los hogares a través de las tasas de interés que se cobran en los créditos y que, por tanto, pagan los ciudadanos, empezando por los ciudadanos de a pie. Aquellos que más viven al debe.
Por eso, los recursos públicos son sagrados hasta para los que no pagan impuestos.
