OPINIÓN

David René Moreno Moreno

Los antivalores

Seamos conscientes de lo que sufrirá el país en caso de que la izquierda se quede en el poder.
8 de abril de 2026, 11:00 a. m.

La historia nos ha mostrado que el socialismo, en sus diferentes variantes como es el caso del comunismo, progresismo, socialismo del siglo XXI y otros, siempre está al acecho y, cuando encuentra la oportunidad, ‘ataca’ aplicando todas las formas de lucha para dominar y permanecer por mucho tiempo en el territorio conquistado, bien sea el barrio, la escuela, la empresa, el sindicato o la población, dominando las mentes de cándidos e ilusos que se convierten en el proletariado sobre el cual los dirigentes del partido construyen su imperio.

Los discípulos de esta ideología izquierdista llegan cambiando todas las normas de convivencia; acomodan las leyes por medio de constituyentes o a pupitrazo limpio por parte del Ejecutivo, modifican el lenguaje con los ‘unos, unas y unes’; pregonan que lo bueno es malo y lo malo es bueno; emplean la violencia como instrumento de presión; crean sus propios ejércitos con los colectivos, las milicias, la primera línea y las guardias campesinas, indígenas o cimarrona; pero también imponen los desastrosos antivalores que corroen la sociedad con la narrativa de los discursos y con la acción soterrada en las redes sociales.

Los antivalores son actitudes, conductas o creencias que hacen daño, que se oponen a los valores éticos y morales sobre los que debe marchar una sociedad. Estos son los caminos torcidos que ponen en jaque la sana convivencia de los ciudadanos, y pueden considerarse entre ellos la injusticia, la impunidad, el irrespeto a las personas, a las instituciones o a los grupos humanos, la mentira y la corrupción que forman parte de la deshonestidad, la degradación del ser humano con los falsos señalamientos, la persecución o el acoso, así como propiciar el odio y la lucha de clases para polarizar a la población y poder reinar sobre ella.

En el diario trajinar se observa con tristeza que desde los más altos niveles se animan los antivalores, lo cual corrobora que nos encontramos frente a una crisis, afectando los ámbitos jurídicos, sociales, familiares y profesionales. La intolerancia hacia quienes no comparten los mismos objetivos de la izquierda, la polarización ideológica de la población, la falta de eficiencia en la gestión pública, los permanentes escándalos y la corrupción que merodean al poder incrementan la falta de confianza en las instituciones, destruyen la unión nacional alrededor de los principios y valores, y son la base del caos y la anarquía.

Marx y Engels —autores estudiados y frecuentemente mencionados por el heredero de la izquierda y por su principal mentor— establecieron en el Manifiesto comunista, libro que sirve de ‘biblia’ para los zurdos, que la historia de la sociedad ha sido una lucha permanente entre la burguesía y el proletariado, lo que se conoce como la lucha de clases, y dejan claro que debe haber una revolución violenta para acabar con su enemigo ideológico, el capitalismo; abolir sus bases como son la propiedad privada de los medios de producción, el mercado regulado por la oferta y la demanda, así como la búsqueda del beneficio individual. Por otra parte, la izquierda se esfuerza por imponer la dictadura del proletariado, pero nunca mencionan que esta ideología ha sido un total fracaso donde se ha aplicado.

Ante la proximidad de las elecciones presidenciales se siente que algunos afectados están a punto de ‘tirar la toalla’ pues observan que, aunque las estadísticas oficiales muestran un panorama positivo, ven que se siguen perdiendo empleos, disminuye la capacidad económica familiar, se reduce la producción, se cierran empresas, se incrementa el trabajo informal y se dispara la inseguridad. Algunas decisiones del Ejecutivo que muestran encono contra algunas regiones y otras que reflejan el oportunismo político, como la variación del precio de los combustibles, hacen crecer el ambiente sombrío frente a la potencial continuación de la izquierda.

No se ha logrado la famosa paz total, no se ha acabado con el ELN como se prometió en campaña, se ha fortalecido, se han creado nuevas organizaciones criminales, se ha incrementado el dominio territorial por parte de grupos narcoterroristas, se levantan las órdenes de captura de 23 cabecillas de bandas criminales bajo el sofisma de la participación en mesas de negociación, generando una rampante impunidad. Todo lo cual pone en entredicho la confianza en uno de los pilares fundamentales de la democracia, como es la justicia, que debe caracterizarse por ser oportuna e imparcial y que sirve de disuasión frente al delito.

El heredero de la izquierda ha dejado claro que en caso de que sea elegido seguirá con el mismo propósito de la paz total de este Gobierno, lo cual lleva a deducir que se incrementará la inseguridad, la violencia, el narcotráfico y los ríos de sangre. Llama la atención tratar de entender el fenómeno en que a pesar de las amargas y tristes experiencias vividas por los ciudadanos de Cuba, Nicaragua y Venezuela, gritadas por ellos a los cuatro vientos, estas no hayan servido para concientizar a los colombianos de los sufrimientos que se vivirán frente a la posibilidad de que la izquierda radical continúe en el poder con las próximas elecciones.

Se ha insistido en que ‘nos unimos o nos hundimos’. La integración del centro y derecha, previa a las elecciones del 31 de mayo, constituye el elemento fundamental para evitar que la izquierda logre llegar nuevamente al poder. Los egos y las ambiciones de algunos candidatos pueden ser la causa para que la izquierda unida gane en la primera vuelta; esa sería la partida de defunción para el Estado de derecho que defendemos.

En los corrillos se menciona pero no se divulga ampliamente lo importante que es la propuesta del ‘1 a 10’, donde una persona se compromete a ilustrar a 10 amigos, conocidos o familiares sobre los peligros a los que se enfrentría Colombia en caso de que gane la izquierda, y cada uno de estos 10 multiplica el mensaje la misma forma, en una campaña que será fundamental para vencer la apatía y la indiferencia de muchos frente al futuro de los hijos, la familia y el país.