Parece que estamos regresando a los oscuros días de la violencia partidista en que, según los abuelos, el solo hecho de pertenecer a otro partido convertía a las personas en enemigos irreconciliables y llevaba inclusive a la muerte violenta de familias enteras por abrazar un color diferente al de los caciques del pueblo. O cuando el discurso ’veintejuliero’ de los caudillos buscaba profundizar la brecha ideológica y despertar odios para ‘reinar’ y abusar de las comunidades oprimidas con el empleo de la amenaza y el uso de la fuerza. Hoy se observa con tristeza que la izquierda emplea la misma estrategia agresiva con un costo muy alto para la ‘salud social’ del país, generando desprecios y despertando rencores para ganar el apoyo del proletariado que esperan seguir dominando.
Es patético observar cómo el lenguaje desobligante, las ofensas personales, la instigación al odio de clases e infinidad de improperios están presentes en las plataformas políticas, así como la puesta en marcha de las supuestas ‘mingas espontáneas’ en apoyo del candidato de la izquierda, ideología que las ha usado y manoseado durante los últimos años para obtener unos votos. De la misma forma, es una vergüenza que la mentira, el engaño y las falsas promesas formen parte del discurso proselitista, al igual que desde la cabeza del poder ejecutivo se continúe haciendo política en favor de su ‘heredero ideológico’, enterrando el principio de neutralidad que debe caracterizar a una democracia madura y no a un absolutismo rampante.
Se acerca la elección presidencial y los resultados de los comicios parlamentarios muestran un aparente equilibrio de fuerzas en el poder legislativo, pero es el momento en que la energía de los congresistas tendrá la tarea de promover en sus regiones el nombre del candidato de su tendencia política, así como por parte de los candidatos realizar el recorrido del país para presentar en plaza pública su plan de gobierno, buscando fortalecer la adhesión de los electores. Como de costumbre, habrá un número importante de personas realmente atentas a los planteamientos, mientras que otros asistirán engañados o atraídos por el dinero ofrecido por el avivato de su región, como lo han declarado a algunos medios de comunicación personas entrevistadas que ni siquiera saben para qué ni a dónde las llevaron a aplaudir.
Los oportunistas están de fiesta para ‘tratar de pescar en río revuelto’, como dice el adagio popular, tratando de arrimarse a quien les pueda ofrecer beneficios en caso de ser elegidos; así como los trashumantes políticos, más conocidos como ‘lagartos profesionales’, están buscando posicionarse y hablando duro para que los consideren como forjadores de votos y aliados indiscutibles. De otra parte, las redes sociales y ‘las bodegas’ generadoras de opinión, pagadas con los impuestos de los colombianos, están actuando a marchas forzadas, tratando de desprestigiar a la oposición, empleando hasta la inteligencia artificial para manipular la intención de voto de los indecisos e incautos, ya que tienen cautivos los de aquellos que se han dejado engatusar con las falsas promesas de campaña.
Hay que ganar en la primera vuelta y de forma contundente, es la premisa de los candidatos más opcionados a ganar la Presidencia, porque los otros, aun sabiendo que no van a pasar a la segunda vuelta, sino que posiblemente solo esperan un puñado de votos y el reconocimiento de algunos pesos —aun sabiendo que están poniendo en peligro a la democracia—, continúan haciendo bulto arrastrados por el afán de los egos y las ambiciones. Cada uno conoce sus propias fortalezas y sus debilidades. ¡Qué vergüenza que no piensen en el país!, y la historia se los cobrará porque les están quitando votos a quienes sí pueden sacar adelante a Colombia. Recapaciten.
Se observa que la estrategia de la izquierda considera la amenaza de la violencia, de la destrucción y del bandidaje que producen las masas humanas manipuladas, como lo hicieron durante el pasado gobierno, tratando de generar el temido ‘estallido social’, para lo cual transportan a centenares de incautos que se dejan llevar como peces arrastrados por la corriente para mostrar la ‘libre adhesión del pueblo’, como acaba de ocurrir con la minga indígena en Antioquia, pueblo pujante y trabajador, funestamente ofendido por el representante de la izquierda y donde seguramente no logrará ningún voto.
Si el centro y la derecha se unen hoy, se ganará la Presidencia en la primera vuelta; si van separados en esta elección, posiblemente Colombia va a perder frente a una izquierda que hará lo que esté a su alcance para ganar, como vergonzosamente lo hizo Santos para ganar en la segunda vuelta. El destino del país está en manos de unos cuantos políticos que ojalá dejen de lado sus apetitos personales y piensen en el futuro de sus familias y del país.
