OPINIÓN

Alejandro De Bedout Arango

El poder de las regiones

Las regiones ya no somos el patio trasero de nadie. Somos los protagonistas de la recuperación de Colombia en 2026.
29 de marzo de 2026, 10:20 a. m.

Colombia hoy siente una profunda incertidumbre, pero también un despertar. Y ese despertar, como ha sido siempre en nuestra historia, viene desde las regiones, desde esa Colombia trabajadora que no se rinde. Mientras en Bogotá el Gobierno nacional se encierra en su ideología y nos da la espalda, en los territorios estamos demostrando que el país no se va a dejar hundir. Lo que vivimos en Medellín durante la Asamblea de Asocapitales, fue el grito de 32 ciudades que se cansaron de mendigar lo que por derecho les corresponde.

Lo que estamos presenciando es, sencillamente, el mundo al revés. Es una falta total de sentido común y de respeto por la democracia. Resulta increíble y doloroso: mientras el presidente Gustavo Petro se sienta con los peores bandidos en su mal llamada paz total, les cierra la puerta en la cara a los alcaldes que la democracia eligió. Para los criminales hay alfombra roja, diálogos y beneficios; para la institucionalidad, solo hay ataques, desplantes y un abandono absoluto. El silencio de la Casa de Nariño ha sido ensordecedor.

Pero ojo, que las regiones no se quedaron de brazos cruzados. Ciudades como Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla y Cartagena hoy brillan y avanzan, no gracias al Gobierno nacional, sino a pesar de él. En Medellín, bajo el liderazgo de Fico Gutiérrez, se sacó adelante un Plan de Desarrollo de 40 billones de pesos, el más alto de nuestra historia, diseñado precisamente para blindar a la ciudad de un Gobierno central que “ni raja ni presta el hacha”. Si Medellín hoy es referente de innovación y gestión social con programas como Buen Comienzo y Cero Hambre, es por puro esfuerzo y recursos propios.

Ese mismo sentimiento de soledad lo comparten los demás mandatarios. En Cali, Alejandro Eder está dando una batalla por la seguridad y la infraestructura, enfrentando incluso el bloqueo del Gobierno nacional, que se negó a firmar el Conpes para el tren de cercanías Cali-Jamundí, un proyecto que estaba listo para despegar y que dejaron a la deriva. En Bogotá, Carlos Fernando Galán ha tenido que defender el metro de una administración central que ha querido pararlo desde el primer día. En Barranquilla, Álex Char ha denunciado cómo sus comerciantes están “asfixiados por la extorsión” ante la mirada esquiva de la Nación. Y en Cartagena, Dumek Turbay ha sido claro: el centralismo es un “monstruo” que drena los recursos locales pero no devuelve inversión.

Las ciudades capitales concentran el 47 % de la población y producen el 55 % del PIB nacional. Aportamos más de la mitad de los ingresos fiscales de la Nación, pero nos toca enfrentar solos a más del 60 % de la criminalidad del país con las manos atadas por leyes nacionales obsoletas.

Definitivamente, necesitamos un Estado menos gordo, menos derroche y que dejen de gastarse la plata de los impuestos en burocracia para devolvérsela a los territorios, que es donde se genera la riqueza. No tiene sentido que alguien en una oficina en Bogotá decida el futuro de una vereda que ni siquiera conoce. El poder tiene que ser de la gente, en sus regiones.

El próximo presidente de Colombia tiene que ser un aliado de las ciudades y los departamentos. Alguien que respete la diferencia y entienda que la grandeza de este país está en su diversidad, no en el capricho de un solo hombre. El enemigo no es una ideología, es ese centralismo que nos detiene.

Las regiones ya no somos el patio trasero de nadie. Somos las protagonistas de la recuperación de Colombia en 2026. Quien quiera llegar a la Casa de Nariño debe entender que este país se gobierna con las regiones, no contra ellas.

¡La horrible noche está por cesar! ¡A Colombia la recuperamos desde las regiones!

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