OPINIÓN

Salud Hernández-Mora

El bufón Petro y el estalinista Cepeda

Se equivoca si piensa que repetirán el fraude del plebiscito. Ahora no le funcionará la trampa, aunque recurran a la violencia callejera o la del fusil.
4 de julio de 2026 a las 4:17 a. m.

No echará de menos gobernar. Nunca supo gestionar nada, ni siquiera su propio hogar. Solo extrañará el poder que le permitió creerse una combinación del coronel Buendía, el heredero de Bolívar y un líder galáctico que trascendería generaciones.

A cinco semanas de irse, Gustavo Petro sigue demostrando que ha sido una desgracia para Colombia, un ultraizquierdista que redujo el cargo de jefe de Estado a la categoría de delirante, perezoso y vicioso bufón. Un tipo que dividió sus menguadas jornadas laborales entre dos actividades: la de sembrar odio, resentimiento y división, tres de los más básicos y perversos instintos humanos; y la de engordar tanto su desbordante megalomanía y ansias de poder, como la habilidad de encubrir a su rebaño de corruptos.

En su reciente viaje de varios días a Roma, con novia y séquito extenso, volvió a dejar trazos de su atolondrado paso por la presidencia, empezando por tratarse de la salida número 77. Pese a que la Lista Clinton redujo su insustancial turismo de parranda y atril, sumó casi un año por fuera del país.

Siguió con uno de sus surrealistas mensajes en X, tras aterrizar en Fiumicino: proclamas, tan grandilocuentes como ignorantes, sobre la historia italiana, y reclamo victimista a Giorgia Meloni por no recibirlo al pie del avión ni desplegarle la alfombra roja. Un desaire, debió pensar, que deslució su funambulesca imagen de chaqueta azul claro, camisa negra, gafas oscuras, sonrisa artificial y signo de la victoria. Desconocía que el Vaticano es un Estado distinto a Italia, por lo que nada pintaba el Gobierno Meloni, menos aún en una visita personal y caprichosa.

Más adelante, por otro trino que escribió Petro acerca de tierras y campesinos, supimos que desparramó su habitual sarta de mentiras en la audiencia del papa. Y remató con el regalo a su santidad de una reproducción de la paloma blanca de Fernando Botero. Es decir, aparte de las falsedades que contaría a León XIV sobre su fracasada paz total, no le bastó la foto que publicó la semana pasada, en el Palacio de Nariño, junto a su alfil Iván Cepeda y la citada escultura.

Con ella mandaron un mensaje retador al nuevo presidente y sus votantes: les vale cinco las revelaciones de la alianza con las Autodefensas Gaitanistas y que la sellara el entonces ministro de Defensa y actual embajador en el Vaticano, Iván Velásquez.

Petro y Cepeda no se arrepienten del fortalecimiento de las bandas criminales y los consiguientes homicidios, secuestros, extorsiones, desplazamientos, votos de fusil, reclutamiento y muertes de menores, narcotráfico y minería ilegal que devasta el medioambiente, ni, mucho menos, del asesinato de Miguel Uribe.

Ni les importa que tantas tragedias fuesen el resultado de la combinación de una caótica, improvisada e ideologizada política de supuesta paz y el debilitamiento de los cuerpos de seguridad del Estado que inició, precisamente, el citado Velásquez.

Y todavía faltan por destapar los pactos con la Nueva Marquetalia de Iván Márquez, el terrorista con 30 órdenes de captura que retomó las armas. Porque Danilo Rueda lo visitó en Caracas cuando el dictador Maduro, que le permitió afincarse y operar desde su territorio, autorizó brindarle atención hospitalaria tras el ataque a su campamento en Venezuela. El Gobierno Petro lo dejó recuperarse y seguir en la criminalidad.

Pero hay más alianzas inconfesables. Como la colaboración con las Farc-EP de Calarcá en las matanzas de Guaviare este año, que denuncié en SEMANA, y los supuestos lazos con las guerrillas en Nariño, en 2024 y 2025, objeto de la columna de hace siete días.

El ministro de Defensa, que niega tener algo que ver con los acuerdos de Rueda y Velázquez, omite los posteriores. A diferencia de su antecesor, que odiaba a los militares y policías, según me dijeron en diferentes ocasiones distintos mandos, Pedro Sánchez no siente animadversión hacia sus compañeros. Pero se pliega a los deseos de su jefe supremo para mantenerse en el cargo, pese a las graves consecuencias para Colombia y su gente.

Algún día tendrán que contar, entre otros casos, la verdad sobre la falta de acción contra Calarcá y contra el ELN en Arauca, así como el desmantelamiento de la inteligencia militar.

No crea el comunista Iván Cepeda –52 millones de salario– que podrá tapar las ilegalidades de su fracasada paz total con su estalinista costumbre de pisotear la democracia. Se equivoca si piensa que repetirán el fraude del plebiscito. Ahora no le funcionará la trampa, aunque recurran a la violencia callejera o la del fusil.

El país eligió al presidente Abelardo De La Espriella y, a diferencia de Petro y sus corruptos, gobernará para todos los colombianos. Pero sin chantajes y con su programa de gobierno. Es la democracia, el sistema que el petrismo desprecia y la derecha abraza.