El presidente Petro celebró el 20 de julio pasado, ante el Congreso de la República, que la exportación de vehículos eléctricos de Colombia había crecido un 171 por ciento.
El país fabrica y vende al exterior buses eléctricos de transporte masivo por una iniciativa de la empresa de fabricación de carrocerías en el sector automotor Busscar de Colombia, en Pereira. En 26 años, ha producido más de 10.000 unidades para los sistemas de transporte masivo y colectivo del país y de la región andina.
(https://www.busscar.com.co/es/nuestra-empresa-PG16)
Recientemente, exportó a México 11 unidades por cerca de seis millones de dólares, y para el mes de agosto colocará seis más entre articulados y padrones. Unos “pinitos” de ventas externas de buses eléctricos con chasis importado y un agregado de valor de partes colombianas del 40 por ciento; el requisito para acceder al país azteca dentro de la Alianza del Pacífico.
Aunque es una cantidad significativa para el esfuerzo denodado de una empresa, ese logro no se refleja en los registros oficiales de exportaciones en las subpartidas de “otros equipos de transporte” y “vehículos de carretera”. Esto puede constatarse al observar la evolución de la suma de las dos, de enero-mayo de 2022 y durante el mismo periodo en los años siguientes hasta 2026, que es el dato comparable con el informe presidencial (ver gráfico).

Más grave que la exageración de Petro –con la que saca pecho en el comercio exterior– es que la industria automotriz nacional de ensamble de carrocerías para buses eléctricos tiene grandes dificultades para competir con las importaciones en el mercado colombiano, y no hablo aquí de 40.000 automóviles eléctricos individuales existentes venidos de afuera.
Esta industria automotriz, amparada en los lineamientos del plan de gobierno de Petro de dar beneficios tributarios a quienes realicen proyectos asociados con la mitigación de los efectos del cambio climático, solicitó desde agosto de 2022 que sus productos dejaran de estar “excluidos del IVA” para pasar a “exentos del IVA”.
Es una modificación clave porque, bajo la primera categoría, las fábricas, cuando entregan el producto final –ya ensamblado–, no pueden descontar los impuestos de valor pagados a sus proveedores, mientras que, al reclasificarse, sí podrían hacerlo. Sufren un mayor costo en una cadena de “IVA atrapados”.
No tuvieron eco en este cuatrienio. La ausencia de dichos descuentos causa una pérdida de competitividad del 8 por ciento, pues, a contramano, los buses importados ingresan solo con un 10 por ciento de arancel. Esto genera una competencia desigual para la industria nacional; la misma que dijeron defender los ministros petristas y los funcionarios de Planeación Nacional.
Como pasó con el café, no se favorecieron de los publicitados “aranceles inteligentes” previstos en el Plan Nacional de Desarrollo para el producto foráneo, pese a que se acogen al techo consolidado por Colombia ante la Organización Mundial del Comercio (OMC).
Los buses chinos están además apalancados con fuertes subsidios de sus gobiernos y una sobrecapacidad de producción, ofrecidos por debajo de los precios de mercado. A esto responden países como Estados Unidos con una barrera arancelaria del 100 por ciento y Argentina y Brasil del 35 (WB, marzo 2026).
Colombia no es un mercado menor. En Bogotá opera una de las mayores flotas de buses eléctricos del mundo por fuera de China, con cerca de 1.500 unidades, y la industria nacional ha abastecido los sistemas de transporte con una cadena de proveedores que sostiene más de 13.000 empleos y una capacidad instalada que supera la demanda nacional, generando un gran valor agregado, empleo y desarrollo técnico.
Se conoce que la nueva flota eléctrica para la capital del país, según diferentes empresarios, tendrá un 59 por ciento de buses importados en menoscabo de las empresas nacionales, y así sucedería con la ola de renovación para diferentes sistemas en Colombia, que puede acercarse a las 6.000 unidades. Si esta demanda es capturada por empresas extranjeras, Colombia perderá la escala que le permite sostener su capacidad exportadora y la ocupación de miles de personas.
Mientras Petro celebra que Colombia exporte una decena de buses eléctricos, no niveló la cancha interna, la cual favorece a los importados pese a las capacidades nacionales de fabricación, el talento humano local, la tecnología propia y el desarrollo de una fuerte cadena de valor que incluye a la energía eléctrica, la industria metalmecánica y el sector del transporte en varias modalidades.
Petro, en medio del delirio, hace alarde de las exiguas ventas externas de buses eléctricos ensamblados mientras mantiene el mercado colombiano en manos extranjeras. Nada más parecido a él.
