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Gerónimo Basile: el rey de la rumba

Detrás de algunos de los bares más icónicos de Bogotá está el hijo de Salvo Basile. Estudió diseño gráfico y posproducción en Montreal, pero terminó convirtiéndose en un reconocido empresario de la noche en Bogotá.

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8 de abril de 2026, 6:25 p. m.
Gerónimo Basile, empresario.
Gerónimo Basile, empresario. Foto: JCS

Cuando cae la noche hay nombres que funcionan como una contraseña silenciosa: Gerónimo Basile es uno de ellos. Para muchos es el empresario detrás de algunos de los bares más icónicos de Bogotá; para otros, el anfitrión invisible de las fiestas donde se mezclan celebridades, empresarios y personajes de la alta sociedad. Pero su historia empieza mucho antes de las luces, los DJ y las mesas VIP. Empieza con un nombre: Salvatore Basile.

Ser hijo de Salvo fue, como él mismo dice, “una tarjeta negra para entrar a todos lados”. Antes de las redes sociales, cuando la fama tenía un aura casi mitológica, ese apellido abría puertas en Colombia y en el mundo. Gerónimo creció entre Cartagena y Bogotá rodeado de artistas, políticos y empresarios. Su tío Roberto Carlos Lemaitre tenía La Escollera, la discoteca más icónica de Cartagena, y sus cumpleaños infantiles ocurrían entre pistas de baile y orquestas. La noche, literalmente, lo vio crecer.

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Antes de convertirse en el rey de la rumba probó otros caminos. Estudió diseño gráfico y posproducción en Montreal y trabajó en publicidad creando efectos especiales para comerciales. Sin embargo, un día después de entregar un proyecto, renunció sin mirar atrás. Quería montar un bar en Cartagena. Era 2003 y acababa de elegir su destino.

El primer experimento se llamó Chacha Lounge. Fue un éxito social y un desastre financiero. El lugar se llenaba cada noche. Por sus mesas pasaron familias poderosas como los Santo Domingo, los Carvajal o los Echavarría, e incluso el príncipe de Hannover. Pero al final el dinero había desaparecido entre la fiesta y la inexperiencia administrativa: “Se lo ‘fiestearon’ todo”, recordó.

Aquella derrota fue el inicio de una carrera que terminaría redefiniendo la vida nocturna de Bogotá. Después vinieron nuevos proyectos y una empresa que llegó a operar más de 20 establecimientos. En ese universo nacieron lugares que marcaron época como Rosario o Cabaret Delirio, y otros que aparecieron más tarde como Kinky, Floyd y Napoleón. Pero la verdadera leyenda es Capote.

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El nombre nació de una obsesión literaria. Después de ver la película sobre Truman Capote, Basile se fascinó con el escritor que escandalizó a la élite neoyorquina revelando sus secretos y organizando la fiesta más famosa del siglo XX: el Black and White Ball en el Hotel Plaza. El concepto era perfecto: un lugar donde la alta sociedad, los artistas y los outsiders pudieran mezclarse con libertad.

Capote es un sótano convertido en templo, en donde la música electrónica convive con el crossover y la fiesta es catarsis colectiva. Basile lo describe como un lugar donde la gente llega a “exorcizar sus demonios” antes de volver a la vida real. Su secreto está en la sensación permanente de que cualquier cosa puede ocurrir. Y muchas han ocurrido. Por sus mesas han pasado artistas como Shawn Mendes o el reguetonero Rauw Alejandro. Incluso Shakira intentó entrar una noche, pero la multitud en la calle era tan grande que tuvo que regresar al hotel.

A sus 48 años, Basile reconoce que su mayor error fue confundir el negocio con la fiesta. Firmó demasiadas cortesías, regaló demasiado y muchas veces disfrutó tanto el escenario que olvidó el balance financiero. Pero quizá ese exceso es justamente lo que convirtió su vida en una leyenda nocturna. Porque para Gerónimo Basile la rumba nunca ha sido solo un negocio. Es una forma de hospitalidad heredada de su padre. Y por eso cuando alguien le pregunta por qué debería ir a Capote, él responde: “Confía en mí. Es un lugar del que nunca te vas a olvidar”.