Existen muchas mujeres maravillosas en el mundo y por supuesto en nuestra sociedad. Quise este mes resaltar a algunas de ellas que en el fondo no buscan nunca “vitrina” para si mismas sino buscan visibilizar una causa. No fue fácil escogerlas, pero quise que dentro de la diversidad de perfiles brillaran las que hacen cosas increíbles, pero no buscan protagonismo.
Hoy quiero hablar de Diana Puerta. Diana es una mujer especial. Vive ocupada, llena de tareas pendientes, cosas por hacer, pero siempre quiere aportar. Nunca deja de brindar una sonrisa a quien lo necesita y jamás la he escuchado criticar a nadie. Estoy convencida de que ella es una mujer que vale la pena conocer, celebrar y exaltar.
Siento que en la vida hay quienes heredan fortunas y quienes heredan misiones. Para Diana Puerta, actual directora la Maestria de Regeneración y Desarrollo Sostenible, de Gerencia Mabiental y Gerencia y práctica del desarrollo de la Universidad de los Andes, la educación no fue una elección de carrera, sino un lenguaje de casa. Hija de maestros, Diana creció entendiendo que un salón de clases es, en realidad, el primer eslabón de cualquier ecosistema social. Ese amor por el aprendizaje es el que hoy imprime en cada una de sus decisiones.
Diana no cree en el carisma vacío. Su filosofía se basa en liderazgos concretos: esos que se ensucian las manos, que entienden los datos y que no temen la complejidad. Para ella, liderar es un acto de servicio con un propósito claro, transformar la innovación productiva en una herramienta que devuelva a la tierra y a la sociedad más de lo que toma. Hacer negocios con sensatez, sin destruir.
A pesar de lo lindo que suena, su labor no es un camino fácil. Para mi Diana es una realista pragmática. Sabe perfectamente que la sostenibilidad no siempre es fácil de vender en un mundo obsesionado con el retorno inmediato.
Creo que su gran reto es educar a través de conversaciones incomodas. Convencer a los tomadores de decisiones de que el valor de mañana es más importante que la métrica de hoy. Y además convencer de un propósito a los más jóvenes para lograr su compromiso con su entorno.
Desde el concepto técnico, desde la importancia de tocar temas ecológicos, generando valor para lo que ella habla con pasión cuando menciona el concepto de “salud planetaria”. Todo el tiempo educa líderes y lo hace como si fuera el primer día. Para ella la regeneración no es un “lujo verde”, sino la única vía para que las empresas y las instituciones sobrevivan a largo plazo.
Como si fuera poco Diana dirige el Curso de Liderazgo Femenino en los Andes. Lo hace con mujeres de diferentes perfiles que buscan tener una voz distinta que incluya a todos y donde las mujeres tengan voz donde no la tienen. Pero con un acompañamiento para que su base sea mas humanista e invite también a los hombres a apoyar la causa del balance y la equidad.
Sentarse a conversar con alguien como Diana llena el alma. Yo me disfruto cada vez que logro tener charlas del corazón con ella tomando café porque siento que me energiza pensando que hay esperanza de que cada uno pueda donar su granito de arena.
Es una mujer de profunda inteligencia, pero con un ego bien gestionado. Lo de ella no es figurar y verse bien en la foto, lo de ella es construir a partir de algo, que siento está bastante sub dimensionado en la era de los tutoriales, que es la educación.
La sostenibilidad es una carrera de fondo en un mundo que solo quiere correr sprints. Por eso, el liderazgo de Diana es valiente, se atreve a proponer la pausa necesaria para pensar en el futuro. Gracias Diana por aportarle al mundo no solo con tu sonrisa sino con tu convicción.
