Queridos Abelardo y José Manuel:
Durante muchos años tuve el privilegio de trabajar al lado de Miguel. Lideré sus equipos de movilización en calle y, durante varios años, fui su secretario privado. Como yo, cientos de hombres y mujeres en cada rincón de Colombia encontraron en él algo que hoy escasea en la política: coherencia.
Miguel nos enseñó que los principios no se negocian, que no todo vale para llegar al poder, que la política no consiste en destruir al que piensa diferente, sino en defender las ideas con firmeza, respeto y convicción. Nos enseñó que el servicio público es una responsabilidad y no un negocio.
Muchos llegamos a su equipo desde diferentes regiones, profesiones y realidades. Algunos desde municipios apartados, otros desde grandes ciudades. Todos distintos, pero unidos por una misma causa: construir un mejor país.
Nos convocó un liderazgo que nunca cambió puestos por votos, contratos por apoyos ni utilizó el miedo para movilizar a la gente. Lo único que nos ofreció fue una causa: la posibilidad de trabajar juntos por una Colombia más segura, más tranquila, más próspera y con más oportunidades para todos.
Por eso hoy les escribo.
No lo hago como heredero de Miguel. Nadie puede pretender ocupar su lugar o, al menos, nadie distinto a su familia. Lo hago como uno de los tantos colombianos que creyó en el sueño que él representaba y que tuvo el honor de ayudar a construirlo.
Aunque Miguel ya no está físicamente entre nosotros, permanecen vivos los valores, las convicciones y el ejemplo que sembró en miles de colombianos. También permanecen personas fundamentales en esa historia: María Claudia y sus hijos; Miguel Uribe Londoño, su padre; y María Carolina Hoyos, su hermana, quienes con valentía, dignidad y amor han decidido seguir honrando la causa que él defendió.
Queda una familia. Queda un equipo. Y, sobre todo, queda una causa. Una causa sostenida por miles de personas que, durante años, entregaron tiempo, esfuerzo, recursos y esperanza porque creyeron que Colombia merecía algo mejor.
Por eso, Abelardo y José Manuel, muchos depositamos en sus manos una confianza que no es menor. No nace de cálculos políticos, sino del compromiso de quienes hemos dedicado años de nuestra vida a una idea de país que vale la pena defender.
Pero esta carta no está dirigida únicamente a ustedes.
También está dirigida a quienes durante años caminaron junto a Miguel. A quienes repartieron volantes, organizaron reuniones, convencieron amigos, defendieron sus ideas en redes sociales, recorrieron municipios y aportaron recursos, tiempo y esfuerzo. A quienes creyeron en él cuando era más fácil no creer.
Entiendo que muchos hoy sienten tristeza, incertidumbre e incluso desilusión. Es natural. Todos hemos tenido que aprender a convivir con el vacío que dejó su partida.
Sin embargo, si algo nos enseñó Miguel, fue a poner siempre a Colombia por encima de cualquier interés personal. Nos enseñó que las causas son más importantes que las personas y que el deber con el país no termina cuando aparecen las dificultades.
Por eso hoy quiero hacerles una invitación sincera a todos aquellos que hicieron parte de este sueño. No es momento de dar un paso atrás. No es momento de la indiferencia. No es momento de quedarse en casa ni de refugiarse en el voto en blanco.
Es momento de honrar aquello por lo que trabajamos durante años.
Cada persona que creyó en Miguel tiene hoy una responsabilidad: hablar con un familiar, convencer a un amigo, escuchar a quien tiene dudas y tender puentes con quienes comparten nuestros principios y nuestros anhelos para Colombia.
Si cada uno de nosotros logra convencer a una persona más, estaremos haciendo mucho más que una tarea electoral. Estaremos defendiendo una causa que nació mucho antes de esta campaña y que debe continuar mucho después de ella.
Miguel jamás habría puesto sus intereses personales por encima de los intereses de Colombia. Siempre eligió el interés general. Siempre eligió al país por encima de cualquier cálculo.
Hoy nos corresponde a nosotros hacer lo mismo. Les pedimos que mantengan viva esta causa.
Que conserven los principios que nos inspiraron. Que recuerden siempre que la política debe servir a la gente y no servirse de ella. Que jamás sacrifiquen la coherencia por la conveniencia. Que entiendan que detrás de cada voluntario, de cada líder y de cada ciudadano que creyó en este proyecto hay una esperanza que merece ser honrada.
Porque las personas pasan, pero las causas permanecen.
La causa que Miguel ayudó a construir no pertenece a una familia, a un partido ni a un grupo político. Pertenece a todos los colombianos que sueñan con un país donde el
Esfuerzo sea recompensado, donde la ley se respete, donde la seguridad regrese y donde nuestros hijos puedan vivir con tranquilidad y oportunidades.
Hoy les confiamos una causa construida por miles de colombianos, inspirada por Miguel, respaldada por su familia y sostenida por un equipo que sigue creyendo que Colombia merece un mejor destino.
Con respeto, pero también con la responsabilidad que nos exige la historia, les pedimos que la cuiden, que la defiendan y que la conduzcan con la misma decencia, firmeza y amor por Colombia que Miguel nos enseñó.
Con esperanza,
Edwin León.
