Han pasado tres días desde que la guerrilla del ELN secuestró a cinco policías en Tibú, Norte de Santander.
El plagio sucedió el martes 6 de enero en medio de un retén ilegal montado por tres subversivos que, según han recogido las autoridades, se movilizaban en una motocicleta.
Los patrulleros José Carrillo, Edwin Manosalva y Ramón Coronel, Daniel Granada y Carlos Barrera iban en bus de regreso de sus vacaciones de fin de año, iban de civil.
Pero eso no fue obstáculo para los guerilleros, quienes se los llevaron con rumbo desconocido.
Desde el plagio, las familias de los uniformados han vivido un infierno. Así se lo hicieron saber a Noticias Caracol.
“No nos los traten mal, que los cuiden”, pidió ante las cámaras de ese medio Eudoro Barrera, padre del patrullero Carlos Barrera.
El papá de este policía, contó que viajó hasta el lugar de los hechos, al ver que su hijo no le respondía ni los mensajes de WhatsApp ni las llamadas telefónicas.
“Empecé a llamarlo, a escribirle, y nada, eran las 7:15, no me aguanté, fui a la empresa (de transporte), ninguna razón, agarré un pirata, por allá templé donde agarraron el bus”, relató.
Pero sus lágrimas se vinieron al contar que él mismo buscó al ELN para que dejaran en libertad a los jóvenes policías, pero estos se negaron, por lo que no encontró más camino que enviarle un mensaje a su hijo.

“Que tomen conciencia de esos muchachos, están empezando la vida, que les respeten la vida, le pido a mi hijo que tenga paciencia, que se porte bien con esa gente también, que tenga tranquilidad, que la fuerza pública está en diálogo con ellos”, manifestó.
Pero su testimonio no es el único. Emeriselda Contreras, madre de Edwin Manosalva, otro de los policías, dijo: “No, esto ha sido muy duro para mí, han sido tres días muy duros, que yo ya no siento fuerzas, ya estoy sin fuerzas para yo hablar todas esas palabras”.

Para dar con los responsables del secuestro, las autoridades ofrecieron hasta 200 millones de pesos.
“Condenamos con absoluta firmeza el secuestro de cinco policías en Tibú, Norte de Santander, quienes regresaban de su permiso de fin de año para reincorporarse al servicio. Este repudiable hecho vulnera no solo la vida y la libertad de nuestros uniformados, sino también los principios más básicos de dignidad y humanidad, afectando profundamente la paz y la tranquilidad de toda la Nación”, dijo el general William Oswaldo Rincón, director general de la Policía.








