Inflación: bajo presión

En 2025, la inflación, que cerró en 5,1 por ciento, se movió entre dos fuerzas: el sector servicios, que presionaba al alza por la indexación de arriendos, ajustes tarifarios y costos laborales; y el abaratamiento del dólar, lo que favoreció especialmente los precios de los alimentos. Sin embargo, 2026 arranca con nuevas presiones a los precios: el incremento desbordado de cerca del 23 por ciento en el salario mínimo, que, como explica Grupo Cibest, actúa como ancla para otros salarios, contratos y tarifas, reforzando los mecanismos de indexación y estableciendo un “piso” en la formación de precios.

Para Corficolombiana, cerca del 60 por ciento de la canasta del IPC está indexada, directa o indirectamente, al salario mínimo (21 por ciento) o a la inflación de cierre del año (39 por ciento), “lo que refuerza la transmisión de aumentos elevados hacia la inflación, especialmente en servicios”. De hecho, podría llevar la inflación, como mínimo, al 6,5 por ciento este año y alejarla del rango meta del Emisor. En el segundo semestre, el dólar podría ser un riesgo si se materializa un choque cambiario, estiman en Alianza.
Crecimiento: se mantiene la receta

Hace un par de años, el país afrontaba la posibilidad de caer en una recesión. Sin embargo los datos más recientes muestran una nueva tendencia: en el tercer trimestre de 2025, el PIB registró un crecimiento anual de 3,6 por ciento, cifra que se convirtió en el mejor resultado de los últimos tres años.
Distintos cálculos estiman que la economía continuó creciendo. Por ejemplo, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (Ocde) revisó al alza su proyección para Colombia, de 2,5 a 2,8 por ciento. El presente año, la receta del crecimiento sería similar: consumo de los hogares y gasto público como motores, con una inversión que apenas repunta.
El Grupo Cibest estima que el crecimiento del PIB se ubique en 3,2 por ciento para 2026, frente al 2,9 por ciento que anticipa para 2025. Señala que el impulso provendría del fortalecimiento del consumo, lo que permitiría que comercio, transporte, alojamiento y comidas, agropecuario y entretenimiento continúen posicionados como los principales motores. Dice que, a pesar de tasas de interés altas, el consumo privado continuará siendo el principal motor de la demanda interna, favorecido por la fortaleza de los ingresos por remesas del exterior y un mercado laboral resiliente.

Corficolombiana señala que cinco años después de la pandemia, la economía ha convergido hacia un nuevo equilibrio de crecimiento potencial más bajo, de entre 2,5 y 2,8 por ciento frente al 3,7 por ciento que registraba en la época de prepandemia. La baja inversión se ha consolidado como el principal freno del crecimiento económico en Colombia. Sus cálculos establecen que la tasa de inversión se ubica cerca del 17 por ciento del PIB, uno de los niveles más bajos de este siglo.
BBVA espera que el consumo ceda gradualmente su liderazgo en el PIB para darle paso a la inversión fija, que repuntará al 4,9 por ciento en 2026 y 2027. Proyecta el gasto público en 6,9 por ciento en 2025 y 4,3 por ciento en 2026.
Los efectos del incremento del salario mínimo sobre el crecimiento aún están en evaluación. Para Corficolombiana, en el corto plazo, podría mantener la demanda. Sin embargo, en el mediano plazo, la falta de sostenibilidad de fuentes como las remesas y otros ingresos no recurrentes, y la desconexión entre salarios y productividad, aumentan el riesgo de que la economía converja a tasas de crecimiento bajas, incluso por debajo del 2 por ciento.
Dólar: en medio de la volatilidad

Durante 2025, el peso colombiano se apreció 14 por ciento, y el precio del dólar cerró en 3,772 pesos, impulsado por situaciones globales y otras internas. En el campo internacional, el peso se vio favorecido por la debilidad del dólar a nivel global, pues frente al índice DXY perdió 9 por ciento, en especial por la incertidumbre ante la política comercial del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump. Eso hizo, como explica un informe de Grupo Cibest, que los inversionistas redujeran su apetito por activos estadounidenses y buscaran refugio en otros instrumentos, como el oro.
En el frente interno, cuatro hechos marcaron el dólar: uno, las remesas que en el periodo enero-noviembre de 2025 se situaron en cerca de 12.000 millones de dólares, con varios meses por encima de los 1.000 millones de dólares. Dos, las operaciones de deuda del Gobierno que monetizaron solo en diciembre, de acuerdo con el análisis de Cibest, cerca de 3.000 millones de dólares, de los 5.000 millones de dólares de venta directa de TES a Pimco.

Tres, la cautela de la Junta Directiva del Banco de la República, que durante la mayor parte del año pasado mantuvo estables las tasas de interés, favoreciendo las operaciones de carry trade; es decir, pedir prestados recursos en una divisa con una tasa de interés baja y usar ese dinero para invertir en una moneda con una tasa de interés más alta. Y cuatro, el trade electoral: los inversionistas comenzaron a incorporar en 2025 la posibilidad de un giro más promercado en las elecciones presidenciales de 2026, reduciendo de manera anticipada las primas de riesgo percibidas para Colombia, dice Corficolombiana.
En este contexto, para 2026 se espera una mayor volatilidad. Cibest prevé que el precio del dólar promediará los 3.878 pesos en 2026, ante la debilidad del dólar a nivel global, el incremento de la tasa de interés y monetizaciones adicionales en enero. Por su parte, Corficolombiana anticipa un rango estimado entre 3.550 y 4.150 pesos, y un cierre cercano a 3.790 pesos; luego de retomar un ajuste alcista durante la segunda mitad del próximo año, una vez se disipen los factores transitorios y se normalicen las expectativas postelectorales. “El comportamiento en 2026 dependerá menos de impulsos bajistas transitorios, y más del avance en materia fiscal y de la incertidumbre electoral”, asegura.
Empleo: menos desocupados, pero más informalidad

El mercado laboral colombiano, con una tasa de desempleo en un solo dígito desde hace varios meses, es el tema positivo del actual Gobierno, en medio de las críticas de que hay trabajo, pero en la informalidad, fenómeno que se ubicó en cerca del 56 por ciento.
El dato más reciente de desempleo divulgado por el Dane, de 7 por ciento en noviembre, se situaba en mínimos históricos e implica que hay 24,5 millones de ocupados en el país, equivalentes a casi un millón más de lo que se tenía en 2024.
Aunque 10,1 millones de los ocupados son cuenta propia, componente en el que cabe desde el ciudadano que tiene un consultorio privado hasta el que vende dulces en los semáforos, lo cierto es que los analistas económicos de Bancolombia estiman que el comportamiento del empleo envía señales positivas para la economía en su conjunto: el ingreso promueve el consumo y este, a su vez, el dinamismo de la economía. Y forma parte de lo que ha permitido crecimientos del PIB más altos de los esperados por los analistas: la proyección está por debajo del 3 por ciento, pero es mejor de lo que se tenía en expectativas de inicios de 2025.

Otra situación para resaltar es que el empleo asalariado venía creciendo de manera sostenida, pero en recientes mediciones se revirtió la tendencia, con un aumento del no asalariado mayor al del asalariado.
Además de la informalidad, también existen otros problemas que, si bien mejoran en algo, no se logran solucionar. Es el caso de la mujer, que consigue menos oportunidades laborales en comparación con los hombres, y el desempleo juvenil, que, aunque ha disminuido y fue de 14,7 por ciento entre agosto y octubre, según análisis del BBVA, su participación laboral sigue disminuyendo y hay una proporción elevada de jóvenes que no estudian ni trabajan (ninis).
La sostenibilidad del empleo, sin duda, será uno de los retos en 2026, un año de elecciones y de expectativa por un cambio de Gobierno que seguramente tendrá otra manera de estimular y generar oportunidades laborales.
Petróleo: En manos de la geopolítica

El mercado petrolero arrancó 2026 en medio de las tensiones por la captura del dictador Nicolás Maduro; el control del crudo de Venezuela, que anunció el presidente Donald Trump, y las reacciones de Rusia y China. Por ello, este año estará marcado por una mayor incertidumbre en los precios del crudo, que en principio han ido a la baja, en un contexto dominado por la sobreoferta global, inventarios en aumento y una demanda que crece a un ritmo insuficiente para absorber la producción adicional.
Aunque no se trata de una predicción exacta, el consenso entre analistas, bancos de inversión y modelos de mercado apunta a un escenario menos favorable que el de 2025, lo que afecta a países productores como Colombia. De acuerdo con un sondeo de Reuters entre analistas, antes de la operación de Estados Unidos en Venezuela, el precio promedio de la referencia Brent rondaría los 62 dólares por barril en 2026.
Otras proyecciones son aún más cautas. Goldman Sachs estima un promedio cercano a los 56 dólares, mientras que J. P. Morgan lo ubica alrededor de los 58 dólares, ambos sustentados en la expectativa de una fuerte sobreoferta.

En la misma línea, ABN Amro prevé que el año podría comenzar con precios cercanos a los 58 dólares, pero con una tendencia descendente hacia los 50 dólares por barril a medida que persistan los desequilibrios entre oferta y demanda.Algunos modelos técnicos incluso sugieren promedios por debajo de los 55 dólares, si se consolida el exceso de producción.
Entre los factores clave que explican estas previsiones está la sobreoferta persistente, impulsada por el aumento de producción en varios países y por la dificultad de los grandes productores para coordinar recortes efectivos. A ello se suma el incremento de los inventarios, que reduce la presión alcista sobre los precios. No obstante, el mercado sigue expuesto a la geopolítica: conflictos, sanciones o decisiones inesperadas de los productores podrían generar picos temporales de volatilidad.
Tasas: ¿Volverán a repuntar?

La Junta Directiva del Banco de la República bajó al cierre de abril de 2025 su tasa de referencia a 9,25 por ciento y, desde ese momento, no la ha cambiado. Sin embargo, la inflación no ha cedido. El año anterior, salvo junio y julio, cuando se ubicó en 4,82 y 4,90 por ciento, la inflación ha estado por encima de 5 por ciento, teniendo en octubre su valor más alto en 5,51 por ciento, luego de tres meses en ascenso.
Es decir, a pesar de la postura del Emisor, la inflación no ha alcanzado el rango meta de entre 2 y 4 por ciento, y, por el contrario, se ha estabilizado arriba del 5 por ciento, en un contexto en el que el consumo sigue jalonando la economía, se mantienen las tensiones fiscales y hay riesgos de presiones inflacionarias. Y esos hechos se materializaron con el desbordado aumento del salario mínimo para 2026, de cerca del 24 por ciento, situación que llevará a un repunte de la inflación que podría terminar 2026 por encima del 6 por ciento.
Desde antes de conocerse el incremento del salario mínimo, se venía ambientando un aumento en las tasas de interés de referencia y, de acuerdo con un informe de Grupo Cibest, el repunte de la inflación y el aumento de las expectativas de corto y mediano plazo obligarían al Emisor a tomar una postura más contractiva en 2026.
De hecho, en las minutas de la reunión de la Junta Directiva del Emisor de diciembre se advierte que “se requiere una senda de tasa de interés de política superior a su nivel actual para que la inflación converja hacia la meta en 2027”.
Cibest anticipa que en 2026 la tasa de política monetaria aumente hasta el 10 por ciento. Pero resalta que “el panorama desafiante que se ha configurado para la inflación marca un sesgo aún más alcista”.
A su vez, Corficolombiana considera que el Banco de la República subiría la tasa de política monetaria entre 250 y 300 puntos básicos, lejos de los 50 puntos que se estimaban antes de conocerse el aumento del salario mínimo.
Por su parte, Credicorp Capital espera que el banco central eleve la tasa en las próximas reuniones hasta alcanzar un registro cercano al 11 por ciento, nivel en el que se mantendría hasta el cierre de 2026, postura distinta a la inicial que estimaba una tasa inalterada durante la mayor parte del año 2026.









