A propósito de Calarcá, el gobernador de Caquetá, Luis Francisco Ruiz, se encontró cara a cara con ese jefe de las disidencias de las Farc, quien le puso dos bombas y un campo minado para atentar contra su vida. La cita fue el 6 de diciembre en las profundidades de San Vicente del Caguán, tras la insistencia de la Oficina del Alto Comisionado para la Paz y la ONU. Ruiz, antisubversivo por convicción, aceptó, pero puso una condición: llegar con su esquema de seguridad de 17 hombres armados.

No habló en privado con Calarcá, pero sí en público. Las comunidades le pidieron que el departamento asumiera el funcionamiento del internado Gentil Duarte, construido por las Farc, y él se opuso a tramitarlo con ese nombre. “Es apología del delito”, insistió. Le solicitaron maquinaria para arreglar vías, y el gobernador respondió que lo haría cuando las Farc, entre ellos Calarcá, le devolvieran la maquinaria que le robaron a la Gobernación. El guerrillero guardó silencio. En la región hay tensión porque Iván Mordisco, enemigo de Calarcá, decretó un paro armado.









